Mi casa

Mi casa
© Héctor Garrido

lunes, 15 de agosto de 2016

RACISMO EN CUBA

Durante toda mi vida tuve un romance eterno con Haydée, una mujer negra. Empezamos cuando ella tenía 18 años y yo 26. Al principio era sexo nada más. Pero con el tiempo fuimos avanzando poco a poco hacia el cariño y la sinceridad. Yo quería avanzar más pero ella no me dejaba. Me sentía muy bien y alguna vez  le propuse vivir juntos. Ella fue sincera: "No, Pedrito, yo me sentiría inferior en esa pareja". Nunca lo entendí. Ella es una mujer de carácter, con una formación como logopeda y es altamente eficiente y muy valorada en su profesión.  Sabe lo que quiere en la vida y ahora, después de cuarenta años -empezamos en 1976- somos buenos amigos y nos vemos de tanto en tanto, pero seguimos hablando con el mismo nivel de sinceridad y profundidad de siempre. Creo que esta prolongada y profunda relación ha sido para mí toda una lección de antropología cubana. El racismo siempre se ejerce en ambos sentidos. Y lo lógico es que el sector marginado se encripte, se encapsule dentro de sí mismo y se aísle. Es un mecanismo de defensa. Mantienen su propio lenguaje de signos, inventan siempre palabras nuevas, mantienen su propia religión de un modo muy doméstico, la policía es el enemigo, en fin usan, de un modo instintivo, muchas medidas de protección de identidad.  Lo cual incluye una ética y moral propias que no tiene nada que ver con la moral y la ética de los blancos de clase media. Esto último genera muchas incomprensiones  en ambos sentidos.
Además de Haydée he tenido muchas relaciones con mujeres negras y algunos amigos negros muy cercanos y además hace 30 años que vivo en Centro Habana, un barrio donde quizás el 90% de los habitantes son negros. No es un tema superficial en mi escritura. Me siento centrohabanero. Me gusta vivir en este barrio. Me siento muy bien. Por eso me llama la atención cada vez que oigo reclamos de algunas personas dentro de Cuba quienes aseguran que el racismo hace daño y deja a un lado a los negros porque se favorece a los blancos. Yo no lo creo. Tengo amigos negros que son médicos y profesionales de alto nivel  y salen adelante del mismo modo que salen adelante sus colegas blancos. Sin embargo, es cierto que la mayoría de la población carcelaria cubana está integrada por negros. Así que el asunto es complicado y no se puede pretender encontrar el fondo en esta breve nota. Sólo quiero apuntar que está muy bien que sigamos hablando y discutiendo sobre el racismo en Cuba. Pero no me parece que es un problema grave. Creo que es un proceso que fluye. Y que se va solucionando con cada generación porque pierde importancia. Cada vez nos mezclamos más, con toda naturalidad. Mi hija más pequeña tiene 15 años y es "jabá". Es decir tiene un color entre blanca y mulata. Y el pelo muy rizado y hermoso. Ella cada día tiene más conciencia de su belleza específica. Ya no quiere "estirarse" el pelo a golpe de keratina y peine caliente.   No ha sido fácil. He tenido que hablar mucho con ella para que poco a poco asuma su identidad de un modo natural. Así que creo que  es un proceso que fluye. El pueblo cubano se enfrenta ahora mismo a unos cuantos retos que sí son muy difíciles  de asumir. La entrada del capitalismo y la "modernidad" traen aparejados graves problemas en este país tan empobrecido. Pero esto es la vida: asumir retos y encontrar soluciones sobre la marcha. No hay otra forma de vivir. El que no asume los retos de la vida se queda sentado en el portal de su casa, cruzado de brazos, mirando a la pared. Y eso no lo quiere nadie.

