Mi casa

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© Héctor Garrido

sábado, 19 de agosto de 2017

LA MUJER MADURA

Leí hace muchos años En brazos de la mujer madura, un best seller del húngaro Stephen Vizinczey. Y me pareció un librito flojo, intrascendente, y olvidable. Ahora lo he releído en pleno mes de agosto, de vacaciones en una playa y sin aspirar a mucho. Y lo cierto es que he disfrutado. No es una novela, como los editores -por razones comerciales- se esfuerzan en reiterar. Es sólo una colección de capítulos, como pequeños cuentos cortos, en los que el autor relata algunas de sus aventuras juveniles, y su fascinación, con mujeres mayores. Él participó como combatiente en las calles de Budapest durante la revuelta de 1956 contra la dictadura  comunista. Pero es obvio que no quiere escribir sobre política y revueltas así que apenas se refiere al hecho en unos pocos párrafos y relata cómo logra escapar a Roma y después se va a Canadá. Creo que es un libro doloroso más por lo que oculta que por lo que dice. Ese fenómeno nos pasa a veces a los escritores. Queremos esconder algo que  es amargo y sólo el lector inteligente y agudo entiende que hemos tendido una cortina de humo sobre algo fuerte o demasiado enrevesado. Por ejemplo, cuando hacia el final del libro Vizinczey dice que ahora quiere irse de Canadá a USA, escribe: "Será que algunas personas, una vez que han abandonado el escenario de su infancia, no pueden quedarse definitivamente en un sitio; o será que, por mucho tiempo que pase en este continente, nunca podré sentirme como en mi casa y por eso he de ir de un lado a otro". 
Ya. Suficiente. Es el lector el que tiene que poner el resto y comprender la enorme tristeza y desamparo que invade a este hombre que en 1965, con 32 años, escribe y publica por su cuenta este libro en el que confiesa su amor enorme por su madre y su preferencia decidida por las mujeres mayores.  "...al cabo de todos estos años todavía no me he ajustado al Nuevo Mundo...". Como buen poeta sabe que es mejor decir mucho con poco. No explicar demasiado como hacen los malos escritores que escriben novelones inleíbles de 600 páginas que se nos caen de las manos. Después de En brazos... escribió otros libros y enunció una lista de consejos: Los Diez Mandamientos del Escritor. que no están mal pero tampoco son un primor. Por ejemplo, el primero: "No beberás, no fumarás ni te drogarás" es una tontería mayúscula de burgués petulante y otros son espléndidos como el noveno: "Escribirás para tu propio placer".
Ahora Vizinczey tiene 84 años y nos deja algunos libros que están muy bien. No tan fuertes y concentrados como los de Milan Kundera, por ejemplo, su contemporáneo que también fue marcado a fuego en Praga por la dictadura comunista y escribió con dureza y se empleó a fondo. Pero, en fin, hay de todo en la viña del señor y eso es bueno.

viernes, 28 de julio de 2017

HEMINGWAY PERIODISTA

Aquí tenemos a  Hemingway tomando notas o escribiendo sobre la marcha, como el buen periodista que siempre fue. Estoy releyendo en estos días una selección de 77 artículos y crónicas publicados por Hemingway entre 1920 y 1956. Escribió cientos. En diarios y revistas. De todos los temas y desde muchas partes del mundo. Este libro se titula Enviado especial y fue publicado por Planeta,  Barcelona, en 1967, pocos años después de su muerte en 1961.  Uno de los más extensos es El Gran Río Azul, publicado en "Holiday" en julio 1949. Es una larga crónica donde explica por qué le gusta vivir en  Cuba. No lo dice todo. Sólo algo. Era cuidadoso y no revelaba detalles de su compleja y enrevesada vida privada. Después de dar vueltas para situar al lector, entra a hablar de la pesca de la aguja en la Corriente del Golfo, que le apasionaba. Hasta da detalles técnicos sobre el tipo de aparejos, señuelos y carnadas que utiliza en cada época del año en relación con  los peces que quería capturar.  
Escribía siempre desde un punto de vista personal, casi protagónico,  en primera persona, y muy metido en el ambiente, de tal modo que no "describe" desde fuera sino que narra desde adentro, de un modo convincente. Acumula detalles, datos, situaciones, diálogos, todo muy bien imbricado de tal modo que el texto siempre parece, y es, un relato narrativo único. No atormenta al lector con disquisiciones y opiniones personales sino que le aporta elementos para que el lector reconstruya la crónica a medida que lee. El lector está obligado a participar.
Desde adolescente he leído mucho a Hemingway por eso me causó tanta gracia lo que Tom Wolfe escribió en 1973 en el prólogo de su libro El nuevo periodismo. Decía que el periodismo literario acababa de irrumpir en el mundo y que los novelistas ya habían quedado atrás  de un modo definitivo y mortal. Era una promoción comercial y nada seria. Wolfe siempre ha sido un buhonero vulgar y nada más. Antes de los periodistas que Wolfe incluía en su antología  brillaban ya en el relato periodístico Daniel Defoe, el Dr. Samuel Johnson, Henry Stanley, y otros muchos, Hemingway entre ellos, por supuesto. 
Dicho lo anterior quiero terminar con una cita  tomada de La tumba inquieta (1944 - 1945) de Cyril Connolly: "Cuantos más libros leemos, antes nos damos cuenta de que la verdadera misión de un escritor es crear una obra maestra, y que ninguna otra tarea tiene la menor importancia...Todas las incursiones en el periodismo, la radio, la propaganda o los guiones cinematográficos, por grandiosas que sean, sólo pueden resultar decepcionantes. Poner lo mejor de nosotros en esas formas de expresión es otro desvarío, ya que así condenamos tanto buenas como malas ideas al olvido eterno".
Connolly no fue básicamente un escritor de ficciones o de poesía. Era un brillante ensayista, editor y crítico literario ante todo, escribió una sola novela ya felizmente olvidada, así que no tenía por qué saber cómo funcionan los escritores de ficción. Lo cierto es que uno a veces está agotado de tratar con personajes retorcidos, furiosos, agresivos o lo que sea. Gente mala y que viven  in extremis, quiero decir. Generalmente los personajes de un cuento o de una novela son gente al borde del abismo. Y nos saturan, nos sobrepasan, de tal modo, mi querido Cyril, a veces tenemos que poner cierta distancia entre ellos y nosotros, olvidarlos en aras de nuestra propia salud mental. Y escribir unos poemas o estas pequeñas crónicas para publicarlas en alguna revista o en este blog, así de simple, camarada.

martes, 25 de julio de 2017

ESCRITORES Y BIBLIOTECAS

Aquí estoy en 1999, en mi estudio en Centro Habana. Una foto que tomó Marianne Greber. Creo recordar que yo pasaba a máquina Animal tropical. Es una foto excepcional. Nunca me han gustado las fotos de escritores entre libros. Me parece una pedantería exhibicionista retratarse delante de la biblioteca personal. En esa época creía que las lecturas y la cultura personal deben esconderse lo más posible. Todavía lo creo aunque no con tanto radicalismo como en ese entonces.  Aquí está mi biblioteca que en esa época tenía más de 6 mil ejemplares. Y por ahí más o menos empecé a reducirla. Marianne había visitado mi casa  un par de años antes, con una periodista austriaca que intentaba hacer un reportaje sobre jineteras, lo cual era un fenómeno en Cuba y llamaba la atención.  Marianne y yo somos buenos amigos desde entonces. De esos pocos amigos que uno  sabe que van a durar toda la vida. Tenemos mucho en común, sobre todo el ansia y la vocación por explorar siempre mundos nuevos y diferentes a los ya conocidos. En cuanto a mi biblioteca puedo decir que ahora está en alrededor de 3 mil ejemplares, que ya es mucho. Y mi lucha no es por añadir más sino por restar.
Dos escritores exquisitos que tenían los libros y las bibliotecas entre sus temas predilectos de disección eran Jorge Luis Borges y Umberto Eco. Siempre atinaban.  Otro exquisito que dedicó su vida a los libros fue mi admirado  Cyril Connolly, en su ensayo titulado El año del bibliófilo, de 1967, escribe: "Cada vez va a menos. Así es como respondo cuando me preguntan por mi bibliofilia. La necesidad está desapareciendo: la desesperada ansiedad de encerrar a todos mis autores favoritos en el Arca donde pueda regodearme con ellos a mi gusto, incluso mientras ellos se regodean entre sí, es cosa del pasado. La lista de los que busco es cada vez más breve".
Es así. Las bibliotecas públicas sí deben crecer siempre. Más y más. Hasta reventar las paredes. Tienen que satisfacer todos los gustos. Pero la biblioteca personal debe reducirse siempre. Cuanto menos mejor. Con los años nos ponemos más selectivos. No sólo en las lecturas sino en todo. Yo escojo cuidadosamente los viajes, los autores que quiero conservar, las películas y la música, las comidas, los poemas que escribo, las mujeres que deseo, los amigos. Todo se ve sometido a un proceso de selección. Un filtro que funciona como una destilería. Creo que es lógico. Después de tanto leer y escribir, después de tanta locura y caos vital, uno necesita un poco de silencio. Necesitamos mirar hacia dentro.  

