Mi casa

Mi casa
© Héctor Garrido

lunes, 9 de diciembre de 2019

FLANNERY O' CONNOR

 
Flannery-O'Connor 1947.jpgPersonajes que aparentan ser inocentes pero que en unos pocos movimientos reveln su verdadera naturaleza retorcida y malvada. Gente perversa. Vendedores de Biblias que esconden una petaca de whisky y naipes en  una Biblia hueca y encima le quitan una pierna artificial a una joven, intentan violarla y al final le roban la pierna y la dejan abandonada en un granero. Asesinos, vagabundos malditos, niños incendiarios, mujeres que desde la ventana de la cocina observan todo, impotentes, rumiando el modo de  vencer el miedo y vengarse. Pero al final pierden.
Ese es el mundo de los cuentos de Flannery O' Connor, que nació en Savannah, Georgia, en 1925, y falleció a los 39 años, en 1964. Vivió casi siempre en el campo, aquejada desde 1951 de una grave enfermedad de la sangre que la llevó a usar muletas. Escribió dos novelas y 31 cuentos en esa breve vida, además de criar pavos en su granja.
Sus Cuentos completos fueron publicados en 1971 por Farrar Straus and Giroux, en New York, y en español en 2005, por Lumen. Son perturbadores. Me recuerdan las atmósfera de pobreza eterna y retorcimientos de Faulkner, Carson Mc Cullers, Sherwood Anderson y Erskine Caldwell. Todos en el campo. No son escritores urbanos sino de gente que vive en granjas o en pueblos pequeños y anodinos, en el sur de Estados Unidos, donde hay negros que hasta pocos  años atrás fueron esclavos (o sus padres y abuelos) y caminan silenciosos, trabajan, sudan, y funcionan como elementos imprescindibles en la atmósfera de cada historia. Gente marcada por la pobreza y las rutinas diarias. Personajes de los que no podemos esperar nada bueno porque nacen marcados por Dios para sufrir y retorcerse. Atmósfera cerrada y sórdida, dura y sin salida posible. Cada cuento es una trampa perfecta, terrible, oscura.
No hay lluvia que aplaque el polvo. No hay flores. No hay pájaros que canten en los árboles, no hay crepúsculos hermosos. No hay color. Todo es gris y negro. No hay una limonada fría a la hora de más sol y calor.
Sólo tenemos delante patios y caminos polvorientos, silencio, extraños que llegan con malas y solapadas intenciones, niños mudos o con retraso mental, viejos agotados. Un poco deprimente, como fue la vida de la autora.
No obstante, merece la pena leerlos porque fue una gran escritora. Yo los leo en pequeñas dosis. Y además, pongo distancia. Dejo un espacio vacío entre esa atmósfera y yo. No hay otro modo.

lunes, 25 de noviembre de 2019

LECCIONES DE NABOKOV


VLADIMIR NABOKOV: PLAYBOY INTERVIEW (1964) - Scraps from ..."El estilo y la estructura son la esencia de un libro, las grandes ideas son idioteces". Este era el eje central que Vladimir Nabokov sostenía en sus clases en las universidades estadounidenses de Wellesley y Cornell entre 1941 y 1955. En su casa en Ithaca, Cornell, terminó su autobiografía Habla, Memoria. Y en el patio de esa casa, Vera, su mujer,  le impidió quemar el manuscrito de Lolita,  que terminó en 1953.  Cuando llegó allí contaba con 50 años y ya estaba agotado.
Nacido en San Petersburgo en 1899 en una familia rica y aristocrática, fue al exilio en 1919 para huir de los bolcheviques. Vivió en Berlín y París hasta 1940, cuando huyó a USA para alejarse de Hitler y la barbarie. Durante los primeros años en Berlín se ganó la vida de un modo inverosímil, dando clases de inglés, francés, boxeo, tenis y prosodia.Después fue escribiendo poco a poco una buena cantidad de libros interesantes y profundos, en ruso. En USA se dedicó a la entomología, la enseñanza, y a seguir escribiendo, pero en inglés. Hasta que se hizo rico en 1955 al publicar Lolita.
En la introducción a su Curso de Literatura Europea, afirma de un modo tajante y preciso: "La literatura es invención. La ficción es ficción. Calificar un relato de historia verídica es un insulto al arte y a la verdad. Todo gran escritor es un gran embaucador, como lo es la architramposa Naturaleza. La Naturaleza siempre nos engaña... hay en la Naturaleza todo un sistema maravilloso de engaños y sortilegios. El autor literario no hace más que seguir el ejemplo de la Naturaleza".  Siempre insistía en este concepto. Recordemos que  su novela Lolita necesitó una decisión de un juez para ser distribuida en USA. Él fue obligado a jurar ante el juez, con una mano sobre la Biblia, que jamás había tenido relaciones sexuales con una adolescente y que todo el libro era producto de su imaginación.
En ese Curso... más adelante, leemos: "Hay tres puntos de vista desde los que podemos considerar a un escritor: como narrador, como maestro y como encantador. Un buen escritor combina las tres facetas, pero es la de encantador la que predomina y la que le hace ser un gran escritor".
"Las tres facetas del gran escritor -magia, narración, lección-  tienden a mezclarse en una impresión de único y unificado resplandor, ya que la magia del arte puede estar presente en el mismo esqueleto del relato, en el tuétano del pensamiento".
En este Curso...él estudia de un modo original siete novelas clásicas europeas: Mansfield Park,de Jane Austen; Casa desolada, de Charles Dickens; Madame Bovary, de Gustave Flaubert; El extraño caso del Dr, Jekyll and Mr, Hyde,  de R.L. Stevenson; Por el camino de Swan, de Marcel Proust; La Metamorfosis, de Franz Kafka; y Ulises, de James Joyce.
Nabokov murió en Montreux, Suiza, en 1977 y era considerado ya un clásico del siglo XX. Me gustan casi todos sus libros publicados en español, unos veinte títulos aproximadamente. Quizás es sólo una sensación muy subjetiva, pero siempre percibo en sus textos una cierta distancia aristocrática, elegante, imperiosa. Como de  alguien que jamás duda de lo que escribe y que está acostumbrado a imponer su criterio y a tener toda la razón. Repito, quizás es sólo una percepción mía y no es así. De todos modos, me gusta ese saborcillo de perfección inevitable.
Este Curso... lo releo al azar y siempre encuentro frases y afirmaciones memorables y útiles a mi oficio, como esta: "El escritor puede ser un buen narrador o un buen moralista, pero a menos que sea un encantador, un artista, no será un gran escritor".


domingo, 27 de octubre de 2019

BANKSY Y EL DESCONCIERTO

Los críticos y eruditos no saben qué pensar sobre Banksy. ¿Es un artista genial o un simple mercader que sabe cómo manejar el marketing en cada momento? Yo creo que el 5 de octubre de 2018 pasó ya a la historia del arte contemporáneo.
Ese fue el día en que en la casa de subastas Sotheby's, en Londres, el dibujo Niña con globo se autodestruyó en el momento en que el subastador dio el macetazo  para vender la obra en 1 millón 180 mil euros. Un mecanismo con cuchillas, que Banksy había ocultado dentro del marco cortó en tiras la obra. Según explicó el artista, al día siguiente en Instagram, el mecanismo se trabó y sólo cortó un pedazo del dibujo pero la idea era  destruirla totalmente. La casa subastadora no sabía nada y todos quedaron sorprendidos, vendedores y compradores. Banksy citó a Picasso para comentar su action painting: "La necesidad de destruir es también una necesidad creativa".
¿Épater á la bourgeoise? Si. De eso se trata. Asombrar, molestar, impresionar, confundir, desconcertar, engañar a  los burgueses. Ir a la contra. Burlarse de ellos que se lo toman todo tan en serio. Y si encima les puedes quitar un poco de dinero, mucho mejor. 
Es lo que debe hacer siempre un artista. Idear algo nuevo, no repetir cómodamente una y otra vez. Y si además lo haces con sentido del humor desacralizas un emporio, un templo convertidor del arte  en dinero, como es la famosa casa de subastas londinense. 
Ahora, un año después de su performance en Sotheby´s, Banksy volvió a la carga en septiembre con una subasta de 44 de sus obras. Y el pasado 3 de octubre 2019, también en Sotheby´s uno de sus óleos de gran formato que muestra la Cámara de los Comunes británica repleta de chimpancés se vendió por 11 millones de euros en una subasta. La casa lo había tasado en un máximo de 2 millones 250 mil euros. Sólo que en este caso el cuadro había sido adquirido directamente del artista en 2011 por un coleccionista.
Así que este joven de 45 años, nacido en Bristol, anónimo, seguirá  divirtiéndose  y ganando mucho dinero. Y los eruditos que intentan ponerle una etiqueta seguirán sin saber qué hacer.

miércoles, 23 de octubre de 2019

DIARIOSDE JOHN CHEEVER (2)

