Mi casa

Mi casa
© Héctor Garrido

martes, 1 de noviembre de 2022

CUBA INDÍGENA


 Durante toda la vida se ha repetido en las clases de Historia de Cuba que los pueblos originarios de la Isla (taínos y siboneyes), eran pacìficos, de baja estatura y no muy fuertes, vivían en cuevas y eran cazadores y recolectores básicamente. Durante siglos sufrieron los ataques de los Caribes, que eran caníbales y navegaban sin cesar por el mar Caribe buscando algún indio para el almuerzo. Curiosamente, el nombre del mar recuerda a los malvados y aventureros demonios y no a los buenos taínos y siboneyes. Piensen.
   En 1492, como sabemos, llegó Colón. Poco después los españoles, inventaron las "encomiendas" para poder esclavizar "legalmente" y en nombre de los Reyes, a los nativos. Mediante un trabajo extenuante, mala alimentación y maltratos, acabaron en cien años con todos los indios. Entonces empezaron a traer africanos, escogidos entre los más fuertes y resistentes y las mujeres más paridoras.
    Lo cierto es que no todos los indios se extinguieron o  suicidaron. Algunos escaparon a los intrincados bosques y, muy aislados, ocultos, lograron sobrevivir hasta el día de hoy. Y esta es la noticia: Quedan unos pocas personas, quizás unos cuantos miles, que tienen hasta una tercera parte de sus genes provenientes de los pueblos originales.
    Hasta ahora se decía que los cubanos somos una dinámica, alegre, sexy y maravillosa mezcla de ibéricos y africanos. Pues sí, pero hay más.
    Alejandro Hartmann, que, además de buen amigo, es historiador, antropólogo, Historiador de la ciudad de Baracoa (Ciudad primada de Cuba, fundada el 15 de agosto, 1511), ha dedicado años y años a investigar en más de treinta intrincadas comunidades del oriente del país y encontró suficientes rasgos faciales y corporales para decir que "son indios" esas personas.
     Hartmann, en busca de apoyos para ampliar su investigación, coordinó con el fotógrafo español radicado en Cuba Héctor Garrido, también buen amigo, además de emprendedor  creador visual muy original. Y, sin recursos, diseñaron y comenzaron un espléndido proyecto, en 2018. Enrolaron a genetistas  y otros investigadores. Buscaron recursos y los resultados son palpables ahora, cuatro años después. La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, y Ediciones Polymita, acaban de publicar un bellìsimo y útil libro con las fotos y resultados del proyecto.
    El tema había sido estudiado por unos pocos investigadores extranjeros, de la universidad de Harvard y otras, en la primera mitad del siglo XX, pero de un modo limitado y sin disponer de las modernas pruebas de Genética existentes ahora.
    Del amplio archivo que reunió ahora el equipo dirigido por Garrido y Hartmann, con pruebas de ADN se publican aquí unas 50 fichas. Por ejemplo, una señora, Almeida Ramírez Ramírez, nacida 17 de septiembre de 1956, vive en la comunidad La Ranchería, municipio Manuel Tames, en Guantánamo. La prueba de ADN dio como resultado que tiene 33,4% de sangre amerindia, 15,3% africana, 42,4% europeo, y 8,9% asiático. 
    Esos resultados, más o menos, los registran todos. Es decir que en estos 500 años se han ido mezclando con africanos, asiáticos y europeos. Aunque sigan viviendo en sitios alejados y de difícil acceso, no son sólo descendientes de los indígenas nativos de Cuba. 
    Es un importante y decisivo avance científico, histórico, antropológico, que enriquece el estudio de la historia de Cuba. 
    

viernes, 28 de octubre de 2022

PICASSO Y CHANEL


   Pablo Picasso nació en Málaga el 25 de octubre de  1881 y no perdió tiempo. Muy trabajador y recio, iba a lo suyo desde muy joven. Después de algunas clases de dibujo y pintura, sólo con 16 años estudia unos meses en la famosa escuela de artes de San Fernando, en Madrid. Ya en 1904 se instala en Montmartre, París. Y en 1907 termina Las señoritas de Avignon. Cuadro que marca un punto culminante en el arranque de las vanguardias europeas del siglo XX. Él tenía apenas 26 años. Se adelantó a todos. El cuadro se exhibe por primera vez en 1916 en un Salón propiedad de Paul Poiret. En este blog hay una nota, de años atrás, sobre los 17 cuadernos de bocetos que  emborronó, reflexionando antes de poder pintar el cuadro que dio inicio al cubismo.
    Se calcula que hizó en total más de 33 mil obras y su cuadro Mujeres de Argel, estableció un récord cuando se vendió en 179,3 millones de dólares en Christies, tras una puja de 11 minutos.