domingo, 23 de julio de 2017

EL DRAGO DE ICOD

Ese árbol extraño y enorme que está al fondo es el drago de Icod de los Vinos, un antiguo pueblo montañoso al norte de Tenerife. Le llaman el drago milenario pero se ha comprobado que tiene unos 800 años. De todos modos, es impresionante.  Le rodea un pequeño parque con especies botánicas autóctonas de las islas. De ese modo regulan además el acceso al árbol. El norte de Tenerife es la zona más antigua de la isla. Hay muchos pueblos pequeños, silenciosos, muy antiguos. Este árbol, por ejemplo, está rodeado de leyendas. Algunas muy eróticas, sobre doncellas canarias perseguidas por los invasores peninsulares  y salvadas al refugiarse en el interior de estos árboles, cuya savia además, es roja como la sangre, lo cual aumenta el dramatismo de las historias. La leyenda más definitiva  cuenta que bajo este árbol se realizó la última reunión de los cuatro últimos menceyes guanches (reyes nativos): Pelicar de Adeje, Romen de Dante, Pelisor de Adeje y Adjoña de Abona, para acordar la paz con el rey de España, con el fin de evitar un baño de sangre para su ya castigado pueblo. 
Recordemos que las siete islas de Canarias servían de base naval de avanzada al reino de España ya en el siglo XV. Y que Cristóbal Colón, y otros muchos navegantes españoles, hacían escala aquí al ir o regresar de "Indias". En La Gomera todavía conservan una casa donde hay un pozo en el patio. Se dice -es la versión oficial-  que de ese pozo abastecieron de agua a las embarcaciones usadas en la conquista de América. Ya hoy el pozo al parecer está seco. En esta zona del norte abundan las personas muy blancas, rubias o pelirrojas, casi siempre con ojos azules o grises muy claros. Según los lugareños  los piratas y corsarios holandeses y del norte de Europa navegaban por aquí, entraban en alguna pequeña rada en busca de agua y alimentos o quizás para negociar contrabando y de paso se refocilaban con el buen vino de la zona, con la comida que es excelente y con las jóvenes mozas. Enseguida partían y ni se enteraban de que dejaban descendencia en esos puertos escondidos  del norte tinerfeño. Eso son las islas ante todo: un cruce de caminos.

miércoles, 12 de julio de 2017

¿CAMBIAR MI CUERPO?

Estas dos fotos son de la modelo africana Nyakim Gatwech, de Sudán del Sur. En estos días es muy popular porque en las redes sociales ha ratificado que se siente muy bien siendo tan negra y ha llamado a toda la gente de su raza para que no usen cremas blanqueadoras. Está comprobado que estos productos químicos son muy dañinos y pueden producir cáncer de piel y otras enfermedades. Nyakim ha contado que en la escuela -vivía en USA- le decían que se duchara porque estaba demasiado negra. Esto la deprimía, como es lógico. Al fin logró superar sus problemas de baja estima generados por estas humillaciones escolares. Levantó su autoestima y se ha convertido en una sobresaliente modelo internacional, muy orgullosa de su color.
Ya sabemos que todo es relativo. Para mi gusto personal Nyakim está superbien físicamente y al parecer es una persona inteligente y luchadora. Así que estupendo. Creo que cada persona debe aceptarse como es y agradecer lo que tiene.
La primera vez que vi  tiendas rebosantes de productos de "belleza" para mujeres negras fue en el barrio negro de Barbes-Rochechouart, en París. Me quedé asombrado. Muchas tiendas donde vendían todo tipo de cremas para el pelo, para blanquear la piel, pelucas con pelo lacio y no sé cuántas cosas más. Me pareció que todo estaba dirigido a cambiar la belleza natural de la mujer negra para acercarse al canon blanco de belleza. Algo no funcionaba pero en aquel momento no pensé mucho en el asunto. Era el verano de 2007. Después se incrementó la moda de la silicona: labios, tetas, culos, mejillas. Todo de silicona. A mí me parece horroroso. Una teta dura por el plástico en su interior, o unos labios donde la silicona se corrió y la mujer parece una mona. No me gusta. Me parece absurdo. Pero por otro lado reconozco el derecho de cada quien a intervenir en su propio cuerpo y cambiarlo. Al igual  que aquellos que dedican horas y horas cada día al gym para llenarse de músculos. Uno de los mejores consejos que me han dado se lo debo a una masajista, en un Spa en Tenerife. Mientras me daba el masaje le comenté que quería quitarme unas manchas que tengo en las manos debidas al sol. Le conté que estaba experimentando con baba de caracol. Directamente. Cogía los caracoles del jardín y hacía que caminaran sobre mis manos y brazos dejando su rastro de baba. Me parecía que daba algún resultado. Ella se quedó en silencio  y al fin me dijo: "¿Y por qué usted no acepta sus manchas? Son normales". Entonces me quedé sorprendido por aquello. No lo esperaba. Y al fin le respondí: "Es verdad. Muchas gracias". Hay toda una filosofía detrás de aquella frase: "¿Por qué usted no acepta sus manchas?"  Y me gusta.

jueves, 6 de julio de 2017

CARILDA OLIVER LABRA

Carilda Oliver Labra cumple 95 años este 6 de julio 2017.Nació en Matanzas en 1922 y su bibliografía llega a unos 30 títulos, sobre todo de poesía pero también de ensayos y cuentos. Su segundo libro de poesía Al sur de mi garganta (1943) la hizo famosa, le permitió ganar premios y se convirtió a partir de ahí en la poeta desprejuiciada, erótica y rompedora de la poesía cubana y latinoamericana. Unos años después, entre 1963 y 1965 ella era mi profesora de inglés en la escuela secundaria básica Domingo L. Madam, en Matanzas. Una profe sonriente, paciente, encantadora, que nos daba clases con intensidad y fuerza. La queríamos.  Los adolescentes son difíciles de conquistar pero ella era como una sonrisa de amor o algo así. Un buen día, después de dos cursos,  se despidió de nosotros. Nos dijo que iba a dar clases de inglés en la secundaria del barrio de Los Mangos, que era un barrio bastante complicado y marginal. "Ellos me necesitan más que ustedes". Esa frase generosa de amor y entrega no se me olvida jamás porque en esos años estaba empezando la revolución y el lenguaje habitual y cotidiano no era de amor y entrega precisamente, sino todo lo contrario. Se imponía la violencia, el machismo, la agresividad y  el exceso cotidiano. Fueron años difíciles.  Ahora no puedo recordar al profe o la profe que la sustituyó. Claro, Carilda tenía tanta fuerza y empatía natural que era de por sí una persona muy especial e inolvidable.
Pasaron los años, yo empecé a trabajar como periodista, después escritor y por circunstancias de la vida nos hicimos amigos más allá de aquella relación de profesora/alumno. De nuestras conversaciones, casi siempre me pedía que fuera a su casa por la tarde-noche, tengo anécdotas para escribir un libro, pero nunca lo haré porque prefiero guardar para mí sus historias tan privadas y  habitualmente  cómicas y cálidas. Es una de esas personas que merece la pena tener siempre en el corazón como una de las buenas amigas  especiales, mucho más allá de sus méritos como poeta original y auténtica. Así que esta nota es como un beso de amor en la mejilla de Carilda. Sólo eso.