John Cheever (1912 - 1982) tuvo una vida atormentada e infernal hasta el último minuto. Es la conclusión inevitable cuando se leen sus diarios.  El diario original tiene 4300 páginas, en 28 volúmenes. Abarca desde fines de los años '40 hasta 1982. Su viuda y los tres hijos lo vendieron en 1990 a la Biblioteca Houghton, de Harvard.  Un año después vendieron los derechos a Random House, con un anticipo de un millón 200  mil dólares. La selección publicada es de unas 500 páginas. Su viuda declaró que no podía leer todo eso. Sólo leyó unas pocas páginas "...porque es él, no yo. Todo eso es él". Ella es tratada con especial dureza y odio visceral cada unas pocas páginas. La edición en español se beneficia por unas atinadas notas al pie y una cronología, escritas por Rodrigo Fresán. Son amplias y nos ubican muy bien en el contexto espacial y temporal del infeliz Cheever.
Lo mejor es que nunca tuvo piedad consigo mismo. Aquí está todo. Una noche de alcohol y sexo homosexual y al día siguiente arrepentido y pensando que debe ir a rezar y a pedir perdón en la iglesia. Ama a su esposa pero en cuanto ella le pone cara avinagrada, lo que sucedía continuamente,  quiere irse y dejarlo todo atrás. No se atreve. No tiene valor y sigue aguantando. Quiere ser millonario y famoso y sueña con los discursos que dirá cuando gane tal o más cual premio. Odia a Salinger, a Saul Bellow, a Mailer y a todos. Lee una novela de Mailer "para quemarla cuando termine", los envidia en secreto, pero en público hace como si nada. En la página 58: "No nací en una verdadera clase social, y desde muy pronto tomé la decisión de infiltrarme en la clase media como un espía para poder atacar desde una posición ventajosa, solo que a veces me parece que he olvidado mi misión y tomo mis disfraces demasiado en serio". Y se inventó una alcurnia que nunca tuvieron sus antepasados.  Y así con todo. Alcohol, tabaco, sexo homosexual, vida conyugal y familiar, todo. Quiero y no quiero.
Una vida marcada por la incertidumbre, la insatisfacción, la vanidad, la indecisión, la carencia total de seguridad y confianza en sí mismo.  A lo largo de su vida fue atendido por varios siquiatras. Se casó en 1940 con Mary y se soportaron hasta 1982 cuando el escritor falleció. En 1966 una siquiatra lo clasifica como  narcicista, neurótico, egocéntrico, sin amigos y que además, para justificarse se ha inventado una esposa maníaco-depresiva. Después en 1973, comenzó a tener eventos de delirium tremens debido a su alcoholismo incontrolado. Estuvo internado en hospitales varias veces por este motivo.
Cheever escribió este diario a lo largo de toda su vida, con la intención de publicarlo, pero nunca se decidió. Me gustan los diarios, memorias y autobiografías de escritores. Son aleccionadores.  Sólo que habitualmente hay que leer entre líneas porque nadie  entrega sus secretos más íntimos fácilmente, como hace aqui Mr. Cheever. Muy bien. Ahora comprendo mejor sus cuentos y novelas. Pobre hombre.

viernes, 18 de octubre de 2019

DIARIOS DE JOHN CHEEVER (1)

Hace un par de días entré en el micro Fnac de Marbella (Andalucía) para curiosear un poco y de paso comprobar si tienen a la vista mi última novela, publicada en Anagrama en junio pasado. Este chequeo medio neurótico lo hacemos todos los escritores aunque, claro, ninguno lo reconozca en público.  Bueno, pues Estoico y frugal no estaba a la vista. Volví a mirar en todos  los estantes y no.  Sólo tenían la Trilogía sucia de La Habana y El Rey de La Habana. Muy serio le pregunté a un empleado que sacaba libros de unas enormes cajas plásticas y las colocaba en los estantes. Y su respuesta fue con una gran sonrisa (esto parece un spot publicitario pero fue así como sucedió): "Sí, aquí está. Se nos ha agotado dos veces y lo pedí de nuevo". Y sacó diez o doce ejemplares y los colocó en el estante. "Ah, bien, muchas gracias", le contesté, ya tranquilizado. Y es que he recibido en estos  días dos quejas de lectores mexicanos del DF que han buscado la novela en Ghandi y en la librería del Fondo de Cultura Económica y no la tienen. Así que entré al pequeño FNAC andaluz inyectado con ácido en la yugular. Pero tuve un  "Final feliz" como en los masajes que me dan las filipinas en el centro de masajes aquí al frente. Todo bien.
Entonces fijé la vista en una nueva edición de los Diarios de John Cheever. Cuando salió en español por primera vez, creo que en 1993, no la compré porque en ese momento estaba aburrido de Mr. Cheever. Había intentado leer sus cuentos y no podía. Para mi gusto demasiado clase media alta. Yo tengo muy arraigado el concepto de que la literatura es un asunto de la clase media. Escritores, lectores, traductores, críticos (sólo los editores y distribuidores llegan inevitablemente a millonarios), los demás, incluidos los libreros pequeños, somos clase media. Y cuidado, porque si pierdes el sexto sentido puedes caer a ser un adulto mayor de renta baja o muy baja. Y además, un escritor serio lo único que puede hacer es escribir sobre aquello que más conoce, es decir, sobre sí mismo y sus alrededores. También puede, si se ve muy apretado, escribir una novela policiaca y venderla a una editorial grande y comercial. Y después aguanta lo que viene. "Aguanta el marrón" dicen en España.
Pero a pesar de tener claros estos conceptos me jodía ese regodeo mezquino de Cheever con los privilegios  que le proporcionaba el contexto en que había nacido. Y jamás salía de ese pequeño y retorcido mundo. Sospecho que  en el fondo de mi alma unas gotas de envidia (no sana sino agresiva) oscurecían mi visión sobre el tema y hacía que me cayera mal el Mr. Cheever, apodado "El Chejov" de los suburbios.
Después, con los años y la vida, perdí esa inflexibilidad e intolerancia, y comprendí que Cheever no podía hacer otra cosa y estaba bien lo que hacía. Además escribía cuentos para ganarse la vida y publicarlos en The New Yorker, una revista muy bien diseñada para agradar a la clase media americana que, como The Paris Review, y lo digo por experiencia propia, exigen al escritor que cumpla determinadas reglas de corrección política, como si uno fuera un aséptico escritor de guiones de telenovelas. Así que ahora me leo a Cheever en diminutas micro dosis porque sigo sin soportarlo con 400 páginas de un golpe. 
Es que escribía sus cuentos con la fórmula New Yorker donde dos más dos tiene que dar cuatro  obligatoriamente. Si al escritor le conviene que esa suma de cero o siete no puede ser. Tiene que aguantarse y escribir algo previsible, académico, convencional y dentro de la correción política más  dañina y encaminada a recibir premios y aplausos.
Entonces, decía, cogí el libro, leí unas cuantas líneas ad libitum y me gustó. Me pareció que era otra cosa. Lo compré y lo estoy leyendo. Y sí. Es otra cosa. Muy interesante. Creo que lo comentaré en la próxima nota en este blog. 

lunes, 30 de septiembre de 2019

LOS OBJETOS DESAPARECIDOS

 Este libro lo compré en el Museo Magritte, de Bruselas, en 2012. Me encanta mirarlo de vez en cuado. Y comprobar la enorme velocidad de los cambios en el siglo XX. Este libro está hecho a partir de catálogos franceses y belgas de venta por correo de principios del pasado siglo. No hay nada plástico. Como sabemos, el plástico, aunque se inventó desde fines del siglo XIX, se extendió sólo después de la II Guerra Mundial, es decir desde 1945. 
Pero en este catálogo todo está construido con madera, metal, textiles, vidrio y cuero. Todo es más duradero, más sólido. Después de la Guerra el plástico fue invadiendo lentamente nuestra vida hasta hacerse imprescindible. Y ya sabemos hoy el grado de contaminación con plásticos que sufrimos. También cambió la filosofía de vida. Autos, aviones, cine, televisión, psicología, internet, velocidad. Todo, absolutamente todo  a nuestro alrededor está diseñado y previsto para que vivamos con más rapidez, más comunicados, con inmediatez. Y eso está muy bien. Es el lado bueno del asunto. El lado malo es que siempre hay algo nuevo que podemos desear. Nos mantienen narcotizados con el futbol, el beisbol, las redes sociales. El espíritu de la época es el mercantilismo y la tecnocracia. Atrás queda el humanismo y la vida espiritual. Para muchos es un anacronismo de mal gusto hablar de "vida espiritual".
Es difícil hoy vivir con lentitud, con paz interior y darnos tiempo para disfrutar de un libro precioso como este catálogo. Yo sí saco tiempo para recordar un poco cómo fue mi infancia, qué había en mi casa. Qué aparatos y objetos usábamos entonces. Nací en 1950, es decir que he tenido tiempo suficiente para ser testigo y actor de muchos de estos cambios. Y lo agradezco.