   Indetenible. trabaja sin parar. Arriesgando siempre, buscando nuevos materiales, explorando en otras culturas. Jugando con cosas que recogía de la basura, como sabemos: timones de bicicletas, sillas, pedazos de cuero y telas, cartones. Ahora el museo Thyssen-Bornemizsa, en Madrid, ha montado una exposición con más de 40 cuadros de Picasso y sus relaciones, influencias y conexiones con la moda. Concretamente con su contemporánea Gabrielle Chanel. Cocó Chanel. 

   La muestra, en recuerdo de Picasso, que en 2023 cumplirá 50 años de fallecido, se mantendrá del pasado 11 de octubre al 15 de enero de 2023. Está concebida como una antología del artista, y por tanto es muy variada en su cronología. También hay vestidos originales diseñados por Cocó Chanel. De tal modo, el espectador puede apreciar la influencia del cubismo en la moda de los años 20 del siglo XX. "Chanel elimina el ornamento excesivo y se decanta por la línea recta en siluetas", asegura el folleto de mano de la exposición.

   Otros puntos en común son la sobriedad, la simplicidad y lo práctico. También la tendencia a la reducción cromática en ambos creadores. Braque y Picasso cultivan la monocromía y Chanel prefiere sobre todo el blanco, el negro y el beige. Picasso introduce el collage en la obra de arte, con fragmentos de periódicos y Chanel introduce tejidos "humildes" como el punto de lana y el algodón.

      Ambos artistas colaboraron en varias obras de teatro y ballet, con guiones de Jean Cocteau, amigo de los dos. Chanel con vestuario y Picasso con diseño para escenografías.

     El resultado final de esta muestra es excelente si se quiere apreciar las conjugaciones entre dos mundos creativos, marcados por una época que ya comenzaba a introducir a la Humanidad en el vértigo de la velocidad y la evolución acelerada de todo. Absolutamente todo. Desde la moral y la ética hasta la tecnología espacial. 


miércoles, 26 de octubre de 2022

EL INSACIABLE HOMBRE ARAÑA


 Una nueva edición de este  libro de cuentos lo acaba de publicar Ediciones Stirner, en Madrid. La presentación la hicimos el sábado 15 de octubre en la Librería Alberti, en la Moncloa. Esta editorial ya publicó en 2021 una nueva edición de Carne de perro.
  En realidad los dos libros pueden fundirse en uno solo porque el segundo es una continuación del primero.
  Con ellos concluí el Ciclo de Centro Habana y pasé a otros ámbitos. El Ciclo comienza con Trilogía sucia de La Habana (1998). Y  continúa: El Rey de La Habana (1999), Animal tropical (2000), El insaciable hombre araña (2002), y Carne de perro (2003).
  Veinte años después de nuevo he leído este libro. Escribo para olvidar. Y había cumplido mi objetivo. Ya no recordaba nada. Estos 19 cuentos los fui escribiendo poco a poco entre 1999 y 2001. Anagrama lo publicó en 2003 y seguidamente se tradujo a unos cuantos idiomas. 
  Como había sucedido con los libros anteriores, mi punto de anclaje era el barrio de Centro Habana y la gente que  lo habita. Sobre todo Pedro Juan, personaje al que conozco a fondo desde que apareció por primera vez a mi lado en septiembre de 1994, cuando escribí el primer cuento de lo que después sería Trilogía sucia de La Habana.
  Es decir, cuando empecé con estos cuentos  ya tenía cinco años dedicado a  una exploración literaria, y quizás un poco antropológica y sociológica, del barrio en que vivía desde 1986.
  Estos  cuentos, como todo lo que escribía entonces, son muy viscerales y furiosos. Transmiten decepción, frustración, desencanto. Coincidió una fuerte crisis personal con la crisis brutal del país a partir de 1991, al desaparecer el mundo socialista. Al escribir, sacaba toda la carga corrosiva que tenía dentro.
  Al cerrar este ciclo pasé a otros temas, lugares y momentos que también me interesaba explorar.  Un escritor es un tipo que vive intensamente, reflexiona y de vez en cuando se obliga a sentarse y escribir sobre lo que ha pasado en su vida y los alrededores. Veo así mi oficio. Creo que los escritores se dividen en dos tipos: los que ven su oficio como una carrera profesional y los otros. Yo pertenezco a los otros.  Escribo sólo cuando estoy desesperado, cuando ya no puedo soportar más y tengo que soltar presión.
  Me gustan estos cuentos. Frenéticos y locos. Escritos a corazón abierto. Me entrego. No sé hacerlo de otro modo. Y no quiero hacerlo de otro modo.