domingo, 2 de julio de 2017

TOURIST GO HOME

Cada vez en más ciudades aparecen estos grafitis. Esta foto la tomé hace poco en un discreto rincón en la fachada del hotel donde me alojaba en Praga. Estuve allí en mayo, no en el momento tope de julio-agosto. Así y todo éramos tantos turistas curioseando en la zona histórica de la ciudad que a ratos era agobiante caminar, sobre todo por el puente Carlos sobre el río Vltaba. Esto sucede en todas las ciudades atractivas del mundo. La Habana Vieja, por ejemplo, se está poniendo así. Demasiados turistas. Y los precios subiendo, de tal modo que los habaneros de a pie que viven en ese barrio lo tienen un poco difícil. La masificación del turismo es un fenómeno mundial. En 1950 -año en que nací, por cierto- se registraron 25 millones de viajes turísticos en el mundo. En 1995 fueron 536 millones. Ahora se calcula que rondan los mil 235 millones. El turismo no es bueno ni malo en sí mismo, el problema viene cuando el gobierno de una ciudad o de un país implementa decisiones para que todo se ponga en función del turismo, en detrimento de los habitantes del lugar. El turismo empieza a considerarse como industria en los años '90. El primer cálculo de su aportación al PIB mundial es de 2007, cuando se demostró que es equiparable al petróleo o a la agricultura. Ahora representa el 10% del PIB mundial. La codicia generalmente corroe. Barcelona y Madrid, por ejemplo. Las familias se van del centro, el turismo ocupa todos los edificios para convertirlos en hoteles y hostales. La ciudad pierde su identidad. A cambio cada una de estas ciudades recibe unos 30 millones de turistas anuales, que dejan ganancias. Es el proceso de Gentrificación, término inglés inventado en Londres en los años '60 para designar  este proceso de convertir una zona de la ciudad en parque temático en función del turismo y desplazar fuera a sus habitantes originales. Cada vez más ciudades caen en esto. Y a veces es patético. Hace años estuve en Cartagena de Indias, Colombia, invitado a un Hay Festival y me quedé asombrado porque en el centro histórico de la ciudad no había ni una sola persona de allí. En algún momento -me explicaron- el gobierno emitió una ley que permitía a los extranjeros comprar propiedades. Todo fue rápido. Como una plaga de langostas llegaron americanos, alemanes y otros adinerados, compraron todo a precios muy bajos y lo convirtieron en una gran zona de hoteles, boutiques, restaurantes y atracciones para turistas. La gente del lugar fue desplazada a las afueras. 
Y también está el turismo devastador de la naturaleza. Cada vez hay ofertas más extravagantes para ir a parques naturales a mirar gorilas "a pocos metros". No dicen que estos animales se confunden y deprimen cuando ven a tanta gente continuamente encima de ellos tomándoles fotos. O el ascenso al Himalaya de cientos y cientos de personas que quieren tener la "sublime experiencia" de estar en el techo del mundo. El resultado es miles de toneladas de basura de todo tipo en aquellos montes.
Hasta ahora se veía muy bien el turismo: Unos pasean y se divierten y otros trabajan y ganan dinero. Y con el arribo del Low Cost cada vez más tenemos acceso a ser turistas. Pero hace poco relativamente se ha comenzado a analizar el fenómeno de un modo más integral con los pros y contras que conlleva. Un tema preocupante más de nuestra modernidad tan vertiginosa y poliédrica.

lunes, 19 de junio de 2017

MILENA JESENSKÁ

Hay miles de libros escritos sobre la Segunda Guerra Mundial. Algunos muy buenos. Uno de los mejores que he leído en los últimos años es Una mujer en Berlín, de autora anónima, publicado por Anagrama en 2006. También hay una película alemana del mismo título, que salió en 2008. Y ahora acabo de leer otro muy importante y bien escrito: Milena, de Margarete Buber-Neumann, Tusquets, 2017. 
Milena Jesenská, nació en Praga el 10 de agosto 1896 y tuvo una vida apasionante y siempre a contracorriente. Quedó huérfana de madre cuando era muy joven y su padre se portó  de un modo demasiado ácido con ella, al extremo de internarla en un hospicio para dementes donde estuvo a punto de perder el juicio. Feminista con un toque de lesbianismo, Milena siempre iba alegremente a la contra. Fue novia más bien epistolar de Kafka cuando ya la tuberculosis acababa con la vida del gran escritor. Vivió fuera de su país, en Viena, donde limpió casas, acarreó maletas y  otros trabajos similares para mantener a un marido dandy y chulito que se consideraba superior a ella. Cuando los nazis invadieron Checoslovaquia en octubre de 1938, Milena participó activamente en la Resistencia ayudando a sacar del país a judíos y a otras muchas personas. Ya hacía años que sobresalía por su trabajo como periodista en diversas revistas. Siguió escribiendo artículos de análisis, con valor y astucia hasta que fue apresada e ingresada en el campo de concentración de Ravensbrück, Alemania. Allí conoció a Margarete Buber-Neumann y al parecer fue amor a primera vista. En el libro Margarete no da detalles pero es evidente que tuvieron una apasionada y hermosa relación amorosa en medio de las condiciones más difíciles que uno se pueda imaginar.  Ravensbrück era en los primeros años de la guerra un campo de trabajo  pero hacia 1943 construyeron una cámara de gas y ya se transformó en un campo de exterminio. Había presas políticas, rusas, gitanas, polacas y hasta Testigos de Jehová, entre otros grupos. Margarete va contando poco a poco la vida de Milena desde sus intensos años juveniles en Praga y Viena hasta ser apresada por la Gestapo, su entrada al campo y las sucesivas etapas de enfermedad y debilidad originadas por el hambre y las enfermedades.  La muerte de Milena se produce en el campo el 17 de mayo 1944. Margarete soportó todo. Antes había sido prisionera de Stalin en un campo de concentración en la URSS durante cuatro o cinco años y de allí la pasaron directamente al campo de Hitler. Sin dudas fue una mujer de una excepcional fuerza espiritual y física. Finalmente fue liberada en mayo de 1945, logró escapar de los rusos y vivió en Alemania occidental hasta su muerte en Francfort en 1989. Le tomó tiempo decidirse a escribir el libro de memorias sobre Milena pero lo hizo y lo publicó en alemán en 1977. Creo que es una obra imprescindible para comprender cómo funcionaban interiormente los campos de concentración nazis y cómo lograban seguir  adelante algunas de las personas que sufrieron en esos lugares. Este libro se complementa con otros  de Margarete Buber-Neumann pero sobre todo con su  Prisionera de Stalin y Hitler, Círculo/Galaxia Gutenberg, 2005.

jueves, 8 de junio de 2017

EN FLORENCIA

Aquí estoy, hace unos días, ante El nacimiento de Venus, de Botticelli, en la Galería de los Ufizzi, en Florencia. 
En mi adolescencia y juventud mi pintor favorito fue durante muchos años Sandro Botticelli (1445-1510). Yo tenía un amigo, tan joven como yo, que estudiaba con pasión y sistemáticamente la historia del arte. Es el protagonista de mi novela Fabián y el caos. Cuando teníamos 15 años más o menos él me regaló la Historia Social de la Literatura y el Arte,  de Arnold Hauser. Lo estudié detalladamente durante años y años. Todavía lo conservo con agradecimiento y sigo consultándolo. En esos libros vi algunas reproducciones de  cuadros de Botticelli y ahí empezó la fiebre. Busqué y estudié todo lo que pude sobre él. Después supongo que lo agoté o él me agotó a mí, como sucede en esos romances intensos, vertiginosos y juveniles.  Entonces me empezó la fiebre Brueghel El Viejo (1525-1569), que dura todavía.  Uno de los momentos más inolvidables y emocionantes en mi vida -y son unos cuantos- sucedió al entrar en la sala Brueghel del Kunsthistorische  Museum, de Viena, donde hay unos 12 cuadros de este pintor. Caminaba un rato por  el museo para controlar mi emoción, pero siempre regresaba, una y otra vez, a la misma sala.
En realidad me siento muy cerca de Brueghel El Viejo. Veo pequeñas historias en cada uno de sus cuadros. Lo que también hacía Botticelli, pero Brueghel es mucho más intenso y complicado. Mucho más metido entre la gente humilde de las clases bajas. Lo siento tan cercano como si hubiéramos sido amigos en aquellos tiempos. Me sucede algo parecido con Bach y su música, que está muy cerca de mí. Y con algunos cineastas y escritores que me han marcado definitivamente.
Ahora, en Florencia, vi también el David, de Miguel Angel (1475-1564), en la Galería de la Academia. Es indescriptible. Hay que verlo personalmente y si es posible sentarse en unos pequeños bancos adosados a la pared. Y así quedar extasiado con comodidad. Si se es hábil y rápido uno consigue sentarse  un buen rato en uno de esos bancos. Ante estas obras tan absolutamente excepcionales sobran las palabras. No hay que hablar. No hay que escribir nada. Sólo agradecer.