50 AÑOS DE ANAGRAMA

A veces me cuesta ir a fiestas y reuniones multitudinarias.  No le encuentro sentido a una reunión donde hay cientos de personas hablando y sonriendo en medio del ruido. De todos modos, la fiesta en Barcelona por el 50 aniversario de Anagrama, el pasado jueves 26, fue algo especial. Desde 1998 esa editorial comenzó a publicar mis libros, que no se podían editar en Cuba. Así que gracias al agudo olfato de Jordi Herralde seguí escribiendo y publicando. Por ahora son nueve títulos de narrativa en estos años. Hay más.
La vocación de la editorial es buscar y publicar lo difícil, lo que rebasa los límites que impone la correción política. Los libros que van más allá de lo convencional. Los escritores que escriben asépticamente, con la punta de los dedos, no caben en este grupo. Muy pocas editoriales en el mundo se atreven a sacrificar ventas en aras de romper limitaciones, convencionalismos y censuras y darle algo diferente al lector.
Un editor que crea en uno es esencial. Un escritor no puede escribir para guardar los manuscritos en una gaveta. Cuando veo el libro ya impreso y terminado deja de ser mío. Siento que no me pertenece. Ya quedó atrás y trato de olvidarlo rápido. Porque un libro no se escribe solo. Lo escribo con sangre, sudor y lágrimas, así que es mejor olvidarlo y pasar a otra cosa. En ese proceso de escribir-publicar-olvidar llevo  21 años. 
Herralde tiene ya 86 años y hace unos años vendió la editorial a Feltrinelli. Pero se mantiene el perfil de siempre. El catálogo histórico por los 50 años, que regalaron a los que fuimos a la fiesta, es impresionante. Desde que comenzaron en 1969 tuvieron que enfrentar la censura impuesta por la dictadura de Franco, pero siguieron adelante, con valor y tenacidad. A partir de 1974, con la democracia, las cosas fueron más fáciles  y la editorial se consolidó en todos  los sentidos. 
En la fiesta se me acercaron muchas personas a saludarme, a decirme que leen mis libros y los guardan. Me cuentan anécdotas y me tratan como si fuéramos amigos de toda la vida. Y lo agradezco. Que la lectura de un libro te haga sentir que ya nos conocemos de toda la vida es algo mágico. Yo sonrío, satisfecho como un gato ronroneando. Y le deseo mucha salud y larga vida a Jordi y a su compañera Lali Gubern, y al  pequeño team de Anagrama. Seguimos.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

PAUL BOWLES

Acabo de leer uno de los libros más instructivos de Paul Bowles: Memorias de un nómada (Without Stopping), que publicó en 1972. El editor le añadió un Índice Onomástico con los nombres de más de 300 escritores y artistas importantes que aparecen en el libro y que Bowles conoció y trató, desde Gertrude Stein hasta Truman Capote,  Krishnamurti y Peggy Guggenheim. Con una infancia, en Nueva Inglaterra, USA,  marcada por un padre odiosamente severo y una madre anodina, Bowles con 16 años escapó a París. Rechazó tanto a sus padres que simplemente se alejó e hizo su vida  a su manera. Su "técnica" consistía en acercarse a artistas destacados que le pudieran enseñar algo más. De ese modo Aaron Copland, por ejemplo, fue fundamental para aprender a componer música. Vivió de 1910 a 1999, cuando murió en Tánger a los 89 años. 
Tuvo una relación muy libre con Jane Bowles (1917 -1973) quien era bisexual y murió en un sanatorio en Málaga a los 56 años debido en buena medida a sus excesos con el alcohol y a las secuelas de un derrame cerebral que sufrió en 1957. Ella escribió apenas una novela excelente, un puñado de relatos y una obra de teatro. Paul, en cambio, no paraba. Escribía, viajaba y componía música incesantemente y creo que de un modo  paranoico. Necesitaba escapar continuamente. No podía parar. Sospecho que escapaba de sí mismo.
Como sabemos, los escritores y artistas norteamericanos en la primera mitad del siglo XX se fugaban a Europa. Y también a Africa, Asia y América Latina, en busca de aire fresco. La sociedad norteamericana les parecía demasiado opresiva. Se entiende. Casi todos habían nacido en represivas familias WASP. Bowles lo expresa claramente en muchas ocasiones a lo largo del libro. Sólo iba a Estados Unidos cuando tenía algún trabajo específico. Y en cuanto terminaba y cobraba se largaba de nuevo en el primer barco que saliera de los muelles. Inventaba siempre nuevos destinos. Le daba igual llegar a La Habana que a Panamá o a París, o Tánger.
Estas Memorias, por supuesto ocultan cuidadosamente todo lo escabroso en la vida de Bowles, como su homosexualidad, por ejemplo. Queda mucho entre líneas. De todos modos, es un mito. Su vida y su obra son muy atractivos y han generado miles de artículos, reseñas, libros, documentales y recuerdos de todo tipo. Hacia el final del libro, escribe: "...desde que empecé este libro llevo meses seguidos en Tánger eligiendo, de entre el inmenso número de fragmentos de recuerdos desenterrados, los que pueden servir a mi propósito. Los utilizo para reconstruir pieza a pieza un esquema ordenado, procurando no forzar en él ninguna parte que no encaje." Y está muy bien, a pesar del lógico pudor que permea cada página. Está muy bien y se agradece. 

domingo, 22 de septiembre de 2019

LA CUEVA DEL GATO

Aquí estoy hoy domingo, al mediodía, muy cerca de la entrada a la Cueva del Gato, esto es a unos kilómetros de Ronda, Andalucía. En la Galería del Caballo hay un ciervo pintado en ocre, de una edad aproximada de 20 mil años. Es decir, una pintura rupestre del Paleolítico Superior.  Y más adentro se han encontrado restos arqueológicos de 12 mil a 3 mil años, aunque todo muy expoliado por la falta de cuidado desde que en 1914 se descubrió el lugar. Un poco más adentro hay un conjunto de pinturas rupestres de épocas neolíticas y  calcolíticas. Pero no han sido bien estudiadas. Ahora el acceso está muy limitado y las autoridades han desplegado suficientes medidas de protección y conservación. De hecho no pude entrar. Hay que reservar con  tiempo suficiente.
Por dentro de la cueva transcurre el río Guadares que al salir se une como afluente al Guadairo. Y cerca, relativamente, está la famosa Cueva de La Pileta, con abundantes pinturas rupestres bien estudiadas, consideradas las más importantes en arte rupestre del Mediterráneo. Aunque en realidad el conjunto más importante y atractivo de pinturas rupestres en España está en la Cueva de Altamira, en Cantabria. Un lugar impresionante. Lo visité hace unos quince años y es impactante. Es un conjunto que totaliza 18 cuevas con pinturas al norte de España. Diez en Cantabria, cinco en Asturias y tres en el País Vasco. Las pinturas en estas cavernas están datadas entre 35 mil y 11 mil años. Altamira (descubierta en 1868) sobre todo, al igual que Lascaux (descubierta en 1940) integran hasta ahora lo más completo y amplio en pinturas rupestres, sobre todo Lascaux, considerada como el mayor museo del mundo en arte rupestre.
Me apasionan las pinturas rupestres. Son como una síntesis de magia y misterio inexplicable. ¿Exorcismo? ¿Divinidad? ¿Conjuro? O sólo un agradecimiento, una fiesta mientras comían los animales cazados. O quizás una mezcla de todo eso. Y más. Ante estas pinturas maravillosas uno comprende la delicada fragilidad del ser humano. El miedo ante el misterio y el valor y la tenacidad ante el hecho de seguir vivos cada día. Espléndidamente vivos, agradeciendo. Y seguir. Y seguir. Eternamente.

lunes, 16 de septiembre de 2019

NUEVOS POEMAS

Tomados de mi último libro de poesía   El arte de ganar y perder, inédito.
                                                             LA  SOPRANO

Las pequeñas flores secas de las acacias caen y forman remolinos en el aire. Dentro tienen semillas minúsculas. Diseminan su historia sobre la tierra. Entro al edificio y asciendo una escalera, tres pisos. Oigo a una soprano. Un canto amortiguado tras una puerta apenas entornada. No resisto la tentación y abro con cuidado. Hay cuatro personas sentadas a una mesa, es una audición. Y la soprano, alta, corpulenta, con grandes pechos. Su voz ocupa todo el espacio. Es agradable esa  mujer y canta algo hermoso aunque, claro, no sé qué es. Cierro la puerta y sigo en busca del baño. Al fondo del pasillo me han dicho. Mientras orino veo las acacias a través de una ventana y oigo muy lejos  a la soprano.


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                                    GENTE  MIRANDO  AL VACÍO.

Me han regalado un libro esta tarde. Una serie de fotos que Walker Evans tomó en La Habana en 1933. Estamos en 2018. Exactamente 85 años. Y nada. Todo sigue igual. O casi. Mendigos, putas, gente mal vestida, edificios cubiertos de moho y suciedad. Gente mirando al vacío. Gente detenida. Gente que no sabe qué pasa. Gente en una esquina, arraigados en una losa de cemento. Se respira con dificultad por la humedad y el calor. Nada. No pasa el tiempo. Vamos a tomar una cerveza me dice el amigo que me regaló el libro. Tomamos una cerveza y hay silencio. Presiento que se despide.