lunes, 8 de agosto de 2016

ERNESTO SABATO

Cuando leo a Sabato siempre me adentro en la dimensión más trágica y brumosa del ser humano. Una mezcla de melancolía pesimista y alucinación vidente impregna cada una de sus palabras. Así que al final no me queda un regusto amargo (como siempre me sucede con Sebald y con Thomas Bernhard, por ejemplo) sino un temblor que me estremece de miedo y angustia pero también de coraje y fuerza para seguir adelante.
Ahora, en un rincón de mi biblioteca he encontrado Antes del fin (Seix Barral, Barcelona, 2002), un librito breve, de memorias, que escribió en 1998. Empieza así: "Me acabo de levantar, pronto serán las cinco de la madrugada, trato de no hacer ruido, voy a la cocina y me hago una taza de té, mientras intento recordar fragmentos de mis semisueños, esos semisueños que a estos ochenta y seis años, se me presentan intemporales, mezclados con recuerdos de la infancia".
Al parecer se despierta de madrugada día tras día y se pone a recordar y escribir estos fragmentos de su vida. Desordenados, sin cronología pero muy lúcidos.  Son fragmentos dispersos, momentos importantes de su intensa y extensa vida. Mi ejemplar está muy  subrayado. Lo he leído varias veces. Y  siempre marco algo más. En la página 63: "El escritor debe ser un testigo insobornable de su tiempo, con coraje para decir la verdad y levantarse contra todo oficialismo que, enceguecido por sus intereses, pierde de vista la sacralidad de la persona humana. Debe prepararse para lo que la etimología de la palabra testigo le advierte: el martirologio. Es arduo el camino que le espera: los poderosos lo calificarán de comunista por reclamar justicia para los desvalidos y los hambrientos; los comunistas lo tildarán de reaccionario por exigir libertad y respeto por la persona. En esta tremenda dualidad vivirá desgarrado y lastimado, pero deberá sostenerse con uñas y dientes. De no ser así, la historia de los tiempos venideros tendrá toda la razón de acusarlo por haber traicionado lo más preciado de la condición humana".
Sabato escribió sólo tres novelas: El tunel (1948); Sobre héroes y tumbas (1961) y Abaddón el exterminador (1974) y 21 libros de ensayo así como numerosas antologías y compilaciones. Mi preferida es Sobre héroes y tumbas y su libro de ensayos El escritor y sus fantasmas, que es de una lucidez extraordinaria. Recibió el Premio Cervantes en 1984 y fue propuesto varias veces para el Nobel. Un hombre castigado desde su infancia por las pesadillas, la melancolía y las depresiones. Así y todo fue muy activo como figura pública y es una suerte que lo podamos leer en nuestra lengua, donde hay cada vez menos pensadores profundos, sostenidos y válidos.
El último párrafo de Antes del fin retrata con exactitud su talante: "La mayor nobleza de los hombres es la de levantar su obra en medio de la devastación, sosteniéndola infatigablemente, a medio camino entre el desgarro y la belleza".

lunes, 25 de julio de 2016

UN MURAL PARA BUKOWSKI

Un  fan de Bukowski pintó este estupendo mural en una calle de Kingswell, Los Angeles, la ciudad natal y donde siempre vivió el maestro. Murió hace 22 años pero sigue vivo.

jueves, 21 de julio de 2016

CELO PROFESIONAL

Siempre me llama la atención el celo profesional de Bukowski respecto a Norman Mailer. En Shakespeare nunca lo hizo, Bukowski narra en escasas cien páginas su viaje a Europa (París y Alemania) en 1978, acompañado por su compañera Linda Lee y un fotógrafo,Michael Montfort. En la foto los vemos  paseando por el Rhin o algo así, muy divertidos botella en mano. En el libro menciona tres veces a Mailer. En una de esas ocasiones narra lo mal que se siente asediado por periodistas y fotógrafos en Hamburgo y escribe: "¿Creen que soy Norman Mailer? ¿No saben que en mi país los editores tiran apenas cinco mil copias de mis libros?". Y ya hacia el final escribe que a Mailer le pagaron un millón de dólares por su crónica sobre el viaje a la Luna, y "Yo aquí estoy escribiendo este libro sin adelanto y sin seguridad de que lo publicarán". 
Así que Bukowski envidia sin ambages, y de un modo muy ingenuo, a Mailer por las cifras exorbitantes que lograba. Y quizás Mailer  envidiaba a escondidas (era tremendo caimán, incapaz de decir en voz alta lo que no le convenía) a Bukowski y  seguramente a Truman Capote, por ser dos escritores perfectos, dos estilistas puros que jamás escribían una palabra de más. No se les escapaba ni una chapucería. En cambio Mr. Mailer era un chapucero de mucho cuidado. Su gran especialidad era escribir muchas páginas bien enredadas para no decir nada. Me asombro cada vez que releo unas cuantas páginas de Mailer. Es imposible enredarse más con las palabras y lograr que uno lea diez páginas sin enterarse de nada sustancial. Mailer no tenía ni una micra de talento pero en cambio era buen negociante.  Sin escrúpulos. Sabía venderse en los medios, formar escándalos, agredir a los otros escritores para mantenerse en el candelero y abrir mercado, 
Bukowski en cambio fue un escritor nato. Escribió como un salvaje pero no sabía venderse. Era un artista total. Y tuvo el privilegio de vivir en California en los años ´60 y ´70. ¿Tengo que recordar todo lo que pasó allí en esas décadas? Fue el momento perfecto para romper con todo, arrasar con todo, y partir de cero. Bukowski no tuvo amigos perdurables, ni mujeres perdurables, ni nada perdurable. Su vida fue un desastre y varias veces estuvo rondando las ideas del suicidio. Sólo Linda Lee fue capaz de permanecer a su lado por unos veinte años,  hasta que murió. Y eso porque lo cogió ya cansado y un poco lelo por los rastros de sangre que a veces salían en su alcohol arterial. Murió en 1994, con 73 años, de leucemia. Está considerado definitivamente como el último escritor maldito de la literatura norteamericana. Y como están las cosas en ese país con la corrección política y el miedo a todo, no creo que surja otro escritor maldito en los próximos 500 años. Están muy ocupados con el dinero y la tecnología para pensar en escribir poemas y cuentos sobre la gente de los bajos fondos. Además, los académicos no lo soportan porque es demasiado inclasificable y jamás fue a buscar trabajos en universidades o en sitios del sistema. Se mantuvo siempre bien alejado y solitario.  Cuando pregunto a algún profesor de literatura norteamericano lo descalifican: "Es un escritor para jóvenes" y sonríen burlones como quien dice: "No merece que se le recuerde". Es una pena que en su propio país quieran echarle mierda encima y hundirlo para siempre. Una pena.  