jueves, 1 de junio de 2017

GRAFITIS EN FLORENCIA

Aquí les dejo una pequeña selección de grafitis que fotografié en estos días en el Centro Histórico de Florencia, una ciudad que es  ante todo un gran recipiente de arte sacro. Un artista que firma como Blub refresca un poco a los turistas que miran no sólo hacia los grandes monumentos y gigantescos edificios, sino también  hacia los rincones de los callejones oscuros y medievales.

miércoles, 31 de mayo de 2017

BEATRIZ MAGGI

Yo tenía 20 años en 1970. Quería estudiar arquitectura y mantener oculta y en privacidad total mi objetivo más importante en mi vida: convertirme en un buen escritor. Un escritor con cierta originalidad porque ya desde entonces tenía algunas cosas que quería contar.
Me tracé un plan con varios puntos para cumplir esa meta y el principal era no estudiar letras. Alejarme lo más posible de los estudios sistemáticos de literatura. Estaba convencido de que si estudiaba perdería mi osadía o mi inocencia y candidez. Es decir, que ya intuía que la inocencia y la intuición son esenciales para un escritor. Además, no me gustaba el ambiente de la Facultad de Letras. Yo no quería seguir el guión. Quería trazar mi propio camino. Por azares de la vida no estudié arquitectura sino que me ofrecieron una plaza fija  como periodista en una emisora de radio y al mismo tiempo la posibilidad de estudiar Licenciatura en Periodismo en  La Universidad de La Habana. 
Era un curso para trabajadores. Todos mis compañeros eran periodistas ya experimentados y con más de 40  años de edad. Yo era el más joven y bisoño. 
Y allí estaba la profesora Beatriz Maggi. Teníamos que estudiar un panorama de literatura universal, en cuatro años. Al que no quiere caldo dos tazas. Pero la Maggi era un regalo del cielo. Ella nos fue dando clases perfectas, amenas, originales y profundas. La Odisea, Dafnis y Cloe, El Mio Cid, Macbeth, y así. Había que estudiar una obra por semana, pero la Maggi lo convertía en algo muy grato y entretenido y nunca en una agobiante carrera de Marathon. Nos enseñó a amar esos libros y a comprender por qué y para qué fueron escritos.
Han pasado más de 40 años pero recuerdo siempre su clase sobre Dostoievski, centrada en Crimen y castigo. Después de estudiar ese libro cambiaron mis conceptos sobre la escritura y la literatura. Me identifiqué mucho con Raskolnikov. Entender a ese personaje desde adentro me ayudó a madurar como persona y como escritor en ciernes. Ahora veía la escritura como un juego pero al mismo tiempo como una responsabilidad social. La escritura no era sólo un juego como había pensado hasta ese momento. Había algo muy sutil, una duda, que me inoculó Raskolnikov en la sangre, a través de la Maggi. Esa duda es difícil de explicar pero siempre me acompaña. Todavía hoy. Y presiento que seguirá siempre ahí, dentro de mi, como un pequeño demonio inatrapable, que me incinera el corazón. Creo que desde entonces empecé a cultivar y a tener en cuenta a mis demonios, sin menospreciarlos.
Después también tuvimos uno o dos cursos de literatura latinoamericana, con la profesora Nuria Nuiry, que también fueron maravillosos, pero esa es otra historia.
Beatriz Maggi falleció en La Habana, con 93 años, el pasado viernes 26 de mayo 2017. Había nacido en 1924. Estudió en La Habana y en USA y fue además de profesora por más de 50 años en La universidad de La Habana, una gran ensayista con varios libros publicados.
He dejado para el final una nota jactanciosa: En el examen final de aquel curso en que nos enseñó sobre los realistas rusos y franceses del siglo XIX, ponchó a más de la mitad de los alumnos del aula, y éramos casi 50. A mí me dio 99 puntos. ¿Por qué no me dió los 100 puntos? No le pregunté, pero era rigurosa en extremo así que quizás supuso que sería un exceso inadmisible darme el máximo total. "Nobody is perfect", como le dijo aquel viejo feo a Toni Curtis.

lunes, 24 de abril de 2017

CIMARRONES

Cirilo Villaverde (1812-1894) fue a  mi modo de ver el primer narrador de ficción cubano. Su conocida novela Cecilia Valdés tuvo una primera edición en 1839 y una edición definitiva en New York en 1882. Después se han hecho zarzuelas, películas y óperas basadas en esta novela.  Fue un patriota muy activo al extremo de caer preso en 1884. Logró escapar y marcharse a USA, donde vivió el resto de su vida, con breves visitas a Cuba  y siempre con una fuerte participación en la liberación de su país. Escribió además otros libros menos conocidos, entre ellos Rancheador, un relato basado en el diario de Francisco Estévez, "Atila de los palenques" le llamó Villaverde a este hombre.
Los rancheadores eran asesinos contratados por los hacendados esclavistas para perseguir y matar a los esclavos fugados. Cada rancheador organizaba una pequeña partida a caballo, solo o con uno o dos ayudantes, y algunos perros de presa entrenados para localizar, perseguir y destrozar a los esclavos escondidos en el monte. El rancheador los cazaba a balazos y cortaba las dos orejas a cada cadáver. Al regresar  a la hacienda cobraba de acuerdo a los pares de orejas que guardaba en una bolsita de tela.
El padre de Villaverde era un próspero cafetalero con una extensa hacienda al oeste de La Habana, en los montes de Bahía Honda y San Diego de Núñez. En este último pueblo nació Cirilo y vivió su infancia. Después se trasladó a La Habana junto con su familia, donde estudió y se dedicó a las leyes y al magisterio.  Su infancia en una hacienda esclavista le permitió conocer de cerca las miserias inhumanas de la esclavitud. Su padre también usaba los servicios de un rancheador. Y aquí un detalle esencial: Los rancheadores llevaban un diario en una pequeña libreta. Allí anotaban los detalles de la cacería: rutas seguidas, escondites encontrados, cimarrones que se les escaparon, palenques destruidos, etc. Por cierto, palenque se le llamaba a la reunión de cimarrones en un sitio específico, es decir, el asentamiento de estos hombres. El hacendado guardaba esos diarios para usarlos en el futuro y conocer así las rutas y escondites preferidos por los cimarrones. Los esclavos evadidos se convertían en un mal ejemplo porque incitaban a los que quedaban en la hacienda a fugarse o algo peor: a sublevarse. Los cimarrones a veces hacían incursiones nocturnas para robar mujeres esclavas, comida, cerdos, gallinas, etc. La esclavitud usaba métodos tan terribles que estos hombres preferían vivir en sus palenques, en sitios muy inaccesibles e intrincados, pero en libertad total. Un grupo de "apalencados" podía tener hasta 50 y 60 miembros, según cuenta Villaverde en su libro, lo que incluía algunas mujeres y niños.
Alrededor de 1985 yo trabajaba como periodista en Pinar del Río, la provincia donde precisamente se desarrolla la historia testimonial que Villaverde cuenta en su libro. Un investigador de historia y arqueología vino a verme: Había encontrado un palenque abandonado pero  bastante intacto en un lugar muy remoto en las montañas de Bahía Honda, hacia el extremo este de la provincia. Organizamos una excursión y allá nos fuimos. Nos guiaban dos campesinos de la zona. El trayecto, siempre montaña arriba, era en suelos de diente de perro con vegetación de cactus espinosos. En algunos sitios, los campesinos subían, nos tiraban una soga y por ahí ascendíamos varios metros. Al fin llegamos a la cueva. En efecto, estaba todo intacto: unas pocas cazuelas pequeñas de hierro fundido y unas "camas" consistentes en palos colocados paralelamente sobre el suelo. Estos hombres vivían generalmente desnudos o con un pequeño taparrabos, descalzos, por supuesto. Al parecer fueron sorprendidos y huyeron de allí precipitadamente, o peor: fueron asesinados aunque no encontramos restos de huesos ni signos de batalla alguna. Tomamos fotos, revisamos bien el lugar y bajamos de nuevo. Yo -debido al exagerado esfuerzo físico- estuve dos  días ingresado en el hospital provincial. Finalmente el reportaje se publicó en la revista Bohemia.
Se cuenta que Villaverde para escribir Rancheador robó los diarios que su padre guardaba. Ninguno de los libros de Villaverde eran agradables a la Corona española. Todo lo contrario. Al menos este que nos ocupa y Cecilia Valdés, son dos testimonios sólidos y nada complacientes de la época que le tocó vivir.