sábado, 22 de octubre de 2022

KNUT HAMSUN

 

Hace unos meses encontré en un rincón perdido de mi biblioteca la novela Hambre, del noruego Knut Hamsun (1859 - 1952). Esa novela es de 1890. Tengo también la Trilogía del vagabundo. Las leí de joven, hace más de cuarenta años tal vez. No recordaba nada por supuesto. Hambre me llevó al mundo de  Dostoyevski.
Ahora estoy redescubriendo a Hamsun. A veces pasa. No sé cómo, pero es así. Leo un libro de un autor lejano y entonces aparecen sorpresivamente otros libros y hago como un taller en solitario sobre ese escritor. 
Y lo redescubro gracias a la editorial mexicana Aquelarre que hace poco publicó su libro de viajes titulado En el país de las maravillas. Editado originalmente en Oslo en 1903. Se refiere a un viaje que hicieron Hamsun y su esposa Bergliot, por el Cáucaso en el otoño de 1899.
El libro es una nueva traducción directa del noruego, realizada por Zarina Martínez Borresen, autora además de un excelente prólogo, del cual tomo algunos datos esenciales.
Hansum describe en este texto las costumbres, comidas, carácter e infinidad de detalles de  los campesinos que viven en las montañas del Cáucaso por donde viaja en tren, coche de caballos y barco.
Era un crítico de la "civilización" y por tanto ensalza y ama la vida simple de los campesinos, recordando quizás su infancia en el norte de Noruega. Una infancia pobre, en el campo, cuidando el ganado, de la cual huyó para abrirse paso en la vida. Viajó, escribió, pasó hambre y necesidades y poco a poco, logró establecerse como escritor. Llegó a tener una gran difusión y le otorgaron el Premio Nobel de Literatura en 1920. Perdió editores y lectores a partir de 1945, por dos razones esenciales: Su apoyo a la invasión nazi de Noruega durante la Segunda Guerra Mundial. Llegó al extremo de tener un encuentro personal con Hitler y obsequiar su medalla del Nobel a Goebbels, en 1943. También influyeron las malas traducciones al español de sus libros, realizadas no directamente del noruego sino desde ediciones en inglés, francés, alemán y otros idiomas. Tras la guerra se quemaron sus libros públicamente, fue repudiado e internado unos meses en un hospital psiquiátrico y se le impuso una multa. El mundo le dio la espalda. Él escribió algunos libros más y murió en 1952.
El viaje por el Cáucaso está descrito en orden cronológico y geográfico, pero Hamsun lo anima con digresiones, personajes de ficción y aventuras. Hacia el final, Bergliot lee el diario de su esposo y lo acusa de mentir y exagerar. Esto es un guiño al lector. Una complicidad. El diario es también un relato de ficción. Y está muy bien. Se disfruta. 

sábado, 1 de octubre de 2022

GRAHAM GREENE Y SUS ESCAPES

   

Al parecer los escritores cuando ya hemos publicado bastante, buscamos escribir sobre lo ya escrito, en un intento por entender lo que hemos hecho. Es decir, a ciegas hemos escrito y publicado unos cuantos libros.

Comprendí esto cuando empecé a escribir Diálogo con mi sombra, sobre el oficio de escritor. Me preparé en unas pocas semanas y dediqué algún tiempo a buscar  libros sobre el oficio de escribir.  Me quedé asombrado. Decenas de escritores notables han escrito sus experiencias y conclusiones. Desde Milán Kundera hasta Norman Mayler. No pequeños ensayos sino libros, en algunos casos muy amplios y detallados.

Ahora acabo de leer Vias de escape.  Graham Greene (1904 - 1991) en este libro, de 1980, comenta  detalles de su vida utilizando las condiciones en que preparó la escritura de algunas de sus novelas. No revela detalles íntimos. Sólo un poquito. Habla de sus experiencias con el opio, la cocaína, el alcohol, las mujeres, su vicio por los burdeles y las prostitutas, sus infidelidades que, asegura, echaron por tierra su matrimonio. También habla varias veces sobre su melancolía maníaco-depresiva. Todo esto de un modo agradable y superficial, sin entrar a fondo.

