Mi casa

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© Héctor Garrido

lunes, 25 de marzo de 2019

AUTOBIOGRAFÍA DE ALEJO CARPENTIER

Cada día creo más en la Ley de Atracción  Universal. Al día siguiente de escribir el post anterior encontré en un rincón de una librería de uso, cerca de mi casa en Centro Habana, el libro Recuento de moradas, de Alejo Carpentier. Es muy interesante, podría ser un best seller en cualquier país hispanohablante, pero Letras Cubanas hizo la edición en 2017 apenas con dos mil ejemplares. Es decir, nada. De este libro podrían vender 50 mil copias en pocos días. En fin...el mar, como diría Guillén.
A lo que voy: Se trata de una autobiografía que Alejo comenzó a escribir en París en los años 30. Pero apenas escribió 124 páginas, que abarcan desde su nacimiento hasta que zarpa de La Habana en el vapor Espagne con dirección a Francia, el 15 de marzo de 1928. Tenía apenas 23 años.  Una pena que no dedicara tiempo a terminar o al menos avanzar un poco más en este libro.
Los investigadores Armando Raggi y Rafael Rodríguez Beltrán hicieron un excelente trabajo de edición, con un documentado prólogo que ubica bien al lector en la desastrosa y caótica política cubana en las primeras décadas del siglo XX, es decir, el escenario en que se desarrolla Carpentier. Y además, una gran cantidad de notas a pie de página que informan y amplían con precisión cada detalle en el texto.
Aclaran además, con documentos legales, que Carpentier nació el 26 de diciembre de 1904 en la ciudad suiza de Lausana, con el nombre Alexis Carpentier Blagoobrásov. Sus padres eran el marsellés Georges Julien Carpentier y la rusa Ekaterina Vladimirovna Blagoobrásova. Ambos habían nacido en 1884. Los tres vinieron a Cuba en una fecha imprecisa entre 1908 y 1909.
Carpentier cae en la cárcel como preso político bajo la dictadura de Machado, por delito de rebelión, en julio y agosto de 1927, ya que era un activo revolucionario. Según el juez "...habíamos conspirado contra la seguridad del estado, aspirando a suplantar el gobierno constituido por una dictadura bolchevique". Tras 41 días de encierro es liberado bajo fianza en espera del juicio. Renuncia a su ciudadanía francesa para evitar que lo expulsaran del país como "extranjero indeseable" y organiza su fuga en un barco, para lo cual usa los papeles de identificación de su amigo francés, el poeta surrealista Robert Desnos. Además, como siempre tuvo tanta disciplina y pasión por el trabajo, en la cárcel comenzó a escribir su primera novela: ¡Ecué-Yamba-Ó! que se publicó en Madrid en 1933, "...de la cual he renegado desde entonces por motivos estilísticos". En esta novela usa mucha información sobre santería afrocubana, ñañiguismo, etc. recopilada hablando con otros presos que "...jamás hubiera podido interrogar de no haber compartido el mismo encierro".
Recuento de moradas se lee como una novela intensa y apasionante. Escrita sin pretensiones de "hacer literatura", utiliza una prosa rápida, precisa, efectiva, que nos arrastra sin poder soltarla hasta que termina abruptamente. El libro reproduce además fotos familiares y documentos legales inéditos. Por supuesto, Alejo no es totalmente sincero en estas memorias. Por ejemplo, siempre presenta como normales las relaciones con su padre  pero en algunas de las cartas a su madre desde París (publicadas en Cartas  Toutouche, ver post anterior) se desahoga y describe los maltratos y continuas humillaciones que el padre le hacía sufrir, "Por eso tengo un recuerdo abominable de mi infancia y adolescencia". Después de leer Recuento de moradas sentimos a un Carpentier mucho más humano y cálido. El archivo carpenteriano por suerte ha quedado íntegro en La Habana, así que podemos suponer que seguirá produciendo algo más. Por ahora agradecemos este nuevo  regalo de los editores y la Fundación Alejo Carpentier.