viernes, 14 de abril de 2017

PEQUEÑOS MOMENTOS


Hace ya 30 años que vivo en Centro Habana, en la foto una vista sobre la calle San Lázaro. Es mucho tiempo para un barrio tan dinámico. A lo largo de estos años he ido guardando en mi memoria a muchos vecinos que con el tiempo han muerto o se han ido a otro país o a otro barrio. Hace muchos años había una viejita que vivía en la planta baja, al lado del edificio donde vivo. Yo siempre andaba apresurado. No sé por qué. Caminaba muy rápido. Creo que le pasa a todos los jóvenes. Pero aquella viejita siempre me llamaba. Miraba la calle detrás de una ventana enrejada. Y me preguntaba algo. Casi siempre por la salud de alguna vecina. Vivía encerrada en su casita, acompañada por una nieta. Su objetivo era buscar algún pretexto para conversar un par de minutos con alguien. Muchas veces en algún momento suspiraba y me decía, sonriendo: "Ah, hijo, ya yo quiero morirme". Y yo: "Ah, no digas eso, ¡solavaya!". Ella sonreía plácidamente y agregaba: "Cada noche, ahí en la cama le pido a Dios que ya me lleve, que ya está bueno. Al otro día me despierto y sigo aquí...no sé...no me escucha". 
Yo en mi ingenuidad innata no entendía aquello. No pensaba que alguien podía estar ya cansado de vivir, aburrido de vivir. Ella era una mujer decente y educada pero  muy pobre y llevaba una vida con muy pocos alicientes. La pobreza y la miseria desalientan. Así estuvo meses, quizás varios años, no recuerdo bien. Al fin una noche inventó alguna enfermedad. Hizo que su nieta la llevara al hospital Calixto García -al lado de la Universidad-. Cuando llegaron dijo que se sentía mejor y no era necesario que la viera el médico. Quería regresar a la casa  en un bici-taxi La nieta alquiló uno. Entonces ella pidió que se fueran por La Rampa bajando hacia el Malecón. Quería ver los escenarios de su juventud. Su nieta me contó después que iba fascinada mirando y le pedía al ciclista que fuera despacio para ella poder ver mejor. Le dijo a la nieta: "Ay, qué bonito, hacía tantos años que no veía todo ésto". Dos o tres días después murió plácidamente, durmiendo. El mejor modo de morir. Le llaman "La muerte de los justos".
Cuento esta historia absolutamente real aunque sé que es tan ideal que no convence. Parece una invención de escritor imaginativo. Pues no. Es totalmente cierta. 
He recordado ésto porque acabo de leer una nota en El País Semanal, firmada por Emma Rodríguez, en la que se refiere a una organización solidaria holandesa denominada Stichting Ambulance Wens (Fundación Ambulancia del Deseo) que desde su creación en 2006 se ha dedicado a cumplir los últimos anhelos de enfermos terminales. Tienen una web donde publican algunas historias. Ya han cumplido más de 7 mil deseos. Disponen de cientos de voluntarios, 6 ambulancias y otros recursos gracias a donaciones pues es una organización sin ánimo de lucro. Y todo eso es posible porque la mayoría de las personas piden simplemente ver el mar por última vez, una visita a la playa, o una comida especial o asistir a un espectáculo de rock. Sólo eso. Al final de su vida nadie quiere complicadas aventuras ni viajes alrededor del mundo. Todo lo contrario. Quieren algo sencillo. Tan sencillo como ese breve paseo en triciclo por La Rampa y El Malecón de noche. Algo que mientras somos jóvenes y apresurados no tenemos en cuenta porque lo hacemos todos los días y...en fin.

jueves, 13 de abril de 2017

LA BELLEZA DE LA MUERTE

Esto es simplemente un pez muerto, varado en la orilla de la playa, sobre la arena. Lo vi en la playa de Guanabo, al este de La Habana,  hace unos días, por la tarde. Yo caminaba aprisa para hacer un poco de ejercicio, pero al ver la belleza que irradiaba de aquello me detuve, le tomé una foto y seguí.  No es nada, un pez muerto, en estado de pudrición. ¿Dónde está la belleza? 
Después descargué la foto y la he mirado detenidamente muchas veces, sin prisa. La fascinación por la muerte. Por los cambios de color que genera la muerte. La entrada en otro mundo quizás. O la entrada en la nada. En el vacío. Nadie sabe. Creo que esa fascinación comenzó cuando yo tenía apenas cinco o seis años. Murió mi abuela paterna, que era una mujer extremadamente dulce y silenciosa. Vivía en otra ciudad, muy lejos de mi natal Matanzas. Mi madre, mi hermano y yo llegamos a las tres de la madrugada a su casa, donde la velaban. Era en el campo cubano en 1955. Las familias tenían la costumbre de velar sus muertos en la casa. Había mucha gente. Somos una familia enorme. Desproporcionada. Y mi padre se me acercó y me dijo: "Vamos para que la veas". Yo quería mucho a mi abuela que era todo un ejemplo de bondad y amor. Yo no tenía idea de qué era una persona muerta. Pero, por intuición tal vez,  me aterré ante la posibilidad  de ver a mi abuela muerta, rígida, dentro de una caja de madera. Me eché a llorar pero mi padre era terco. Insistió. Insistió. Recuerdo que me decía absurdamente: "Sí, tienes que ver a tu abuela". Creo que era una especie de último saludo respetuoso a la abuela. Él lo veía así. Un gesto de respeto y de cariño. Yo tenía miedo y lo veía como algo muy macabro. Al fin, por supuesto, él ganó. Fui al ataúd, la miré por unos segundos, y estuve horas llorando. Ya. Traumatizado con los muertos para el resto de mi vida. El miedo a la muerte. Creo que todos tememos a la muerte. A mí me ha costado mucho desprenderme de ese miedo y llegar a la aceptación. Aceptar lo inevitable. Ha sido un obstáculo en mi vida que he tenido que dominar siempre hasta que hace ya algunos años comprendí que al fin me había librado del miedo a la muerte. Supongo que la edad, la vida larga, intensa y acelerada que he tenido me ha  ayudado a desprenderme de ese miedo. Y de otras muchas cargas innecesarias. Menos mal. Ahora veo este pez muerto en la playa y soy capaz de hacer un simple ejercicio de estética. La belleza de la muerte. 