GG escribía porque necesitaba dinero. Viajaba continuamente y le gustaba dilapidar en sus vicios. Por tanto, lo reitera continuamente, tiene que escribir novelas que se vendan. Es decir, convencionales, sin experimento alguno, que gusten al editor y a todos los lectores, que no incomoden a nadie. Quería caer bien a todos y vender. 

Bajo estas premisas, algunas de sus novelas son interesantes y entretenidas. Unas pocas. El resto no merece la pena. Nuestro hombre en La Habana, por ejemplo, es un desastre de personajes encartonados que no convencen a nadie. La película mucho peor. Visitó varias veces la ciudad, también fue a otras ciudades cubanas. Frecuentó el teatro porno Shangay, vio el show de Supermán, tomó cocaína, jugó y perdió dinero en todos los casinos y mucho más. Al final llegó a la conclusión de que "Es una ciudad donde todos los vicios son posibles, es decir, el escenario ideal para una novela". 

A mi me interesa mucho más como personaje lleno de contradicciones, miedos y angustias, que como novelista. GG evadió siempre a algunos periodistas que querían escribir su biografía. No le interesaba exponerse y descubrir sus pecados. Insistía en que era católico. Lo reitera una y otra vez a lo largo de este libro. Y asegura que es compatible su religión con su vida y su escritura, aunque nunca revela cómo lograba ésto. 

Hacia el final, en el Epílogo, descubro que durante más de veinte años un hombre se hacía pasar por él y de ese modo estuvo con muchas mujeres o pidió dinero y otras tropelías. Pero era hábil y nunca pudo atraparlo. Era como un fantasma astuto que quizás se llamó también Graham Greene. Lo cierto es que aprovechaba la fama de GG y usurpaba su personalidad.

Yo no sabía esto cuando escribí mi novela Nuestro GG en La Habana. Que arranca precisamente con un equívoco en el hotel Inglaterra, de La Habana. Un señor británico llamado George Greene, se aprovecha de una confusión y se hace pasar por el escritor famoso. Esta farsa sólo duró unos pocos días y se resolvió, pero en la vida real fueron años y nunca tuvo solución. Una vez más: la realidad supera a la ficción.

sábado, 17 de septiembre de 2022

PAPELES EN PRINCETON

                                              https://findingaids.princeton.edu/catalog/C1649.




Ese es el link para entrar en la sección de mi papelería, que se conserva  en la biblioteca de la Universidad de Princeton, New Jersey, Estados Unidos.

    No está (ni estará) disponible para acceder por internet, cómodamente desde casa. No.  Hay que visitar físicamente la biblioteca. 

    Se trata de un conjunto de diarios personales, cuadernos y libretas de notas, manuscritos de algunos de mis libros, fotos, periódicos y revistas con entrevistas que me han hecho desde 1998 a la fecha, así como comentarios y reseñas sobre mis libros. También hay una colección de 134 de mis poemas visuales, realizados en diferentes momentos desde 1980 hasta 2020. Y una buena cantidad de mis libros publicados en diferentes idiomas, por ejemplo, la Trilogía sucia de La Habana, en hebreo, editado en Israel, y en islandés, en Islandia, por supuesto.

    Es sólo una parte de mi archivo personal. Falta una buena porción, que aún guardo. 

    Otra sección de mi papelería y libros editados en numerosos idiomas se encuentra en la Biblioteca Nacional José Martí, en La Habana. Los doné el 27 de enero de 2020, en ocasión de un cálido homenaje que organizó Omar Valiño, director de esa institución, por mi 70 cumpleaños.

    Aún queda una buena porción de mi papelería que ya entregaré en los próximos años a cada una de estas instituciones.

    En la colección de la Biblioteca Nacional cubana hay papeles de Lezama Lima, Carpentier, Virgilio Piñera, y muchos otros escritores importantes de Cuba. En la colección de Princeton está la papelería de Vargas Llosa, Carlos Fuentes, y una larga lista de sobresalientes escritores latinoamericanos. Estos archivos, en New Jersey, cuentan con efectivos medios de protección contra incendios, robos y daños por razones climáticas, como humedad, excesiva iluminación, etcétera. En la BNJM también se hicieron inversiones hace algunos años para mejorar y modernizar las condiciones de los archivos, con la ayuda de la Agencia de Cooperación Iberoamericana y la Embajada de España en La Habana.

