Mi casa

Mi casa
© Héctor Garrido

miércoles, 23 de octubre de 2019

DIARIOSDE JOHN CHEEVER (2)

John Cheever (1912 - 1982) tuvo una vida atormentada e infernal hasta el último minuto. Es la conclusión inevitable cuando se leen sus diarios.  El diario original tiene 4300 páginas, en 28 volúmenes. Abarca desde fines de los años '40 hasta 1982. Su viuda y los tres hijos lo vendieron en 1990 a la Biblioteca Houghton, de Harvard.  Un año después vendieron los derechos a Random House, con un anticipo de un millón 200  mil dólares. La selección publicada es de unas 500 páginas. Su viuda declaró que no podía leer todo eso. Sólo leyó unas pocas páginas "...porque es él, no yo. Todo eso es él". Ella es tratada con especial dureza y odio visceral cada unas pocas páginas. La edición en español se beneficia por unas atinadas notas al pie y una cronología, escritas por Rodrigo Fresán. Son amplias y nos ubican muy bien en el contexto espacial y temporal del infeliz Cheever.
Lo mejor es que nunca tuvo piedad consigo mismo. Aquí está todo. Una noche de alcohol y sexo homosexual y al día siguiente arrepentido y pensando que debe ir a rezar y a pedir perdón en la iglesia. Ama a su esposa pero en cuanto ella le pone cara avinagrada, lo que sucedía continuamente,  quiere irse y dejarlo todo atrás. No se atreve. No tiene valor y sigue aguantando. Quiere ser millonario y famoso y sueña con los discursos que dirá cuando gane tal o más cual premio. Odia a Salinger, a Saul Bellow, a Mailer y a todos. Lee una novela de Mailer "para quemarla cuando termine", los envidia en secreto, pero en público hace como si nada. En la página 58: "No nací en una verdadera clase social, y desde muy pronto tomé la decisión de infiltrarme en la clase media como un espía para poder atacar desde una posición ventajosa, solo que a veces me parece que he olvidado mi misión y tomo mis disfraces demasiado en serio". Y se inventó una alcurnia que nunca tuvieron sus antepasados.  Y así con todo. Alcohol, tabaco, sexo homosexual, vida conyugal y familiar, todo. Quiero y no quiero.
Una vida marcada por la incertidumbre, la insatisfacción, la vanidad, la indecisión, la carencia total de seguridad y confianza en sí mismo.  A lo largo de su vida fue atendido por varios siquiatras. Se casó en 1940 con Mary y se soportaron hasta 1982 cuando el escritor falleció. En 1966 una siquiatra lo clasifica como  narcicista, neurótico, egocéntrico, sin amigos y que además, para justificarse se ha inventado una esposa maníaco-depresiva. Después en 1973, comenzó a tener eventos de delirium tremens debido a su alcoholismo incontrolado. Estuvo internado en hospitales varias veces por este motivo.
Cheever escribió este diario a lo largo de toda su vida, con la intención de publicarlo, pero nunca se decidió. Me gustan los diarios, memorias y autobiografías de escritores. Son aleccionadores.  Sólo que habitualmente hay que leer entre líneas porque nadie  entrega sus secretos más íntimos fácilmente, como hace aqui Mr. Cheever. Muy bien. Ahora comprendo mejor sus cuentos y novelas. Pobre hombre.

2 comentarios:

  1. Buenos días Juan Gutiérrez, una pregunta. ¿Por qué todos, o la mayoría de los escritores locos, alguna vez presentan esta personalidad? Debe ser porque hay un deseo latente y hermoso de vivir y sentir que no perteneces o caes en este momento de la vida. Es sentirse diferente.

    ResponderEliminar
  2. Lo que ya decía; se escribe por muchas razones. Gracias por el artículo, voy a leer esos diarios. A mí me ha ayudado a ratificar la idea de que se puede escribir para descubrir o explorar; para escapar de nuestro entorno. Usted ya lo venía diciendo desde artículos pasados; ahí tenemos el caso de Lezama Lima; el tipo prefería evadir su realidad y encerrarse a escribir sobre cosas muy ajenas a su contexto. Pero, ahora que lo pienso... creo que aunque en "apariencia" la escritura de un creador figure como muy lejana, en el fondo es mas íntima de lo que creemos. Supongo que debe ser así; de lo que se deduce como consecuencia que siempre interviene de alguna manera el entorno. Palabras mas, palabras menos... señor Gutiérrez, es un placer leer sus artículos y sus libros.

    ResponderEliminar