lunes, 27 de marzo de 2017

HÁBITOS DE LECTURA

Esta es la portada de una nueva edición brasileña de Trilogía sucia de La Habana. A partir de publicar este libro, en 1998, me consideré un escritor. Hasta ese momento era sólo un lector y un aprendiz de brujo. Un lector. Me convertí en un lector furibundo cuando era muy niño. Todos los años me iba de vacaciones (en verano y en Navidad), a la finca de mis abuelos en San Luis, Pinar del Río. Tenía muchos primos y mucha familia. Todavía no había empezado la diáspora  que dividió a las familias. Aquellos meses de vacaciones en el campo son inolvidables. El único problema era por la mañana. Desayunaba y de inmediato me daban deseos de ir al baño. Pero yo le tenía pánico a la letrina que estaba al fondo del patio. Aclaración para los muy urbanitas: Una letrina es un hueco en la tierra donde se acumulan excrementos. Encima le ponen un asiento, casi siempre de madera. El mal olor es horrible. Me aterraba sentarme allí porque pensaba que un majá (serpiente cubana) podía venir por abajo y morderme el culo. ¡No! No quería correr ese riesgo así que cada mañana, después de desayunar, salía corriendo por el camino hasta el pueblo, a medio kilómetro más o menos, y entraba como una tromba en la casa de mi tía Yeya, que tenía un caserón enorme en el centro del pueblo. Pero con un sólo baño. Mis primas cuando me veían llegar casi corriendo, gritaban: "¡Abran paso que ahí viene Pedrito!". Y yo pasaba directo al baño. Unos pocos minutos. Y ya. Tranquilidad.  Entonces me iba a la Quincalla. Me tía tenía una quincalla, en una habitación con un gran ventanal, que daba directamente a la calle. Allí vendía de todo. Desde hilo de coser y agujas hasta artículos de papelería, revistas y periódicos.
Y allí me sentaba en un rincón y me ponía a leer. Comics. Supermán, Batman, La pequeña Lulú, El Pato Donald, etc. Era la época dorada del comic. Los años 50. Yo leía toneladas de comics. Muñequitos les decíamos entonces. La palabra comic vino después. En aquella quincalla había miles y miles acumulados. Los que no se vendían se quedaban allí, nunca se devolvían. Y cuando llegaban las revistas semanales y quincenales mi tía me daba un paquete y yo salía a repartir los números de suscripción y a vender algunas más directamente en la calle, voceando. Fue mi primer trabajo. Ganaba dos centavos con cada ejemplar vendido. Así que mi miedo y asco  a la letrina me permitió entrar en el mundo de la lectura como hábito diario. Y a la prensa, no como periodista, eso vendría después, sino  como expendedor. Una buena manera de empezar. Descubrí además que me gustaba mucho leer la National Geographic y la Mecánica Popular, que también se acumulaban por allí. Al parecer se vendían poco. Más adelante, hacia 1960, se dejaron de importar los comics y las revistas. Y se acabó la diversión, llegó el comandante y mandó a parar, como bien dice la canción de Carlos Puebla. Entonces descubrí las excelentes bibliotecas públicas de Matanzas. Y empecé a leer libros. En mi casa no teníamos libros. Mi madre leía a veces novelitas de Corín Tellado y mi padre de vez en cuando compraba la revista Bohemia. Pero descubrí que en esa revista salía una página con preguntas sobre temas de salud: ¿Por qué hay que hervir el agua de tomar? ¿Qué hacer si tienes un ataque de asma? ¿Qué hacer si te muerde un perro? Cosas así. Yo las contestaba y las enviaba a una dirección que facilitaban. Y  a vuelta de correo recibía paquetes con libros. Ediciones muy baratas pero gigantescas de los clásicos: Balzac, Chejov, Tolstoi, Dickens, etc. Todavía guardo algunas libretas con mis comentarios de cada libro que leía en esa época. Creo que en esos cuadernos  de apuntes está el germen de lo que vendría después, la escritura, como vicio, como hábito, tan intenso y poderoso como el de la lectura. Son las dos caras de la misma moneda.

lunes, 13 de marzo de 2017

¿EL FIN DE LA LITERATURA?

Cada vez hay más indicios de que la literatura ingresa en una fase de coma irreversible. Hace unos días un colega escritor,  radicado hace años en USA, me contaba que ha tenido mucho éxito de ventas con su primera y única novela, editada por una gran editorial de New York. Él escribió una novela sobre un tema histórico, con muchos datos e información, sin riesgos ni experimentos ni nada. Muy convencional, cuidadosa y decente. Es que él mismo es así. Tranquilo, apacible, sosegado. Me comentó que el contrato es confidencial pero que tiene una cláusula no negociable que obliga al autor a entregar un manuscrito donde no se menoscabe, ofenda, ultraje o moleste ni con el pinchazo de una pestaña a nadie por razones de preferencias sexuales, religiosas, étnicas. 
En nombre de la corrección política atan de pies y manos al escritor porque, ¿quién determina que algo es ofensivo o que daña a la moral?  La moral, como bien sabemos, es muy relativa y elástica como un chicle. Mis libros no clasifican. Eso seguro. Yo, no obstante, seguiré escribiendo como entiendo que debo hacerlo, con total libertad y sin tener en cuenta ese tipo de amarres y convenciones. Pero otros escritores sacan sus cuentas. Por ejemplo, mi amigo ha vendido más de 100 mil ejemplares. Es casi millonario. En un ambiente de puritanismo estéril es rentable ser puritano y reprimir lo que tenemos que escribir en aras de ganar dinero. Y de ese  modo entramos en la censura global. El tiempo de la mediocridad puritana. La mentalidad aldeana que conduce directamente al tedio, a la grisura, a la rutina, al estancamiento. Eso por un lado y por el otro lo que ya sabemos: cada día tenemos más entretenimiento al alcance de la mano, por internet sobre todo, y por tanto menos tiempo para leer libros.
Es una combinación mortal para la literatura. Más entretenimiento conduce a menos tiempo de lectura y a no entrenar los procesos de pensamiento que se requieren para leer libros. Y si añadimos esta mordaza que las editoriales ponen a los escritores, ¿qué nos queda? Escribir tonterías. Novelitas previsibles y respetuosas con las buenas costumbres. Es decir que lo que le sucedió a Flaubert en 1857 cuando publicó Madame Bovary, podría repetirse ahora. Recordemos que fue llevado a tribunales por atentar contra la moral. Se salvó porque contó con un avezado abogado y porque soltó su famosa frase: "Madame Bovary c'est moi". Una pena. Ya sé que siempre ha sido así. La historia de la literatura está saturada de censuras. represiones y persecuciones contra escritores. Pero me parece que ahora estamos peor que antes. Y no sólo en USA. En España, mi amiga Wendy Guerra. Su novela Negra fue rechazada por una gran editorial española. Le dijeron que desde el título ya era racista y que adentro estaba conformada por supersticiones y más racismo. Claro se desarrolla entre personajes que practican la santería afrocubana, no puede ser de otra manera. Por suerte la editorial Anagrama la publicó. Anagrama se mantiene como un reducto de la incorrección y la libertad de expresión. 
Quizás es prematuro decir tajantemente que la literatura está herida de muerte y que su mejor tiempo ya quedó atrás. No sé. Lo que sí es seguro es que está herida  y va dejando un rastro de sangre. Se debilita. La debilitan quienes debieran arriesgar y defenderla. Los editores. Pero así están las cosas. Quieren una sociedad de robots. Y dinero seguro y rápido. Y lo están logrando. De ese modo logran que la gente no proteste, no hable en voz alta, no tenga ideas propias. Uniformidad y silencio. No habrá más Bukowski, ni más Celine, ni más Marqués de Sade, ni más Reinaldo Arenas ni más disidentes. Disculpen por sonar tan pesimista pero eso es lo que veo acercarse. La tormenta del silencio.

lunes, 6 de marzo de 2017

MAPA DIBUJADO POR UN ESPÍA

Cada escritor, cuando muere,  deja siempre algún libro a medio hacer. O escondido por algún rincón porque no le apetece o no puede terminarlo. De ese modo se han perdido definitivamente muchos libros. Hay otros que son rescatados, casi siempre por las viudas, o los viudos, como Ted Hughes que rescató casi todos los poemas y cartas de Silvia Plath y se ocupó con eficacia de editarlas y publicarlas.
El caso más notable y reciente es el de Aurora Bernárdez, primera esposa de Julio Cortázar, que publicó dos o tres libros importantes de Julio bastante después de la muerte del escritor en 1984. El más atractivo para mí es Clases de Literatura en Berkeley, 1980. Notable también la obra rescatada por la viuda de Roberto Bolaños. Y qué decir de los libros de Hemingway, publicados sobre todo por Mary Welsh, su última esposa, y por alguno de sus hijos. El mejor sin dudas es París era una fiesta.
Entre estos rescates recientes tenemos Mapa dibujado por un espía, de Guillermo Cabrera Infante y editado en 2013 por Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores, en Barcelona. Es un relato salvado por su viuda Miriam Gómez. Antes la misma editorial había publicado otros dos rescates: La ninfa inconstante (2009) y Cuerpos divinos (2011).
Mapa... lo escribió GCI en 1973. Según su biógrafo Raymond L. Souza en Guillermo Cabrera Infante. Two Island, Many Worlds (1996) dice: "Escrito en 1973, cuando volvió a trabajar después de una grave depresión, el libro le ayudó a reconstruir y exorcizar recuerdos del pasado".
Los hechos que GCI narra en Mapa... ocurren en La Habana en 1965. Como sabemos GCI fue director del magazine cultural Lunes de Revolución, que cerraron en 1961. A él y a otros intelectuales con demasiadas ideas propias los alejaron de La Habana. Eran peligrosos en medio de aquella eclosión de autoritarismo piramidal. Había que salvarlos de sí mismos. GCI va de diplomático a la embajada cubana en  Bruselas. En 1965 viaja a La Habana para visitar a Zoila, su madre, gravemente enferma. Cuando llega ya asiste a su entierro. Unos días después va al aeropuerto para regresar a Bruselas. Un emisario le hace regresar a su casa con el pretexto de que al día siguiente tendría una entrevista con el Ministro de Relaciones Exteriores. Era una mentira. Nunca se reunió con Raúl Roa. Ahí empezó una pesadilla kafkiana que lo retiene por más de cuatro meses en La Habana. Este es un libro electrizante a pesar de que GCI nunca lo publicó en vida porque, "No estoy contento con la narración del libro. Quiero cambiarlo. Pero la pregunta es cuándo. ¿Cómo comprar tiempo?", según le dijo a un periodista.
Creo que es un libro triste e imprescindible, en el sentido que es una memoria de los años 60-70, años especialmente convulsos en Cuba. La literatura es la gran memoria de un pueblo. Lo que no aparece en la prensa ni en los libros de historia debe aparecer en la literatura, que de algún modo es un archivo profundo de cada pueblo.
Yo por mi parte tengo unos cuantos libros de cuentos y poemas y dos o tres novela escondidos por ahí. No me gustan. Viendo cómo están las cosas con la viudas pragmáticas y los hijos eficientes creo que debo decidirme y arrojarlas al fuego. Darles candela diríamos en Cuba. Sí. Creo que es lo mejor. 
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lunes, 27 de febrero de 2017

