Mi casa

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© Héctor Garrido
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lunes, 7 de noviembre de 2016

LA NOVELA IMPOSIBLE

Eliseo Diego (1920-1994) es considerado uno de los grandes y definitivos poetas de nuestra lengua. Siempre tengo a mano alguno de sus poemarios y lo releo con frecuencia.
Hace unos años su hija Fefé Diego ordenó algunas de las muchas entrevistas que le hicieron. De ese modo surgió un libro: En las extrañas islas de la noche, Ediciones Unión, La Habana 2010. En el prólogo Fefé explica que hizo una selección para evitar repeticiones que aburrirían al lector. Al final quedaron sólo 27 entrevistas en 243 páginas. En ese espacio he encontrado al menos  10 referencias a la novela que Eliseo siempre quiso escribir y que se quedó en eso: puro deseo.
Era un tema obsesionante. Y sus respuestas: "Siempre he tenido esa  ambición pero parece ser que todas las novelas que me hubiera gustado escribir ya han sido escritas". Y en otro momento: "...Podría inventar razones que más o menos dejaran mi dignidad a salvo. Lo cierto es que me falta imaginación. Agreguemos la pereza: como tú sabes muy bien, la novela exige un esfuerzo constante, regular, y además -la que me gustaría hacer- un trabajo previo de investigación para el que no tengo tiempo ni ánimo". Y en la página 44: "Escribir una novela es mi secreta aspiración desde muchacho. Les tengo a los novelistas tanta envidia como a los pintores. Pero la novela que me gustaría escribir es la más difícil..." Y por ahí sigue.
Creo que le sucede a muchos poetas. Juan Gelman siempre decía que sólo escribía poesía porque era muy vago para emprender proyectos mayores. En efecto, yo que he escrito unos cuantos libros de poesía, cuentos y novelas, sé perfectamente que la novela es, con diferencia, el género más exigente. El que más desgasta al escritor. Escribo un poema y en una hora ya lo olvidé y sigo tan fresco. Un cuento lo escribo en dos días y lo olvido de inmediato.
Pero madurar una novela me lleva años. La última, Fabián y el caos, ostenta el récord: estuvo dentro de mí, como un Alien, incomodándome durante 21 años, hasta que una mañana apareció delante de mí la puertecita, entré y ya estaba todo ahí funcionando y yo sólo tenía que escribir. Con decisión y disciplina, para adelantar un  poquito cada día. Y cuanto más se avanza, más se agobia uno con toda esa gente atravesada por conflictos y problemas de todo tipo, que me contaminan y me intranquilizan. Así hasta que un día termino, entrego la novela al editor y todavía me lleva meses olvidarme. Porque para eso escribo: para olvidar, para desprenderme de los monstruos nocturnos.
Sin embargo, la poesía funciona de otro modo. En los últimos cuatro meses, de julio a noviembre, he trabajado en un cuaderno de poemas. Con indisciplina, es decir, a cualquier hora y sólo un rato, media hora ya es mucho. Se titula Cazador y tiene unos 40 y tantos poemas en unas 60 páginas. Y creo que ya se agotó. Siempre es igual. Los poemas empiezan a surgir, el flujo se mantiene unos meses y de pronto cesa. Y ya no hay manera de escribir otro más. Es muy raro e inexplicable. Vienen solos. No hay que buscar nada. Y no sé de dónde salen. Es como si estuvieran escondidos en algún lugar y empezaran a asomar uno a uno. Claro, escribí en una libreta unos 60 poemas. Al final quedaron 40. La poesía  es la destilación del infinito. Tiene que ser perfecta. En el fondo escribo poesía para mí, para entenderme un poco mejor,  y nunca tengo prisa por publicar. Así que comprendo a Eliseo. Hizo bien en inventar pretextos para no escribir su novela. Lo cierto es que nunca la escribió porque nunca tuvo necesidad de hacerlo. Descompresionaba con sus poemas. Y ya. Eso es todo. No hay que darle tantas vueltas.

martes, 10 de mayo de 2016

YO Y LOS OTROS

Esta foto la tomé hace unos días en el Ten Cent de Obispo, en La Habana Vieja. La escena me recuerda mi primera  infancia, que transcurrió en el bar "El Camagüey", en Pinar del Río. Ahora faltaba la victrola y los boleros, pero había un altavoz metiendo tremendo reguetón. Me tomé un par de cervezas mientras revisaba una nueva edición de un pequeño libro de Eliseo Diego: El libro de quizás y quién sabe, Ediciones Unión, La Habana, 2015. Es una reedición, la primera es de Letras Cubanas, 1989. Compré el librito en una librería cercana. El reguetón no me dejaba concentrarme. Cuando llegué a casa leí con cuidado un pequeño ensayo de Eliseo, titulado Necesidad de la poesía, que escribió en 1983  y fue publicado en la revista Revolución y cultura, en su primer número de 1984. 
A todo escritor le satisface escuchar a los lectores comentar sobre sus libros. Cada uno ha realizado su propia lectura y por tanto ha fijado su atención en algunos puntos específicos. Es decir, cada lector reescribe el libro y de ese modo lo hace suyo. Yo siempre escucho o leo los comentarios que me hacen y me quedo tranquilo. No discuto, no riposto. Tampoco ronroneo de placer con las lisonjas. He llegado a un punto de inmunización y sobre todo de comprensión. Así que pongo mi ego a un lado y acepto y agradezco plácidamente todos los comentarios. Agradezco tener tantos lectores apasionados y comunicativos. 
A propósito de todo esto, extraigo unos pocos párrafos del ensayo de Eliseo Diego: "...llegamos al punto para mí fundamental: el concepto de necesidad. El arte es a un tiempo una necesidad y su respuesta -como el hambre presupone el pan que la satisface, o la sed el agua.
"Ahora bien, ¿necesidad de qué? Pues de comunicarnos -de formar parte por el ser o el saber- del misterio o el enigma de la realidad que nos rodea y cuyo ápice es la psique humana en sus aspectos de conciencia y efectividad. No hay cuento fantástico tan fantástico como el simple hecho de vivir.
"Todo escritor que lo sea de veras escribe porque tiene necesidad de hacerlo. Ha tenido un atisbo, un vislumbre de la realidad que lo rodea, y debe comunicarlo a otro -recibir de ese otro la confirmación que es el consuelo supremo: "sí, es así, tal como lo has visto". Por eso es más que un gusto exquisito. Por eso no hay tema humano, por grotesco o "feo" que nos parezca, que no sea objeto de la poesía. Porque obedece a una misma necesidad de conocimiento. De aquí que un poema -o una novela, o lo que sea- no resulte jamás  un acto solitario, sino un acto de creación, a dos -el que crea y el que re-crea. Importa tanto lo uno como lo otro. De aquí también la necesidad social del arte".