Y así fue. Pasó un año y no supe nada más. Un día lo encontré en la calle. Sucio. Caminaba lentamente, ido del mundo. Le costó recordar mi nombre. Bueno, yo se lo dije. Después me dijeron que sufre Alzheimer y camina por las calles sin rumbo. Vive solo, y se pierde, alucinado, como esos personajes en las fotos de Walker Evans.

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                                                   UN  PERÍODO  DE  ESTUPOR

Veo un viejo documental donde entrevistan largamente a Ingmar Bergman. Dice que su casa  tiene 66 metros de largo y que él padece de problemas de sueño. Está solo en casa. Se levanta de noche y camina de un lado a otro. A veces piensa que hay espíritus que se  comunican con él y le dicen algo. Habla despacio, en sueco, con largas pausas. Me gusta la suavidad de ese idioma. Me recuerda cuando viví allí en el verano de 1999. Yo entraba lentamente en un período de estupor. Era como entrar en un agujero profundo y oscuro.  Al fin me fui y regresé a mi país, todo lo contrario de Suecia: estridente, pobre, tumultuoso, con gente imprevisible y disparatada, que me ayudaban a salir del hueco negro. Ahora este  anciano habla lentamente sobre espíritus que le dicen algo por las noches. Después lo utiliza en sus películas. Y yo pienso en el estupor, que lo envuelve todo, como un sedante a medianoche.

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                                                          BLOOMSBURY            


Estuve buscando la casa de Virginia Woolf, pero sólo han dejado unas antiguas cabinas rojas de teléfono.  Están vacías y sucias. Escenografía para turistas. Premoniciones de la intriga. Sucias cabinas donde los dueños de burdeles cercanos (o los encargados o los de marketing, quién sabe)  pegan pequeñas stickers con fotos de putas tetonas y provocativas, y las indicaciones para llegar en cinco minutos o llamar y concertar una cita. Me hago una foto y me voy al hotel, muy cerca, en Tavistock Square. Pido un scotch en el bar. Hay una luz mortecina y polvorienta. Un bar con cierto aire miserable y perdido, sólo para borrachines pobres. Saco un recibo que me dieron hoy en alguna tienda, y, al dorso, escribo: Atento a las derrotas, a los pequeños percances familiares, a la angustia lacerante, controlo el resplandor para que no disminuya. Oh, qué sonriente, el hombre optimista y sardónico que se niega a hundirse. A trasmutar en garrapata. Esta noche oscura las pesadillas me hacen despertar asustado y lejos de casa. No sé. Áspero como un tiburón, me sumerjo en aguas profundas y heladas. El whisky es malísimo y este lugar es real pero parece un jodío invento de pésima novelita policiaca, ¿Qué hago?


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                        FINIS   TERRAE

                                                                 
                                                               
                                                                                     

Salíamos cuando faltaba poco para la noche. Una vieja chaqueta de cuero, una bufanda gruesa y una gorra de lana. Él tenía una ruta ya estudiada que sabía de memoria. Y era compleja. Por dentro del bosque. Un sendero estrecho, enlodado. Y nosotros muy rápido. A grandes zancadas. Después teníamos que atravesar un largo trecho junto al mar, sobre los arrecifes. Las olas resonaban duro contra la costa. Era un lugar inhóspito, irascible como una trampa de misterio. La luz del faro a lo lejos. Se hacía de noche cerrada y seguíamos. Aprisa. Sudando. Sin hablar. Concentrados. Me aflojaba un poco la bufanda, y seguía sudando. Yo siempre pensaba en lobos hambrientos y en asesinos agazapados en los matorrales. El sentido poético de la vida irradiando su bondad y su malignidad. Después de una cena ligera no había nada más que hacer. Y yo no quería hablar de mi vida. Intentaba olvidar y poner distancia. Que es lo que hago siempre. Intento olvidar. Me iba a mi habitación y los escuchaba gimiendo un buen rato. Varias veces me dijo: Es una mujer insoportable pero tiene un buen polvo. Y sí. Pasaban una hora gimiendo y gozando cada noche. Yo me masturbaba y me quedaba dormido como una piedra. Era feliz en aquella época. Después me alejé de aquel lugar y jamás supe de ellos.  Como una visión fantasmal.


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lunes, 26 de agosto de 2019

CONSEJOS DE DOSTOIEVSKI

Fiodor M. Dostoievski (1821-1881) publicó un Diario de escritor (Alba Editorial, Barcelona 2016, traducción y notas de Víctor Gallego). Se trata de un conjunto de artículos, cuentos, apuntes, en sus palabras: "¿De qué voy a hablar? De todo lo que me llame la atención y me haga reflexionar". Es decir, un cajón de sastre, publicado primero en la revista El Ciudadano, mensual, en 1873. Después lo publicó en entregas mensuales también, y edición propia, en 1876 y 1877. Además de un número en 1880 y otro en 1881. Él murió el 28 de enero de 1881.
Uno de los artículos, publicado en octubre de 1876, titulado "Un caso que no es tan sencillo como parece", se refiere a una campesina de veinte años, llamada Ekaterina Kornílova, que se había casado con un viudo quien la humillaba recordándole que su primera esposa era mucho mejor que ella en todos los aspectos. Después de soportar aquello un buen tiempo, Ekaterina, por venganza, maltrataba a la hija de su marido, su hijastra, de seis años, hasta que un día la empujó por una ventana en un cuarto piso. La niña milagrosamente salvó la vida. De todos modos la condenaron a dos años y ocho meses de trabajos forzados en Siberia y a vivir allí el resto de su vida. Dostoievski analiza todo el asunto minuciosamente y ofrece sus propias ideas. Después visita a la joven, que está embarazada con cuatro meses de gestación, en la cárcel, habla con ella y escribe un segundo artículo en diciembre.
Al final de este nuevo artículo regaña agriamente a sus contemporáneos novelistas: "La verdad es que no entiendo donde tienen los ojos nuestros novelistas. ¡Ahí tienen un tema, ahí tienen una verdad como un puño para escribir paso a paso! Aunque, después de todo, me he olvidado de esa antigua regla: no es el tema lo que importa, sino la mirada; si sabe uno mirar, encontrará el tema, y si uno no tiene ojos, si está ciego, no encontrará nada en ningún sitio. Ah, la mirada es muy importante: lo que para unos es un poema para otros no es más que un montón de basura".
Esto es rigurosamente cierto. Lo que él llama "mirada" yo le llamo "asombro". Cuando llegué a vivir en Centro Habana en 1986 me quedé asombrado. Yo tenía 36 años y ya había tenido una vida bastante intensa pero nunca había vivido en un barrio tan extremo, con gente tan violenta y agresiva. Quedé asombrado por todo lo que pasaba allí día a día. Así estuve varios años hasta que ocho años después, en 1994, empecé  a escribir unos cuentos basados, es decir escritos a partir de, la vida cotidiana a mi alrededor. Escribí durante tres años hasta que completé un libro titulado Trilogía sucia de La Habana. Y fui soltando aquella carga pesada. Después escribí otros cuatro libros (El Rey de La Habana, Animal tropical, El insaciable hombre araña, Carne de perro). Y completé el Ciclo de Centro Habana. Así que tiene razón Dostoievski, todo depende de la mirada, todo depende del asombro. Claro, después hay que tener algo más porque un libro no se escribe solo. 
Por cierto, me parece que el barrio se ha suavizado un poco en estos más de treinta años. En aquellos años había más brutalidad, más peleas, asesinatos, suicidios, gente ignorante, pervertidos de todo tipo. Ahora, la situación económica ha mejorado un poquito y creo que eso contribuye a más relax. Es sólo una apreciación mía, a simple vista. En el barrio hay algunos pequeños negocios privados, algunos alquilan habitaciones a turistas, otros tienen restaurantes, otros más se han ido a vivir en otros países y envían remesas a sus familias, en fin, hay otra dinámica social y económica. Menos mal.

