Mi casa

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© Héctor Garrido

lunes, 11 de junio de 2018

MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO, 50 AÑOS

En agosto de 2018 cumple 50 años la inolvidable película Memorias del Subdesarrollo, dirigida por Tomás Gutiérrez Alea, y basada en la novela del mismo título de Edmundo Desnoes, publicada en 1965. Unos años después, en 1979, Desnoes era director de la Escuela de Diseño Industrial de La Habana, pero tomó una decisión tajante y se fue exiliado a Estados Unidos. No volvería a Cuba hasta enero de 2003, invitado como jurado del Premio Casa de Las Américas, ocasión en que además se presentó una nueva edición cubana de su novela. En todo ese tiempo en USA apenas publicó algo interesante. Se dedicó a sobrevivir, como ha dicho  en numerosas entrevistas. Intentó adaptarse  lo mejor posible al nuevo país y olvidar a Cuba porque "es desgarrador vivir dividido en dos partes y pensar siempre en Cuba".
Gutiérrez Alea en cambio siguió viviendo en Cuba, enfrentando todo tipo de problemas e incomprensiones y, contra viento y marea, logró unas cuantas grandes películas más, entre ellas La última cena, Los sobrevivientes, Fresa y chocolate, Guantanamera.
Cuando Desnoes publica su novela, en 1965, comenzaba  en Cuba una fuerte escalada  de control sobre la cultura que llegaría a su punto más álgido en 1971 con el caso del poeta Heberto Padilla. Todo este proceso ha sido estudiado y expuesto con detalle en los últimos años. Quizás uno de los estudios más completo y revelador es el libro La polis literaria, (Taurus, 2018) de Rafael Rojas.
En su momento  la novela y la película levantaron ronchas porque eran años de efervescencia e intolerancia y molestaba el punto de vista adoptado por el novelista y por el cineasta: ver la historia desde Sergio, un ex-empresario de clase media alta, con inquietudes intelectuales, que decide dejar que toda su familia se vaya al exilio en Miami mientras él se queda "porque sé lo que pasa en Miami pero quiero ver lo que va a pasar aquí".  Y Sergio se convierte en una especie de distante y alejado voyeur que, claro, no participa, sólo observa de lejos. Esa actitud tan burguesa de mantenerse al margen  sin inmiscuirse, molestaba a los que empezaban a repetir la consigna: ¡El arte, un arma de la revolución!
Sin embargo, creo que nunca fue una historia circunstancial, limitada temporalmente. Hoy en día se puede leer la novela y ver la película y encontrar una vigencia permanente en esa historia.  Es decir, es una historia que funciona por sí misma. No necesitamos referentes históricos para comprender y disfrutar esas dos obras. Son dos obras maestras definitivas de la literatura y del cine.

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