    Supongo que estos útiles archivos de papelería poco a poco registrarán mermas en sus adquisiciones ya que, como sabemos, cada día más los escritores escriben  directamente en su PC.

    Pocos seguimos usando papel y bolígrafo para la versión inicial. Yo no puedo prescindir de lo que he hecho siempre: escribir un poema, un cuento o una novela a mano, con un boli de tinta negra sobre una libreta. Siempre tinta negra y mejor si el papel es amarillo. Corregir, añadir, mejorar, ampliar  y pasar en limpio a máquina. Ya  sobre el papel mecanografiado puedo corregir y ampliar más hasta que finalmente paso a Word en mi laptop. Soy obsesivo con las correcciones.

    Mi primera laptop me la regaló mi mujer en 2007. Yo tenía 57 años. Ella, muy pragmática, me dijo: "Bueno, mi amor, ya es hora de que empieces con ésto. No le des más largo".  Debo reconocer que me asusta un poquito cada nuevo reto de la tecnología digital. Soy genéticamente analógico. Ya sabemos que es una cuestión generacional.

    En 2002 -más o menos- en Anagrama me dijeron que desde ese momento no aceptarían manuscritos en papel. Había que entregar los libros en diskettes.  Unos diskettes cuadrados que se usaban entonces. Mi solución genial fue encontrar una discreta señora, encantadora, sonriente, educadísima y amable, que vivía sola en un apacible barrio de Marianao, en La Habana, para que pasara en limpio mis libros. Para más inri se llama Dulce.

    Ella tenía una vieja pero eficaz computadora y hacía su trabajo a las mil maravillas. Y así estuvimos unos años de cómplices hasta que, muy lentamente, dominé lo suficiente el Word para hacer yo solo todo el trabajo.

     En la foto estoy con mi querida máquina en los años en que escribía la Trilogía sucia de La Habana, es decir, entre 1994 y 1997.  Hoy en día es difícil conseguir las cintas para la máquina. Yo mismo la limpio, le pongo aceite y la cuido. Le tengo cariño a mi vieja máquina Underwood, de 1927. Que heredé de mi padre. Él no era escritor. Durante algunos años tuvo el bar-restaurante El Camagüey, en Pinar del Río. Y en esa máquina escribía el menú de cada día. Es decir, que es una máquina con una historia plebeya, proletaria y humilde. Pero la quiero mucho. Soy un poco sentimental, qué le vamos a hacer.


jueves, 15 de septiembre de 2022

CONSEJOS DE CHEJOV

 

Anton Chejov (1860 - 1904) nunca escribió ensayos sobre el oficio de escribir, ni dio clases de escritura creativa. No creía en nada de eso. Estaba convencido de que un escritor se hace sólo con su esfuerzo personal, con su talento, con su disciplina y amor por el oficio. No hay otro modo.
Pero siempre hay sorpresas. Ahora Alba editorial, de Barcelona, acaba de publicar un librito editado por Piero Brunello, profesor de Historia en la universidad de Venecia. 
Este señor ha entresacado de las cartas escritas por Chejov, unos 99 apuntes sobre el oficio.
Es como un Vademecum sobre el tema. Por ejemplo: "Dios mío, no permitas que juzgue o hable de lo que no conozco o no comprendo".
En otra: "Se lamenta usted de que mis personajes sean tan tristes. ¡Ay, no es culpa mía! Me salen así sin querer; cuando escribo no tengo la impresión de que mis historias sean tristes..."
Y más adelante; "No pulir, no limar demasiado; hay que ser desmañado y audaz. La brevedad es hermana del talento".
"Lo he visto todo; no obstante, ahora no se trata de lo que he visto, sino de cómo lo he visto".
Y así podría seguir. Lo curioso es que a medida que leo estos apuntes comprendo que yo también he ido llegando a esas conclusiones. Poco a poco, a lo largo de toda una vida dedicada al oficio de escribir. 
Hay que aprender a escribir, aunque no se puede enseñar a escribir. Parece contradictorio pero no lo es. Uno aprende solo, sin prisa y al final llega a conclusiones como éstas que Chejov expone en algunas de sus cartas. Me ha sorprendido este descubrimiento. De Chejov siempre se aprende. Hay que releerlo.