lunes, 22 de julio de 2019

HASTA LUEGO, ROBERTO

Roberto Fernández Retamar (La Habana, 1930), falleció aquí en La Habana el pasado sábado 20 de julio 2019, por la tarde. Tenía 89 años y escribía sus memorias, que dejó inconclusas.
Hace unos meses le pregunté a su hija Laidy:
-¿Cómo está después de la pérdida de Adelaida?
-Imagínate. Toda la vida juntos. Está un poco deprimido pero se ha puesto a escribir sus memorias. Y tiene una memoria increíble.
Nos quedamos en silencio un rato. Después seguimos hablando de cualquier tema, para eludir el presagio que teníamos en mente.
Siempre digo que mi aprendizaje en el oficio de escritor lo hice completamente solo y que nunca molesté a ningún escritor para que leyera mis textos y me diera su opinión.  Pero esto no es totalmente cierto. En los años '80, Roberto y yo establecimos un ritual de comunicación. Nos veíamos por casualidad, casi siempre en la Casa de Las Américas, y nos estrechábamos las manos. Siempre me decía, con su voz profunda y grave y con un tono amable y casi cariñoso:
-Oh, Gutiérrez, hace tiempo que no leo nada suyo.
-Ah, tengo algunos poemas nuevos.
-Tráigalos. Déjeme leer algo suyo.
No puedo recordar cómo o por qué empezamos ese rito. Pero sí recuerdo bien que se repitió tres o cuatro veces. Yo no había publicado jamás un poema ni un cuento. Escribía a mano, corregía, pasaba en limpio y guardaba. Todo, o casi todo, me parecía malo e impublicable. Ni soñar con publicar en la revista Casa, que dirigía Roberto. Yo era un simple periodista que escribía cuentos y poemas pero no publicaba. En el fondo, no me interesaba publicar por publicar. Le daba largas. No debe haber prisa por publicar cuando uno es joven y está aprendiendo el oficio. Así es mejor, para no arrepentirse después. 
Un buen día me llamaron de Casa de Las Américas. Que fuera a recoger un cheque y dos ejemplares de la revista. Pregunté por qué. Y me contestaron: hay tres poemas suyos en este número.  Era el número 151, de julio-agosto de 1985.
Una vez pasada la emoción y cobrado el cheque, comprendí que de todos los poemas que le había entregado a Roberto, estos eran los mejores, con más misterio y garra. Todos dejaban la parte mayor del iceberg por debajo, oculto  a la vista. Y eso me gustaba. Los copio a continuación:
      HOMBRE EN PENUMBRAS
Este hombre tan serio
parece perdido en la penumbra del auto
frente al atardecer
sólo lo salvan sus ojos
dos ventanas tranquilas y pequeñas
en un castillo inaccesible
ahora el sol
hace una cinta de luz
sobre el cuello y la boca
extraña marca
que deja a este hombre
aún más solo y veloz en la carretera

     SÁBADO POR LA TARDE
Una muchacha afeitándose las piernas
en el apartamento del frente
y otra lavando ajustadores y calzoncillos
no es un panorama muy variado
tal vez íntimo
pero como se repite cada sábado por la tarde
la misma muchacha con su cuchilla
y la otra con el detergente
hoy prefiero cerrar la ventana
entonces comienzo a escuchar
inquietantes escuadras de helicópteros
hacia el suroeste
hay maniobras en la costa

      PLUSVALÍA
Están los guardianes que cuidan las manzanas
están los muchachos que quieren robar las manzanas
están los trabajadores que cultivan las manzanas
están los hambrientos que compran las manzanas
y está el dueño de todas las manzanas
con los hilos enganchados en los dedos

Los he copiado como están en la revista. Tienen 35 años. He resistido la tentación de corregirlos. En aquel momento eran los mejores de mi cosecha. Fue una lección que me dio Roberto. Al ver mis poemas impresos, seleccionados por otro, dejaron de ser míos. Se alejaron. Me enfrié y comprendí por dónde debía seguir tirando del hilo de Ariadna. Una lección importante y decisiva que siempre agradecí. Te recuerdo siempre con tu sonrisa amable y sincera, Roberto. Gracias. Y hasta luego. 
(La foto nos la hizo Laidy en diciembre de 2016).

lunes, 15 de julio de 2019

SOMOS DEMASIADOS

La población del planeta en este momento, mediados de 2019, alcanza los 7 mil 700 millones, según anunció la ONU en su documento Perspectivas de la población mundial, 2019. La previsión es que seremos 9,700 millones en 2050 y 11 mil millones en 2100. Otros cálculos estiman 11,400 millones en 2050 y 15,300 millones en 2100.
En 2017 más de 50 científicos laureados con el Nobel, encuestados por The Times, dijeron que la superpoblación humana y la degradación ambiental son las dos mayores amenazas que enfrenta la humanidad. En noviembre de ese año más de 15 mil científicos de 184 países indicaron que el rápido crecimiento humano es el motor principal de muchas amenazas que pesan hoy sobre nosotros. En sentido general, la comunidad científica está de acuerdo con estos criterios, pero lo cierto es que no se habla en voz alta sobre el tema. Abundan los libros e investigaciones pero en este momento casi ningún país tiene políticas de control.
Cada día somos más y necesitamos más alimento, más agua, más viviendas, más empleos, más transporte. Más de todo. Y por tanto nos autodestruímos al agotar todo lo que nos rodea. Lo comparo con un matrimonio que vive en un apartamento pequeño. Con uno o dos hijos las cosas pueden ir bien, pero si se descuidan y tienen siete u ocho hijos la vida se les convierte en un infierno: Discuten por todo, pelean y surgen todo tipo de reclamaciones y ofensas. Así es como vivimos en este planeta.
Pero los gobiernos tienen un enfoque economicista y tecnocrático sobre el asunto. Los gobiernos de los países europeos que enfrentan despoblación pagan subsidios a los matrimonios que tienen más hijos. Así vemos a una alemana o una noruega con cuatro ó cinco hijos y uno más en el vientre. Por lo regular son personas con bajo nivel cultural y económico. Viven de los subsidios. Las mujeres africanas, en cambio, tienen 5,4 hijos como promedio. Y es todo lo contrario. Una buena parte de esos niños pasan hambre y miserias de todo tipo. Muchos de ellos, ya jóvenes, intentan llegar como sea a Europa. Creen que allí vivirán mejor.
Es un problema muy complejo y con muchas aristas. ¿Por qué son precisamente los más pobres los que tienen más hijos? Pues ante todo por falta de información y de educación. Son mujeres sin acceso a estudios ni a trabajos, que se dedican a ser madres y esposas sobre todo. Pero influye además la religión, las tradiciones, la ausencia de anticonceptivos y de recursos médicos accesibles. 
Si los gobiernos y los expertos se reunieran para hablar con seriedad y amplitud sobre el tema surgirían soluciones efectivas, más humanistas y solidarias. Es un problema global. No podemos resolverlo a nivel de cada país. Hay que buscar e implementar soluciones mancomunadas. Y existen esas soluciones. Sólo hay que ponerse de acuerdo para implementarlas. El planeta Tierra no es infinito. Tiene determinada capacidad. No podemos seguir por este camino absurdo. Hay que frenar y generar vías de diálogo humanista, no tecnocrático ni economicista.  Es hora de hablar en voz alta.

lunes, 8 de julio de 2019

DESATAR LOS DEMONIOS

Creo que la discusión más apasionante entre escritores se basa en si hay que controlar a los personajes o si es mejor dejarlos que se suelten y campeen a su antojo mientras el escritor los sigue a cierta distancia, sin molestarlos, y escribe lo que ellos hacen. 
Mi experiencia es que la escritura estalla con más potencia  cuando los demonios se desatan, incontrolables, desde la primera página. Esto me sucedió con Trilogía sucia de La Habana y con El Rey de La Habana. Después, en menor medida con Fabián y el caos y con la reciente Estoico y frugal. Y, por supuesto, la poesía siempre es una bestia desmelenada que destroza todo a su alrededor y no cree en las leyes de la gramática ni en el sentido común. Por eso es tan potente y me hace sentir tan libre. Es una descarga total.
El Rey de La Habana fue una agonía. Me arrastró desde la primera línea y descontroló mi vida durante los 57 días que estuve escribiendo en julio-agosto de 1998. Fue una experiencia terrible pero  considero que fue el costo que tuve que pagar y mereció la pena.
En otras novelas no permito que los personajes se desaten demasiado. Pocos escritores experimentan esa locura de ser arrastrados por los personajes. Da un poco de miedo. A mi por lo menos me gusta saber, más o menos,  dónde está el final. A dónde iremos a parar en la última página. Me da seguridad conocer ese detalle.
Marguerite Duras, sin embargo, decía: "¿Para qué escribir un libro si sabemos el final?"
En una biografía de William Faulkner se cuenta una historia muy curiosa. Invitado por la Universidad de Virginia para que hablara con sus estudiantes de literatura norteamericana, le preguntan sobre Hemingway, que, estilísticamente, es todo lo contrario de Faulkner. Entonces él dice: "Hemingway ha construído un estilo perfecto con muy pocos elementos. Ha construído un estilo muy cuidadoso, un estilo de un hombre que tiene miedo. O sea, nunca arriesga más allá de los límites de un sistema de escritura muy controlado, que le permite producir esas pequeñas obras maestras". Para Faulkner esto era cobardía literaria de alguien incapaz de arriesgarse y equivocarse.
Al día siguiente los periódicos tergiversaron  aquello y publicaron que Faulkner había calificado de cobarde a Hemingway. Éste se enfadó y pidió al general Leclerc, que había estado con él en la campaña de liberación de París, que escribiera a Faulkner y le dijera que Hemingway era un hombre valiente.
Faulkner le contestó a Hemingway en una carta aclarando las cosas y explicándole que sólo se refería al estilo cauteloso de escritura y no a su valor personal. Y añadía que ese estilo cauteloso y controlado suele producir un efecto de aceptación general porque no hay ninguna ruptura ni nada puesto en juego. Es decir, garantiza las ventas y satisface lo que el público está esperando. O sea, convierte cada libro de Hemingway en un best seller.
Y yo recuerdo  como en París era una fiesta Hemingway cuenta que Gertrude Stein lo regañó varias veces por escribir algunos cuentos "impublicables". Hemingway no entra en detalles pero parece que al principio de su carrera arriesgaba más. Quizás usaba "malas" palabras o describía escenas de sexo. Y la señorita Stein, dictatorial, le reprochaba su audacia y le repetía: "¿Para qué escribir eso si ningún editor los aceptará?".
Este tema da para escribir cientos de páginas. Por ejemplo, un libro tan rompedor como Ulises le costó mucho a James Joyce. Silvia Beach lo editó en París y durante años lo confiscaban en correos de USA y de otros países por considerarlo pornográfico. 
Y yo, con la edición cubana de Trilogía sucia de La Habana (Ed. Unión, 2019). Ya lo contaré en su momento. Por ahora es mejor esperar un poco.
Hay unos pocos escritores esencialmente lúdicos y arriesgados como Kafka, Cortázar, Faulkner. Y otros esencialmente controladores como Chejov, Cortázar, Carver. Es decir, tanto unos como los otros pueden ser igual de encantadores y efectivos. Son dos modos de enfrentar el acto creativo. Dos modos   válidos. En realidad dejar que los demonios se desaten y no imponer orden es un lujo que se permiten unos pocos.
 