lunes, 18 de marzo de 2019

LA VIDA MISTERIOSA DE ALEJO CARPENTIER

Alejo Carpentier es, sin dudas, el escritor cubano que con más recelo y éxito preservó su vida privada de miradas indiscretas.
Nunca habló o escribió sobre su infancia, marcada por el abandono traumático de su padre, quien se "perdió" para siempre cuando él era un niño y vivía en el campo (Loma de Tierra), cerca de La Habana. Tampoco se refirió jamás a la precaria situación económica en que quedaron él y su madre. Se sabía muy poco sobre su vida en París de 1928 a 1939, adonde fue a trabajar intensamente y a abrirse paso.
Cuando murió en París en 1980, a los 76 años, había nacido en 1904, era agregado cultural de la embajada cubana en Francia desde hacía muchos años. Su viuda, Lilia Esteban Hierro -Marquesa de Esteban, y nieta del inefable y matancero Marqués de Esteban- preservó con Fierrus Manu o Manu Militari,  como prefirais, el archivo del escritor, y creó en La Habana la Fundación Alejo Carpentier. 
Lilia murió en La Habana,  a los 95 años, en 2008. Entonces los investigadores pudieron acceder al anhelado archivo y rápidamente, en 2010, la editorial Letras Cubanas publicó una bomba: Cartas  a Toutouche. Es la colección de cartas que Alejo escribió a su madre desde París. Ella vivía precariamente en La Habana y sobrevivía dando clases de piano. Ahí vemos por primera vez a un Alejo humano, con luces y sombras. Un hombre normal, con ambiciones, deseos, miedos, angustias, valor, carácter, rigor, ilusiones, accesos de melancolía y tristeza. En fin, un hombre como todos y no un mito santificado e intocable.
Cuando comienza la Segunda Guerra Mundial, en 1939, Alejo regresa a La Habana, donde vive de 1939 a 1945. Trabaja escribiendo guiones de radio, organiza eventos de música y hace de todo un poco. Se divorcia de su primera esposa y en 1941 se casa con Lilia.
Después vive en Caracas, de 1945 a 1959. Ya en ese año regresa a La Habana, ocupa varios cargos oficiales en la revolución, entre ellos Director de la Imprenta Nacional recién creada. Ahí prestó un excelente servicio a la labor editorial de libros ya que en Cuba nunca habían existido editoriales de esa envergadura. Después fue agregado cultural en París hasta su muerte en 1980. Por cierto, según me dijo hace poco un reputado y serio investigador de literatura cubana, en ese momento estaba propuesto para el premio Nobel, con grandes posibilidades de obtenerlo. Pero La Parca se adelantó  a los académicos suecos.
En 2013, Letras Cubanas publicó el Diario (1951-1957) de Carpentier en Caracas, libro que aporta un poco más al conocimiento de la vida del escritor. Este Diario lo escribió de un modo inusual: en hojas sueltas, a máquina, con una o dos entradas al mes. A veces pasa meses sin escribir nada.  Se refiere sobre todo a comentar libros que lee, música que escucha, encuentros con amigos, opiniones sobre los manuscritos en que trabaja, ideas para novelas y relatos.  Muy poco, casi nada, sobre su vida íntima. A veces anota unas palabras sobre tristezas y angustias "inexplicables".
Al Diario, explican los editores, le faltan páginas que, obvio, fueron sustraídas, y hay tachaduras.  Los  editores creen que él lo escribio con todo ese cuidado para poder publicarlo algún  día. De ahí que sea comedido y deje fuera su vida privada. Llama la atención que en las páginas 167 - 169 expone algunas ideas personales sobre la prostitución y las prostitutas, algo asombroso en este hombre que tanto se esforzó en mantener su imagen pública de hombre equilibrado, ordenado, sistemático y cultísimo.
Lo cierto es que he disfrutado mucho leyendo este Diario  que abarca el período en que él escribe El acoso, Los pasos perdidos, El Camino de Santiago, y además comienza la gestación y escritura de su obra maestra El siglo de las luces.
Ahora, en 2018, Letras Cubanas publicó otro libro extraído también del archivo del escritor: Recuento de moradas. Pero no lo he podido encontrar hasta ahora. Cuando menos lo piense lo veré en un rincón de alguna librería de barrio. Es así en este país imprevisible. Paciencia, mucha paciencia, como decía Chan Li Po.