Mi casa

© Héctor Garrido
martes, 1 de noviembre de 2022
CUBA INDÍGENA
viernes, 28 de octubre de 2022
PICASSO Y CHANEL
Indetenible. trabaja sin parar. Arriesgando siempre, buscando nuevos materiales, explorando en otras culturas. Jugando con cosas que recogía de la basura, como sabemos: timones de bicicletas, sillas, pedazos de cuero y telas, cartones. Ahora el museo Thyssen-Bornemizsa, en Madrid, ha montado una exposición con más de 40 cuadros de Picasso y sus relaciones, influencias y conexiones con la moda. Concretamente con su contemporánea Gabrielle Chanel. Cocó Chanel.
La muestra, en recuerdo de Picasso, que en 2023 cumplirá 50 años de fallecido, se mantendrá del pasado 11 de octubre al 15 de enero de 2023. Está concebida como una antología del artista, y por tanto es muy variada en su cronología. También hay vestidos originales diseñados por Cocó Chanel. De tal modo, el espectador puede apreciar la influencia del cubismo en la moda de los años 20 del siglo XX. "Chanel elimina el ornamento excesivo y se decanta por la línea recta en siluetas", asegura el folleto de mano de la exposición.
Otros puntos en común son la sobriedad, la simplicidad y lo práctico. También la tendencia a la reducción cromática en ambos creadores. Braque y Picasso cultivan la monocromía y Chanel prefiere sobre todo el blanco, el negro y el beige. Picasso introduce el collage en la obra de arte, con fragmentos de periódicos y Chanel introduce tejidos "humildes" como el punto de lana y el algodón.
Ambos artistas colaboraron en varias obras de teatro y ballet, con guiones de Jean Cocteau, amigo de los dos. Chanel con vestuario y Picasso con diseño para escenografías.
El resultado final de esta muestra es excelente si se quiere apreciar las conjugaciones entre dos mundos creativos, marcados por una época que ya comenzaba a introducir a la Humanidad en el vértigo de la velocidad y la evolución acelerada de todo. Absolutamente todo. Desde la moral y la ética hasta la tecnología espacial.
miércoles, 26 de octubre de 2022
EL INSACIABLE HOMBRE ARAÑA
sábado, 22 de octubre de 2022
KNUT HAMSUN
sábado, 1 de octubre de 2022
GRAHAM GREENE Y SUS ESCAPES

Al parecer los escritores cuando ya hemos publicado bastante, buscamos escribir sobre lo ya escrito, en un intento por entender lo que hemos hecho. Es decir, a ciegas hemos escrito y publicado unos cuantos libros.
Comprendí esto cuando empecé a escribir Diálogo con mi sombra, sobre el oficio de escritor. Me preparé en unas pocas semanas y dediqué algún tiempo a buscar libros sobre el oficio de escribir. Me quedé asombrado. Decenas de escritores notables han escrito sus experiencias y conclusiones. Desde Milán Kundera hasta Norman Mayler. No pequeños ensayos sino libros, en algunos casos muy amplios y detallados.
Ahora acabo de leer Vias de escape. Graham Greene (1904 - 1991) en este libro, de 1980, comenta detalles de su vida utilizando las condiciones en que preparó la escritura de algunas de sus novelas. No revela detalles íntimos. Sólo un poquito. Habla de sus experiencias con el opio, la cocaína, el alcohol, las mujeres, su vicio por los burdeles y las prostitutas, sus infidelidades que, asegura, echaron por tierra su matrimonio. También habla varias veces sobre su melancolía maníaco-depresiva. Todo esto de un modo agradable y superficial, sin entrar a fondo.
GG escribía porque necesitaba dinero. Viajaba continuamente y le gustaba dilapidar en sus vicios. Por tanto, lo reitera continuamente, tiene que escribir novelas que se vendan. Es decir, convencionales, sin experimento alguno, que gusten al editor y a todos los lectores, que no incomoden a nadie. Quería caer bien a todos y vender.
Bajo estas premisas, algunas de sus novelas son interesantes y entretenidas. Unas pocas. El resto no merece la pena. Nuestro hombre en La Habana, por ejemplo, es un desastre de personajes encartonados que no convencen a nadie. La película mucho peor. Visitó varias veces la ciudad, también fue a otras ciudades cubanas. Frecuentó el teatro porno Shangay, vio el show de Supermán, tomó cocaína, jugó y perdió dinero en todos los casinos y mucho más. Al final llegó a la conclusión de que "Es una ciudad donde todos los vicios son posibles, es decir, el escenario ideal para una novela".
A mi me interesa mucho más como personaje lleno de contradicciones, miedos y angustias, que como novelista. GG evadió siempre a algunos periodistas que querían escribir su biografía. No le interesaba exponerse y descubrir sus pecados. Insistía en que era católico. Lo reitera una y otra vez a lo largo de este libro. Y asegura que es compatible su religión con su vida y su escritura, aunque nunca revela cómo lograba ésto.
Hacia el final, en el Epílogo, descubro que durante más de veinte años un hombre se hacía pasar por él y de ese modo estuvo con muchas mujeres o pidió dinero y otras tropelías. Pero era hábil y nunca pudo atraparlo. Era como un fantasma astuto que quizás se llamó también Graham Greene. Lo cierto es que aprovechaba la fama de GG y usurpaba su personalidad.