martes, 18 de junio de 2019

ESTOICO Y FRUGAL

Esta es la cubierta de mi última novela que ya se distribuye desde principios de junio 2019, editada por Anagrama.
Se trata de Pedro Juan en España, Alemania e Italia  en el invierno de 1998. Acaba de publicar un libro en España que ha trastornado su vida.  Y no sabe si para bien o para mal. Él es sobre todo un caribeño juguetón, pero se inquieta por esta nueva e imprevista situación. Los dejo ahí. No merece la pena comentar más. 

BRASILIA


Aquí estoy en estos días de junio 2019 en Brasilia. Esta es la catedral, diseñada por Oscar Niemeyer. Una iglesia extraña, para decir lo mínimo. En realidad toda la ciudad sigue siendo extraña, aunque ya tiene casi 60 años. Se construyó rápidamente entre 1956 y 1960. Se inauguró en este último año. Era la utopía de crear una ciudad perfecta. Tengo algunos buenos amigos aquí y todos coinciden en que tienen una extraña relación de amor y odio con la ciudad. No es una ciudad para caminar. Casi no hay árboles ni sombra. Alrededor han crecido ciudades satélites y el tráfico de autos es intenso, con sólo una persona a bordo. Yo vine ahora para inaugurar una exposición con  24 de  mis pomas visuales, de conjunto con 24 cuadros del reconocido pintor brasileño Gerson Fogaca. Se iba a exhibir en el Museo del Correo, pero algunos de mis poemas y un cuadro de Fogaca fueron censurados por ser demasiado eróticos y a última hora todo se mudó para el Museo Nacional, diseñado por Niemeyer, y mucho mejor. Así que lo que pasa conviene. Después de la inauguración dediqué unos días a recorrer algunas ciudades cercanas. Es una zona hermosa, junto al Mato Grosso. Pasear un poco con buenos amigos, relajadamente. Y dejar que la vida fluya.

lunes, 29 de abril de 2019

LA LÍNEA OSCURA

La edición cubana de La Línea Oscura, poesía escogida 1994-2016, ya está en circulación. Hace unos años salió en España por la editorial Verbum. En esa ocasión la selección llegaba hasta 2014. Ahora es un poquito más extensa. Aquí la hizo Ediciones Loynaz, de Pinar del Río. Tiene unas 250 páginas y poemas extraídos de diez libros escritos y  casi todos publicados en ese período de 22 años. En el postfacio escribí:
Tuve que releer muchas veces todos estos libros para seleccionar unos cuantos poemas de cada uno. Es fatigoso. Emocionalmente, quiero decir. Causa fatiga recordar el pasado, revivir todo lo que se debe olvidar. Leer de nuevo una autobiografía.
Cada poema es un apunte de una noche, de una pesadilla, de un huracán que se acerca arrasando por el Caribe, de una mujer, una bronca, un descalabro, un desastre, una borrachera salvaje. Tropelías, locura, brutalidad, ansiedad, remolinos inexplicables, viajes al centro de las tormentas. Una taza de té abre compuertas de acero. Y detrás el cataclismo.
Nunca he ido a psicólogos ni a siquiatras. Todo está en los poemas. Lo más profundo, lo más oscuro, lo más inquietante e inexplicable. Lo que se oculta. Lo que se debe olvidar.
Escribo poesía desde los trece años. Como muchos adolescentes. A esa edad escribí un pequeño poema de despedida para una noviecita. En San Luis, el pueblo de mis abuelos pinareños. Yo me iba al día siguiente. Le di el poema y una flor. Y me gustó eso de engatusar a una mujer. Desde entonces he escrito miles de poemas para algunas mujeres. Al final todas merecen un poema. Aunque me odien. Y también para mí. Para engatusarme yo mismo y seguir adelante en los peores momentos. Para entender qué coño está pasando, para acariciarme un poquito o para fustigarme con el látigo y saltar como un caballo de raza. Para rebasar mis noches de soledad, alcohol y oscuridad.
Estoy solo y borracho en medio de la noche, frente al mar, y soy el dueño del mundo. En esta azotea ha sucedido todo. Soy un príncipe loco y majestuoso. Un guerrero con dientes de sable. Un Buda eterno, en el infinito. Y un hombre simple, que solo intenta comprender algo, sin ataduras. Un rayo de luz. La poesía despeja las brumas. La poesía es la libertad total.

lunes, 22 de abril de 2019

DEMASIADO DISTRAÍDOS

En 1977 aún no existía internet, ni teléfonos móviles, tablets y toda la parafernalia que tenemos ahora. Pero ya en ese año, Saul Bellow (1915-2005), Premio Nobel de Literatura en 1976, se quejaba amargamente del enorme caos informativo que a diario tenía que soportar el ciudadano medio de este planeta. Al menos el ciudadano medio de USA y otros países desarrollados. 
En unas sesudas conferencias dictadas en marzo de ese año, y reproducidas en su libro Todo cuenta (Random House Mondadori, 2007), asegura: "La atención del público es como un continente invadido, conquistado, ocupado por una multitud de fuerzas: políticas, comerciales, técnicas, periodísticas, propagandisticas. Las enormes empresas designadas por la expresión "industria de la comunicación", informan, malinforman o desinforman al público sobre la política, las guerras y las revoluciones, sobre los conflictos raciales o religiosos, la educación, el derecho, la medicina, los libros, el teatro, la música, la cocina. Elaborar esa lista da una engañosa impresión de orden. Lo cierto es que nos hallamos en un insoportable estado de confusión, de distracción."
Y seguía: "...el New York Times contiene en un día laborable cualquiera más información que la que un contemporáneo de Shakespeare podía adquirir a lo largo de toda su vida... ¿Para qué queremos tal plétora de información? La mayor parte de ls noticias que nos ofrece el New  York Times no nos sirve para nada. Para envenenarnos, sencillamente."  Y tras abundar sobre el papel de la literatura como elemento sustancial de la cultura para ampliar nuestro horizonte y ayudarnos a pensar y a tener ideas  
propias, dice: "Lo que importa a los narradores de historias y novelistas son las esencias humanas descuidadas y olvidadas por un mundo distraído".
Bellow murió en 2005 cuando internet empezaba a extenderse y a conquistarnos con sus bondades. Y sigue. Todavía falta mucho. Mucho más. Según algunas fuentes, menos del 33% de la humanidad tiene acceso a internet. El precio que estamos pagando es alto. He preguntado a algunos jóvenes estudiantes de instituto preuniversitario, habaneros, de 18 años, de uno y otro sexo. ¿Cuántos libros has leído en toda tu vida? Se ríen, piensan un  poquito y me responden: "tres, cuatro, cinco, ninguno, dos." No son respuestas confiables, por supuesto. Probablemente es menos aún. Todos se están preparando para dentro de unos meses ingresar en la universidad en alguna carrera. Están al día con las redes sociales, las vidas de la farándula, la música, las series de TV, las películas de acción, pero les parece imposible dedicar unos días a leer un libro. Es que ni lo piensan, sencillamente. Para ellos, leer un libro es  algo tan extraño, difícil, imposible, como hacer un viaje a la Luna.
Cada día se lee menos. Es fácil encontrar las cifras de ventas de libros. Se reducen cada año. Jorge Herralde, ex de Anagrama, me decía hace unos meses: "Es que los jóvenes no dedican su dinero a comprar libros". Claro, lo invierten en supermóviles, tablets, etc. 
Trato de no ser catastrofista, pero, objetivamente,  a este paso, me parece que en  un máximo de 20-30 años, cuando mucho, ya no existirán los libros de papel, sólo los ebooks. Habrá menos escritores, menos editoriales, menos librerías y menos lectores.  Menos literatura. Menos pensamiento humanista. No debemos hacernos ilusiones. Es un proceso mucho más rápido e irreversible de lo que desearíamos. Y no será doloroso porque esos jóvenes que hoy tienen 18 años no aman los libros, así que no tendrán "pérdidas". Al contrario, se alegrarán de  no tener libros en casa. Así no habrá polvo y polillas en los estantes. Como mis padres se alegraron de dejar atrás los quinqués y faroles de queroseno y poder enceder una bombilla eléctrica sólo con un click en el interruptor. Mucho más limpio y fácil.
Algunos escritores ya se quejan de que venden mucho menos cada año. Javier Marías, por ejemplo, lo ha escrito en su página en El País Semanal. Otros son más discretos porque es desagradable reconocer rn público que cada año vendes menos libros. Pero, bueno, no podemos tener miedo al futuro. Hay que sonreir y seguir adelante. De momento, en julio próximo (2019), Anagrama publicará mi última novela, Estoico y frugal.  Cuenta una historia de Pedro Juan en Europa, concretamente, en España, Alemania e Italia, en el invierno de 1998. Un poco más adelante, Anagrama también publicará Diálogo con mi sombra, sobre el oficio de escritor. Que es un diálogo entre el personaje Pedro Juan y el escritor Pedro Juan Gutiérrez, sobre cuestiones específicas del oficio de la escritura de ficción. En fin, seguimos, sonríamos y no pensemos en el apocalipsis.