EL BARCO MISTERIOSO

Una tormenta arrastró este artefacto hasta la playa de Guanabo, al este de La Habana. Es una pequeña lancha, rústica, elemental y muy pesada. Tan pesada y endeble que dudo pudiera flotar más de unos pocos minutos. Hay dos posibilidades: la primera y más probable es que la construyeron para irse ilegalmente de la isla y llegar al añorado Miami. La segunda posibilidad es que la usaban para pescar en aguas costeras pero en algún momento se hundió. Bueno,  en cualquiera de los dos casos, la barca permanecía hundida y una fuerte tormenta caribeña en febrero 2017 la removió del fondo, la destrozó un poco más y la arrastró a la playa.  En realidad parece más bien una pieza de arte povera, pero no es nada tan frívolo. Estoy casi seguro que son los restos de un naufragio, el cual probablemente originó algunos ahogados. Un pequeño drama marino motivado por la pobreza y el desespero. Cerca de este sitio siempre hay gente muy pobre buscando entre las piedras y la arena restos de joyas o monedas que algún bañista puede perder accidentalmente. Cuando camino por aquí en las tardes, los veo escudriñando pero sospecho que jamás encuentran  algo que sirva más allá de trozos de clavos oxidados y pedacitos de metales podridos. Además de basura de todo tipo: botellas, plásticos, trozos de vidrio. El mar trae mucha porquería y los bañistas cubanos se encargan de aportar unas cuantas toneladas más. Muchos de los que viven cerca de las aguas arrojan a la playa sus aguas negras en arroyuelos fétidos que contaminan las aguas de la playa. Los que vienen de visita comen, beben, fornican, fuman y ahí mismo dejan los restos: botellas de vidrio, restos de comidas, preservativos usados, colillas de cigarros y envolturas. Una asquerosidad. Realmente es patético. Asqueante y desmoralizante. La gente ensucia, a veces parece que compiten entre ellos a ver quién deja más basura sobre la arena. Y no hay una autoridad que intente poner orden. Colocar cestos para la basura, empleados que limpien, policías que pongan multas y repriman a los que ensucian. Una campaña de educación y concientización y al mismo tiempo de represión y control. ¡No! ¡Nada! Da igual. No hay la más mínima conciencia social. Y me duele. Los extranjeros que visitan la playa de Guanabo ven aquello y no entienden por qué sucede. Yo tampoco lo entiendo. Es como pasear por una cochiquera asquerosa. Una pena.  En fin, la vida  inexplicable.   Así que esta desafortunada barca  tan fea y arruinada es muy coherente con el contexto adonde fue a recalar: La infeliz playa de Guanabo, que sigue soportando como puede. ¿Hasta cuándo? 

lunes, 23 de enero de 2017

UNDERGROUND EN CUBA

Hasta los perros tienen entrada en la Wikipedia pero el escritor Carlos Montenegro no tiene nada. Aparece poco en internet. Casi no aparece. Su novela Hombres sin mujer, una de las novelas más escalofriantes y brutales de la literatura cubana, está a punto de cumplir 80 años, en 2018.
Carlos Montenegro nació en Pobra do Caramiñal, una aldea de La Coruña, Galicia, el 27 de febrero de 1900, de madre cubana y padre gallego, una familia pobre. Vino para Cuba siendo un niño y a los 14 años se enroló de marinero en un barco. Tuvo una vida agitada e intensa. A los 19 años asesinó a puñaladas a un hombre en una riña callejera en La Habana Vieja. Cumplió en el Castillo del Príncipe una condena de 14 años, 8 meses y 21 días. En la cárcel comenzó a escribir cuentos. Ganó premios en algunos concursos. Atrajo la atención de numerosos intelectuales quienes pidieron su libertad. Pero la demanda no fructificó. Cumplió su condena completa. El 7 de junio de 1931 sale de prisión.
Después tiene una vida ditirámbica. Primero comunista activo, después de derechas y ultraderecha. Trabajó como periodista. Su extraordinaria y muy bien escrita novela Hombres sin mujer sale publicada en la Editorial Masas, de México, en 1938. De nuevo se reedita en México en 1959 y en 1981. En España en 1990. 
En Cuba la primera edición la hace Letras Cubanas en 1994. A partir de ahí registra varias ediciones en Cuba, México y España. Todos estos datos los tomo del prólogo a a la muy documentada edición de 2013 de Letras Cubanas, a cargo de Jorge Domingo Cuadriello.
Esta novela, inusual y extraordinaria, a mi juicio abre lo que llamo la corriente de la literatura underground cubana. Es decir, libros de ficción sobre temas, ambientes, escenarios, personajes e historias "sucias" de los bajos fondos, "historias desagradables" o como quiera llamarles cada quién. Un tipo de narrativa que se aleja mucho de los temas y ambientes de la clase media, que es lo habitual en la literatura moderna mundial. A fin de cuentas, la literatura es un asunto de la clase media.
Hombres sin mujer trata sin tapujos el tema de la homosexualidad violenta y brutal en las cárceles cubanas. El protagonista existió realmente y el escritor ni le cambió el nombre. Montenegro escribió la novela mientras permanecía preso y muchas veces dijo que era ante todo una denuncia a las difíciles condiciones de vida en las cárceles cubanas.
Creo que esa línea underground comienza con Hombres sin mujer, en 1938 y sigue con unos pocos libros más: Boarding Home, de Guillermo Rosales; Antes que anochezca, de Reinaldo  Arenas; algunos de mis libros, sobre todo Trilogía sucia de La Habana y  El Rey de La Habana. Seguramente se puede incluir algún libro de Guillermo Vidal, de Severo Sarduy y de otros autores que vivieron y murieron en el exilio. No puedo entrar ahora a un inventario exacto porque no soy investigador. Soy un simple lector que a veces registra destellos de intuición. Así que dejo el asunto a los estudiosos de la narrativa cubana.
Quiero añadir algo esencial: Hay una literatura cubana luminosa, publicada, estudiada, promovida. Sus autores reciben premios y aplausos: Carpentir, Lezama, Eliseo Diego, etc. Y está muy bien que así sea. Pero por debajo del Yang está el Ying. Por debajo de la luz la oscuridad es la base que sustenta. Por debajo de lo blanco lo negro. Atrás de la sonrisa, el gesto amargo, en los oscuros túneles del underground corren estos libros maravillosos que son como la otra cara de la misma moneda.
Basta anotar que Hombres sin mujer no se publicó en Cuba hasta 1994. Es decir, 57 años después de su primera edición (mexicana). ¿Por qué? ¿Miedo de los editores? ¿Desprecio? ¿Incomprensión?
Bueno, Montenegro se fue de Cuba en 1959 y se alió a grupos de la contrarrevolución. Quizás esa es la explicación para semejante vacío. Él murió en Miami el 5 de abril de 1981 sin ver su novela publicada en Cuba.
En fin, la literatura cubana es mucho más de lo que parece. Pero es difícil abarcarla en su totalidad. La política y sus secuelas siempre se inmiscuyen. Supongo que es cuestión de tiempo y relax. Es una pena porque nos estamos perdiendo libros importantes y dispersos.