Yo no sabía esto cuando escribí mi novela Nuestro GG en La Habana. Que arranca precisamente con un equívoco en el hotel Inglaterra, de La Habana. Un señor británico llamado George Greene, se aprovecha de una confusión y se hace pasar por el escritor famoso. Esta farsa sólo duró unos pocos días y se resolvió, pero en la vida real fueron años y nunca tuvo solución. Una vez más: la realidad supera a la ficción.
sábado, 17 de septiembre de 2022
PAPELES EN PRINCETON
https://findingaids.princeton.
Ese es el link para entrar en la sección de mi papelería, que se conserva en la biblioteca de la Universidad de Princeton, New Jersey, Estados Unidos.
No está (ni estará) disponible para acceder por internet, cómodamente desde casa. No. Hay que visitar físicamente la biblioteca.
Se trata de un conjunto de diarios personales, cuadernos y libretas de notas, manuscritos de algunos de mis libros, fotos, periódicos y revistas con entrevistas que me han hecho desde 1998 a la fecha, así como comentarios y reseñas sobre mis libros. También hay una colección de 134 de mis poemas visuales, realizados en diferentes momentos desde 1980 hasta 2020. Y una buena cantidad de mis libros publicados en diferentes idiomas, por ejemplo, la Trilogía sucia de La Habana, en hebreo, editado en Israel, y en islandés, en Islandia, por supuesto.
Es sólo una parte de mi archivo personal. Falta una buena porción, que aún guardo.
Otra sección de mi papelería y libros editados en numerosos idiomas se encuentra en la Biblioteca Nacional José Martí, en La Habana. Los doné el 27 de enero de 2020, en ocasión de un cálido homenaje que organizó Omar Valiño, director de esa institución, por mi 70 cumpleaños.
Aún queda una buena porción de mi papelería que ya entregaré en los próximos años a cada una de estas instituciones.
En la colección de la Biblioteca Nacional cubana hay papeles de Lezama Lima, Carpentier, Virgilio Piñera, y muchos otros escritores importantes de Cuba. En la colección de Princeton está la papelería de Vargas Llosa, Carlos Fuentes, y una larga lista de sobresalientes escritores latinoamericanos. Estos archivos, en New Jersey, cuentan con efectivos medios de protección contra incendios, robos y daños por razones climáticas, como humedad, excesiva iluminación, etcétera. En la BNJM también se hicieron inversiones hace algunos años para mejorar y modernizar las condiciones de los archivos, con la ayuda de la Agencia de Cooperación Iberoamericana y la Embajada de España en La Habana.
Supongo que estos útiles archivos de papelería poco a poco registrarán mermas en sus adquisiciones ya que, como sabemos, cada día más los escritores escriben directamente en su PC.
Pocos seguimos usando papel y bolígrafo para la versión inicial. Yo no puedo prescindir de lo que he hecho siempre: escribir un poema, un cuento o una novela a mano, con un boli de tinta negra sobre una libreta. Siempre tinta negra y mejor si el papel es amarillo. Corregir, añadir, mejorar, ampliar y pasar en limpio a máquina. Ya sobre el papel mecanografiado puedo corregir y ampliar más hasta que finalmente paso a Word en mi laptop. Soy obsesivo con las correcciones.
Mi primera laptop me la regaló mi mujer en 2007. Yo tenía 57 años. Ella, muy pragmática, me dijo: "Bueno, mi amor, ya es hora de que empieces con ésto. No le des más largo". Debo reconocer que me asusta un poquito cada nuevo reto de la tecnología digital. Soy genéticamente analógico. Ya sabemos que es una cuestión generacional.
En 2002 -más o menos- en Anagrama me dijeron que desde ese momento no aceptarían manuscritos en papel. Había que entregar los libros en diskettes. Unos diskettes cuadrados que se usaban entonces. Mi solución genial fue encontrar una discreta señora, encantadora, sonriente, educadísima y amable, que vivía sola en un apacible barrio de Marianao, en La Habana, para que pasara en limpio mis libros. Para más inri se llama Dulce.
Ella tenía una vieja pero eficaz computadora y hacía su trabajo a las mil maravillas. Y así estuvimos unos años de cómplices hasta que, muy lentamente, dominé lo suficiente el Word para hacer yo solo todo el trabajo.
En la foto estoy con mi querida máquina en los años en que escribía la Trilogía sucia de La Habana, es decir, entre 1994 y 1997. Hoy en día es difícil conseguir las cintas para la máquina. Yo mismo la limpio, le pongo aceite y la cuido. Le tengo cariño a mi vieja máquina Underwood, de 1927. Que heredé de mi padre. Él no era escritor. Durante algunos años tuvo el bar-restaurante El Camagüey, en Pinar del Río. Y en esa máquina escribía el menú de cada día. Es decir, que es una máquina con una historia plebeya, proletaria y humilde. Pero la quiero mucho. Soy un poco sentimental, qué le vamos a hacer.
jueves, 15 de septiembre de 2022
CONSEJOS DE CHEJOV