lunes, 25 de marzo de 2019

AUTOBIOGRAFÍA DE ALEJO CARPENTIER

Cada día creo más en la Ley de Atracción  Universal. Al día siguiente de escribir el post anterior encontré en un rincón de una librería de uso, cerca de mi casa en Centro Habana, el libro Recuento de moradas, de Alejo Carpentier. Es muy interesante, podría ser un best seller en cualquier país hispanohablante, pero Letras Cubanas hizo la edición en 2017 apenas con dos mil ejemplares. Es decir, nada. De este libro podrían vender 50 mil copias en pocos días. En fin...el mar, como diría Guillén.
A lo que voy: Se trata de una autobiografía que Alejo comenzó a escribir en París en los años 30. Pero apenas escribió 124 páginas, que abarcan desde su nacimiento hasta que zarpa de La Habana en el vapor Espagne con dirección a Francia, el 15 de marzo de 1928. Tenía apenas 23 años.  Una pena que no dedicara tiempo a terminar o al menos avanzar un poco más en este libro.
Los investigadores Armando Raggi y Rafael Rodríguez Beltrán hicieron un excelente trabajo de edición, con un documentado prólogo que ubica bien al lector en la desastrosa y caótica política cubana en las primeras décadas del siglo XX, es decir, el escenario en que se desarrolla Carpentier. Y además, una gran cantidad de notas a pie de página que informan y amplían con precisión cada detalle en el texto.
Aclaran además, con documentos legales, que Carpentier nació el 26 de diciembre de 1904 en la ciudad suiza de Lausana, con el nombre Alexis Carpentier Blagoobrásov. Sus padres eran el marsellés Georges Julien Carpentier y la rusa Ekaterina Vladimirovna Blagoobrásova. Ambos habían nacido en 1884. Los tres vinieron a Cuba en una fecha imprecisa entre 1908 y 1909.
Carpentier cae en la cárcel como preso político bajo la dictadura de Machado, por delito de rebelión, en julio y agosto de 1927, ya que era un activo revolucionario. Según el juez "...habíamos conspirado contra la seguridad del estado, aspirando a suplantar el gobierno constituido por una dictadura bolchevique". Tras 41 días de encierro es liberado bajo fianza en espera del juicio. Renuncia a su ciudadanía francesa para evitar que lo expulsaran del país como "extranjero indeseable" y organiza su fuga en un barco, para lo cual usa los papeles de identificación de su amigo francés, el poeta surrealista Robert Desnos. Además, como siempre tuvo tanta disciplina y pasión por el trabajo, en la cárcel comenzó a escribir su primera novela: ¡Ecué-Yamba-Ó! que se publicó en Madrid en 1933, "...de la cual he renegado desde entonces por motivos estilísticos". En esta novela usa mucha información sobre santería afrocubana, ñañiguismo, etc. recopilada hablando con otros presos que "...jamás hubiera podido interrogar de no haber compartido el mismo encierro".
Recuento de moradas se lee como una novela intensa y apasionante. Escrita sin pretensiones de "hacer literatura", utiliza una prosa rápida, precisa, efectiva, que nos arrastra sin poder soltarla hasta que termina abruptamente. El libro reproduce además fotos familiares y documentos legales inéditos. Por supuesto, Alejo no es totalmente sincero en estas memorias. Por ejemplo, siempre presenta como normales las relaciones con su padre  pero en algunas de las cartas a su madre desde París (publicadas en Cartas  Toutouche, ver post anterior) se desahoga y describe los maltratos y continuas humillaciones que el padre le hacía sufrir, "Por eso tengo un recuerdo abominable de mi infancia y adolescencia". Después de leer Recuento de moradas sentimos a un Carpentier mucho más humano y cálido. El archivo carpenteriano por suerte ha quedado íntegro en La Habana, así que podemos suponer que seguirá produciendo algo más. Por ahora agradecemos este nuevo  regalo de los editores y la Fundación Alejo Carpentier.

lunes, 18 de marzo de 2019

LA VIDA MISTERIOSA DE ALEJO CARPENTIER

Alejo Carpentier es, sin dudas, el escritor cubano que con más recelo y éxito preservó su vida privada de miradas indiscretas.
Nunca habló o escribió sobre su infancia, marcada por el abandono traumático de su padre, quien se "perdió" para siempre cuando él era un niño y vivía en el campo (Loma de Tierra), cerca de La Habana. Tampoco se refirió jamás a la precaria situación económica en que quedaron él y su madre. Se sabía muy poco sobre su vida en París de 1928 a 1939, adonde fue a trabajar intensamente y a abrirse paso.
Cuando murió en París en 1980, a los 76 años, había nacido en 1904, era agregado cultural de la embajada cubana en Francia desde hacía muchos años. Su viuda, Lilia Esteban Hierro -Marquesa de Esteban, y nieta del inefable y matancero Marqués de Esteban- preservó con Fierrus Manu o Manu Militari,  como prefirais, el archivo del escritor, y creó en La Habana la Fundación Alejo Carpentier. 
Lilia murió en La Habana,  a los 95 años, en 2008. Entonces los investigadores pudieron acceder al anhelado archivo y rápidamente, en 2010, la editorial Letras Cubanas publicó una bomba: Cartas  a Toutouche. Es la colección de cartas que Alejo escribió a su madre desde París. Ella vivía precariamente en La Habana y sobrevivía dando clases de piano. Ahí vemos por primera vez a un Alejo humano, con luces y sombras. Un hombre normal, con ambiciones, deseos, miedos, angustias, valor, carácter, rigor, ilusiones, accesos de melancolía y tristeza. En fin, un hombre como todos y no un mito santificado e intocable.
Cuando comienza la Segunda Guerra Mundial, en 1939, Alejo regresa a La Habana, donde vive de 1939 a 1945. Trabaja escribiendo guiones de radio, organiza eventos de música y hace de todo un poco. Se divorcia de su primera esposa y en 1941 se casa con Lilia.
Después vive en Caracas, de 1945 a 1959. Ya en ese año regresa a La Habana, ocupa varios cargos oficiales en la revolución, entre ellos Director de la Imprenta Nacional recién creada. Ahí prestó un excelente servicio a la labor editorial de libros ya que en Cuba nunca habían existido editoriales de esa envergadura. Después fue agregado cultural en París hasta su muerte en 1980. Por cierto, según me dijo hace poco un reputado y serio investigador de literatura cubana, en ese momento estaba propuesto para el premio Nobel, con grandes posibilidades de obtenerlo. Pero La Parca se adelantó  a los académicos suecos.
En 2013, Letras Cubanas publicó el Diario (1951-1957) de Carpentier en Caracas, libro que aporta un poco más al conocimiento de la vida del escritor. Este Diario lo escribió de un modo inusual: en hojas sueltas, a máquina, con una o dos entradas al mes. A veces pasa meses sin escribir nada.  Se refiere sobre todo a comentar libros que lee, música que escucha, encuentros con amigos, opiniones sobre los manuscritos en que trabaja, ideas para novelas y relatos.  Muy poco, casi nada, sobre su vida íntima. A veces anota unas palabras sobre tristezas y angustias "inexplicables".
Al Diario, explican los editores, le faltan páginas que, obvio, fueron sustraídas, y hay tachaduras.  Los  editores creen que él lo escribio con todo ese cuidado para poder publicarlo algún  día. De ahí que sea comedido y deje fuera su vida privada. Llama la atención que en las páginas 167 - 169 expone algunas ideas personales sobre la prostitución y las prostitutas, algo asombroso en este hombre que tanto se esforzó en mantener su imagen pública de hombre equilibrado, ordenado, sistemático y cultísimo.
Lo cierto es que he disfrutado mucho leyendo este Diario  que abarca el período en que él escribe El acoso, Los pasos perdidos, El Camino de Santiago, y además comienza la gestación y escritura de su obra maestra El siglo de las luces.
Ahora, en 2018, Letras Cubanas publicó otro libro extraído también del archivo del escritor: Recuento de moradas. Pero no lo he podido encontrar hasta ahora. Cuando menos lo piense lo veré en un rincón de alguna librería de barrio. Es así en este país imprevisible. Paciencia, mucha paciencia, como decía Chan Li Po.