lunes, 16 de enero de 2017

MARTHA GELLHORN

Aquí tenemos a Hemingway con su tercera esposa, Martha Gellhorn. Parecen felices y encantadores, pero no fue así. Es sólo imagen pública.
Hay un tipo de periodistas/escritores que se dedican a viajar para después escribir libros de viajes. Generalmente son una pesadez inmetible, muy pocos se salvan. En cambio hay libros de viajes que son clásicos espléndidos. Una pequeña lista personal: Se oyen las musas, de Truman Capote, Through the Dark Continent, de Henry M. Stanley, Naufragios, de Alvar Núñez Cabeza de Vaca,  Viaje a las islas occidentales de Escocia, del Dr. Samuel Johnson. Los millones de documentales de viajes y turismo que pasan en la TV han erosionado un poco los libros del género, pero un buen lector no cambiaría un documental por uno de estos libros bien escritos. En fin, a lo que voy, acabo de leer un libro excelente: Cinco viajes al infierno, (Ed, Altair, Badalona, España, 2011) de Martha Gellhorn.
M.G. nació en St Louis, USA, en 1908 y desde joven comenzó a viajar y a trabajar como periodista porque según escribe: "No me gusta el sitio en que nací y no soporto estar mucho tiempo en un solo lugar". Parece que la compañera tenía algún problemita sicológico de base. En la Navidad de 1936 conoció a Ernest Hemingway en el bar Sloppy Joe`s, de Key West, Florida. Tuvieron un largo romance y en 1940 se convirtió en la tercera esposa del ya famoso escritor. Pero dice el refrán que "Dos narizones no se pueden besar", así que tras un matrimonio poco cariñoso se divorciaron en 1945. Desde ese momento Martha rechazó cualquier pregunta o alusión a Hemingway.
A lo largo de su vida MG escribió más de 20 libros y en 1975-77 se  decidió a escribir los relatos muy condensados de algunos de sus más horribles viajes. La primera historia cuenta un viaje que hizo con Hemingway (no menciona su nombre y le llama "compañero reticente" es decir CR) en 1941 a China, en guerra con Japón. Incluído un encuentro con Chian Kai Shek y su felina esposa. En esa historia Hemingway queda retratado como un tipo eficaz, pragmático, jovial y con mucho tacto y encanto. Otros relatos se refieren a viajes -ya en solitario- en el Caribe en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, en busca de submarinos nazis. Otro por Africa y un cuarto viaje al Moscú soviético para visitar a una vieja escritora disidente de la que nunca sabremos su nombre real ya que  Martha precavidamente no lo escribe y el editor español -más de 30 años después- no tuvo el cuidado elemental de escribir una nota al pie de página aclarando ese detalle imprescindible.
MG fue una mujer progresista, independiente, decidida. Estos reportajes son entretenidos, inteligentes, instructivos. Escritos con sagacidad y oficio, sin aburrir. Después de narrar el encuentro con Chian Kai Shek escribe: "No necesitaba experiencia política para decidir, en unas horas que a aquellos dos gobernantes glaciales no les importaba nada las hordas miserables de su pueblo, y que por lo tanto su pueblo no tenía motivos para quererles. China me pareció conformada por una clase de caciques y decenas de millones de esclavos prescindibles. La guerra no era excusa suficiente para la terrible desdicha de la gente".
Aunque se cuida mucho de esas valoraciones tajantes. En cambio escribe de un modo minucioso para ayudarnos a sacar nuestras propias conclusiones, que es lo que hacen los buenos periodistas. Nunca escribió como una simple turista entretenida mirando cosas exóticas. Este libro se agradece. Ella, en 1998, con 89 años, enferma de cáncer y casi ciega tomó una gran dosis de barbitúricos y se despidió. Por ahora era suficiente.


miércoles, 4 de enero de 2017

LA SOLEDAD PERFECTA

Tengo una imagen triste y extraña en mi memoria: José Saramago, con su traje negro y una corbata roja, sentado ante una mesita en una pequeña caseta. Solo, absolutamente solo.
Tenía cara de tristeza y desamparo. Estaba en El Retiro, en la  Feria del Libro de Madrid. Hace diez o doce años quizás. Eran los años finales de su vida. Alfaguara había publicado uno de sus libros pero los lectores -más bien los clientes- no aparecían para pedirle un autógrafo.
El pobre hombre, cumplidor y disciplinado, aceptó ir a promocionar pero la editorial evidentemente no hizo bien la publicidad. Nadie se enteró. Yo pasé casualmente por allí y lo vi tan compungido que sentí vergüenza ajena.
Me dio pena, pero a mí también me ha pasado tres o cuatro veces. Trabajo mal hecho de los organizadores. La última fue en México DF en octubre de 2015, el Hay Festival. Fueron unas 200 personas a la presentación de mi novela FABIÁN Y EL CAOS, pero la distribuidora mexicana de Anagrama se olvidó de situar los libros en aquel centro cultural. De tal modo nadie pudo comprar la novela. Puro Cantinflas. Ridículo mayor imposible.
Algo más simpático me pasó hace años en esa misma feria de Madrid. Fui a presentar la edición española de MELANCOLÍA DE LOS LEONES, realizada por Odisea, una editorial gay, de Chueca. Anagrama nunca ha querido publicar este librito "limpio" porque desentona con mi "sucia" sinfonía realista. La editorial Odisea compartía caseta con una editorial de lesbianas. Mis editores no hicieron publicidad. No se lo dijeron a nadie. No vendí ni un libro ni firmé nada, pero las lesbianas tenían a mano ron y coca cola. Terminamos achispados y amigos y nos divertimos. Saramago estuvo solo todo el tiempo. No tenía lesbianas alegres cerca, que le hicieran olvidar su soledad.
Claro, es sólo una imagen. Un recurso para ir más allá y hablar de la soledad del escritor. Mucho se ha escrito sobre el tema. Grandes escritores han sido solitarios perfectos y casi siempre un poco neuróticos. Recuerdo fácilmente, sin esfuerzo: J.D.Salinger; Thomas Bernhard; W.G.Sebald: Elfriede Jelinek: Grace Paley; David Foster Wallace.
Todos se pasaron la vida huyendo de las candilejas. La Jelinek fue un premio Nobel singular. Fue a Estocolmo, se vistió de largo, recogió su premio y su dinerito, dijo unas breves palabras y desapareció. Se supone que a los Nobel les hacen la vida imposible durante un año y que ellos deben aceptar todas las invitaciones. Pero la Jelinek se convirtió en un fantasma. Y creo que hizo bien. Jorge Amado, el brasileño, para poder escribir con tranquilidad tenía que huir de su casa. Una agencia de turismo de Salvador de Bahía incluyó la casa del escritor en su itinerario de autobuses diarios. Varias veces al día paraban los autobuses frente a la casa para que los turistas tomaran fotos e intentaran ver al escritor.
Con frecuencia recibo cartas saturadas de cariño de lectores apasionados que quieren venir a La Habana y propiciar un encuentro conmigo. Habitualmente no contesto y cuando lo hago les aconsejo que no conozcan a los escritores. No merece la pena. Es mejor quedarnos con los libros solamente. A veces me pregunto: ¿Qué más quieren saber de mí? En mis libros me entrego en strip tease. ¿Quieren más? Pues no. Lo siento pero no puede ser.
Yo conozco a muy pocos escritores, y me parece demasiado. Cuando nos encontramos hablamos poco y de cualquier cosa menos de libros y literatura.
Hoy en día la tentación generalizada de los escritores con cierto éxito es convertirse en personajes mediáticos como si fueran payasos o cantantes de rock. Y corren de feria en feria.
A veces me escriben lectores que sólo quieren saber si escribo algo y cuándo sale mi próximo libro. Les contesto: Por ahora no escribo nada. Por las tardes me siento en mi terraza a beber ron y a escuchar boleros. Y nada más. Soy un perezoso. Y un cantante de boleros frustrado.