lunes, 25 de febrero de 2019

AL FIN TRILOGÍA SUCIA EN CUBA

Al fin existe una edición cubana de la Trilogía sucia de La Habana. La presenté el pasado viernes 15 de febrero 2019, en la sala Villena de la UNEAC, en La Habana.
La primera edición de este libro se produjo en octubre de 1998 por Anagrama, en Barcelona. Desde entonces se ha publicado en más de 20 idiomas y existen no sé cuántas ediciones en español. Ahora saldrá en audiolibro en español, por Amazon. En la presentación agradecí a la editorial Unión pero sobre todo a Thelma Jiménez, mi editora allí, por su perseverancia y profesionalidad. Dije: "De acuerdo al tango que cantaba Carlos Gardel, 20 años no es nada. Estoy de acuerdo. Como se pusieron las cosas en enero de 1999, siempre pensé que me llevaría mucho más tiempo nadar en aguas turbulentas para llegar a la orilla. Pero los orishas y los budas se pusieron de acuerdo para reducir mi retribución kármica negativa. Y aquí estamos hoy, felices y contentos".
El libro me ha hecho ganar amigos y admiradores y enemigos y detractores, estos últimos sobre todo en Cuba, pero "Agradezco a los enemigos, que cumplen su corrosiva y diabólica función porque con su actividad incesante nos fortalecen y nos ayudan a ganar musculatura y abandonar las posturas complacientes y adormiladas. Lo que sucede es que el arte y la literatura deben estar marcados por el rompimiento con lo anterior y la creación de nuevas fronteras. Un escritor debe marcar nuevos rumbos, experimentar sin miedo y desarrollar nuevas perspectivas, tanto en el lenguaje que utiliza como en las zonas que explora. Esta es una tarea arriesgada y difícil porque siempre irá acompañada por la incomprensión  y el enfado de los académicos y conservadores que prefieren la molicie cotidiana y esponjosa a la que están acostumbrados. Comprenden que no tienen una gaveta con una etiqueta donde colocar a este  escritor atrevido, y se ponen histéricos". 
Y también: "Yo escribo desde un sentido de pertenencia fuertemente arraigado en mi corazón. No escribo desde afuera. No puedo escribir friamente. No tengo que investigar. Mi sentido de pertenencia me arrastra y me impulsa de un modo indetenible. Si vivimos en un mundo contaminado y caótico, inestable y brutal, esa es la materia que tenemos. Esa es la materia que podemos y debemos usar".
Después de Trilogía sucia... He escrito y publicado más de 20 títulos entre prosa  y poesía. Esta edición cubana de Trilogía tiene sólo 3 mil ejemplares y no habrá reedición. Pero está bien. Es legal. Hasta ahora sólo hay una edición pirata circulando en el país. También dentro de la Feria Internacional del Libro de La Habana, presenté la edición cubana de La línea oscura, poesía escogida, 1994-2016, realizada por Ediciones Loynaz. Antes se había publicado por Verbum, en Madrid. Y además una nueva edición cubana de El Rey de La Habana, por  Ediciones Oriente. Así que buenas noticias para los lectores cubanos.

lunes, 28 de enero de 2019

W.G.SEBALD

A veces, cuando quiero o necesito, eludir la realidad quemante que me rodea  en La Habana, me refugio en algún libro de Sebald. Ahora estoy releyendo Austerlitz. Sebald nació en Wertach, Alemania en 1944 y murió en un accidente de tránsito el 16 de diciembre de 2001. Vivió en Suiza y fue profesor en Norwich, Inglaterra desde 1970. Casi todos sus libros están traducidos al español, la mayoría en Anagrama.  Austerlitz es la historia minuciosa, poética, oscura y al mismo tiempo luminosamente profunda, de un hombre que de niño, en la Segunda Guerra Mundial, se queda sin casa, sin patria, sin nombre, sin familia, sin idioma. Y por consiguiente es un solitario enajenado que se mueve entre la lucidez paranoica y la lucidez racional extrema. Un extenso monólogo de casi 300 páginas, escrito magistralmente y que exige, claro, un lector cómplice. Supongo que no muchos pueden leer a Sebald. Mezcla una visión poética del mundo con una aguda y contínua observación filosófica: "...y quién sabe, dijo Austerlitz, quizás sueñan también las polillas o la lechuga del huerto cuando mira de noche la luna". En un texto así todo cabe. Desde disertaciones sobre arquitectura de castillos  medievales hasta Wittgenstein, "tan encerrado en la claridad de sus reflexiones lógicas como en la confusión de sus sentimientos".
Descripciones detalladas de paisajes, sentimientos, casas abandonadas, viajes en tren, largos y solitarias excursiones por extraños lugares de Europa. Todo descrito como nadie lo había hecho antes. Con una escritura lenta, microscópica, Sebald nos arrastra y nos lleva de la mano por un mundo laberíntico y neurótico que me recuerda  a Sábato. Sólo que el argentino (¡tan europeo!) es, quizás, más rudo, más directo y golpeante. Sebald interpreta a su modo algunos momentos de la historia europea metiéndose siempre en  lo profundo de una familia, de un personje, con un dominio extenso de los más diversos campos del conocimiento. Se detiene en detalles y expone puntos de vista que siempre revelan algo nuevo. Creo que es imprescindible para comprender el espíritu europeo contemporáneo. Él no se lo propone. Sólo escribe. No pretende estremecernos. Sólo nos habla en voz baja, quedamente. Lo siento como si me susurrara sus frases en mi oído. Con toda seriedad, sin sentido del humor. Jamás sonríe, con un toque fuerte y permanente de neurosis aguda. Y ya es suficiente. Nos marca para siempre. Y nos sumerge en una atmósfera oscura, asfixiante muchas veces, formada por el silencio y cierto aire absurdo o abstracto quizás. Supongo que gusta a pocos lectores. Yo sólo puedo leerlo en pequeñas dosis. Porque una sobredosis de Sebald puede ser mortal. Hace un rato interrumpí la lectura en la página 160. Austerlitz está en Praga y busca sus orígenes. Ha encontrado una pista porque"como consecuencia de una serie de acontecimientos significativos", llegó a formular la conjetura de que a la edad de cuatro años y medio había dejado la ciudad de Praga en 1939, al inicio de la guerra. Y en efecto, encuentra datos concretos sobre la familia Austerlitz en un archivo estatal en esa ciudad. Y de ese modo localiza a una anciana que era vecina de su casa y a quien le unían lazos estrechos...Pero en ese momento mi vecino pone un disco de Gente de Zona a todo volumen. Reguetón a tope. Cierro el libro. El trópico. El trópico. El trópico.

lunes, 14 de enero de 2019

BUSCADORES DE ORO

En esta época invernal proliferan los buscadores de oro, en la playa de Guanabo, al este de La
Habana. Esa foto que se ve a la derecha la tomé hace un par de días. Se acercaba una tormenta desde el norte. Ahora en invierno la playa cambia su aspecto porque las sucesivas tormentas provocadas por los frentes fríos hacen que la playa quede erosionada y salen a la superficie las piedras y el fango en casi toda la extensión del litoral.
Los buscadores son hombres y mujeres que dedican horas y horas cada día a revolver la arena y las piedras en la orilla.  Supuestamente hay personas que pierden cadenas, anillos y otras joyas  mientras se bañan. Las corrientes marinas arrastrarían esas joyas hacia las zonas pedregosas de la playa y allí están ellos buscando. 
Sólo actúan en invierno, de noviembre a marzo aproximadamente, cuando buena parte de la playa se convierte en una fea y deprimente extensión de piedras, basura, algas y medusas. Si uno les pregunta si encuentran algo siempre responden con optimismo: ¡Sí, como no! No dan su brazo a torcer por nada del mundo. Supongo que cada cierto tiempo alguno encuentra un pedacito de oro y eso les anima a seguir adelante. Creo que es un vicio, como jugar a la ruleta o comprar billetes de la lotería. Y ya sabemos que todo vicio envuelve la mente en una nebulosa. 
El sabio taoísta Lie Tse (siglo IV a.C.) en su libro Una guía taoísta sobre el arte de vivir, escribe: "Había un hombre que estaba obsesionado con hacerse rico. Un día entró en el banco e intentó salir con varios sacos de oro. Los guardas lo apresaron inmediatamente. Alguien que pasaba por allí dijo: "Sólo un loco pensaría en robar un banco en presencia de guardias armados".
"El hombre respondió: "Mi mente estaba tan obsesionada por el oro que no vi a los guardas".
"Con frecuencia se ve  a personas que tropiezan con muros o se caen en agujeros porque están tan ocupados en sus propios pensamientos que no ven lo que  está frente a nosotros, y las cosas que son obvias y claras para los que nos rodean son confusas para nosotros. Esto es muy peligroso".