miércoles, 29 de junio de 2016

NERUDA-KAFKA-KUNDERA

Aquí estoy hace unos días frente a la casa natal de Jan Neruda (1834-1891) en "El barrio pequeño", de Praga, es decir Malá Strana. Esto es a unos centenares de metros del Castillo de Praga, un coloso que domina siempre el paisaje de la capital checa.
Desde muy joven leí los Cuentos de Malá Strana y me llamó la atención la agudeza de Neruda para captar los detalles más oscuros e incisivos de sus vecinos de aquel barrio.  Son relatos de un realismo perfecto y visceral porque si para algo sirve el realismo al escritor es para ser incisivo y profundizar a fondo en lo que cuenta. Después logré leer a Kafka (1883-1924) en un segundo intento. Ya había hecho un primer intento cuando apenas 13 años, o 14. Y me aterré con La metamorfosis. Al leer la primera línea solté el libro, asustado. Y sólo fui capaz de leerlo bien cuando ya tenía más de 30 años. Leí todo lo que tenía de Kafka y me convertí en su fan incondicional. Lo cual no es nada original. Le ha sucedido a muchísimos lectores, fascinados como yo por ese juego incesante del absurdo  existencial. Esos laberintos surrealistas que han generado la condición de "kafkiana" a cualquier situación absurda o inexplicable. Y después llegó Milán Kundera (1929-?) que en 1984 publicó La insoportable levedad del ser. Fue su quinta novela, pero se considera que es su obra maestra. Es decir, que si a la obra de estos tres escritores esenciales añadimos el cine de Milos Forman y la música de Dvorak, ya tenemos un curso básico de cultura checa. Yo he tenido mucha suerte porque en 1964 pude ver Pedrito de mala suerte y al año siguiente Los amores de una rubita, las dos primeras películas de Forman. Después, como sabemos, se fue de su país y continuó su carrera en otros países, sobre todo USA. Para cerrar el cursillo básico de cultura checa, la última noche en Praga fuimos mi compañera y yo al hermoso teatro que llaman "La Casa Municipal" y escuchamos la Novena Sinfonía de Dvorak, conocida como La Sinfonía del Nuevo Mundo, por la Orquesta Sinfónica  Bohemia de Praga. Unos días estupendos. Pero no todo es color  rosa en estos tiempos en Europa. Al contrario el Viejo Continente se estremece con los horribles atentados terroristas que siembran el pánico y originan centenares de muertes, la separación de Inglaterra de la UE, los miles y miles de emigrantes procedentes de Africa que llegan cada día a las costas europeas, y la crisis y el desempleo en buena parte de continente. Tiempos complejos. Muy complicados.  

martes, 28 de junio de 2016

SOBRE VENCEDORES Y VENCIDOS

Ahora tengo un gato en casa. Hace media hora cazó un ratón en un rincón de la terraza. Lo mató y se puso a jugar con el cadáver como si fuera una pelota. Supongo que no tiene hambre. Cazó sólo para entrenar su instinto. Me dio mala impresión su juego. Pensé que podría destripar al ratón y regar por el piso todas las vísceras y la sangre. Sería asqueroso. Se lo quité. Lo tiré en la basura y se puso furioso. Lógico. No quería soltar su trofeo. Quién sabe qué ideas retorcidas tenía. Bueno, en la TV pasan un documental de dos cubanos muy viejos que fueron soldados de USA en la Segunda Guerra Mundial y cuentan las atrocidades en las que  participaron de un modo u otro. Lo narran con detalle. Lo que sucedió en cada ciudad francesa desde que desembarcaron en Normandía hasta que llegaron a París. Cómo ametrallaban a los prisioneros porque no podían cargar con esa impedimenta y además no tenían comida ni agua para compartir. Hasta las decenas de niños y mujeres muertos. Los heridos que tenían que dejar atrás. Todo. Lo cuentan todo. Despacio. Con detalles. Se encogen de hombros y dicen "Es la guerra, es así". Y pienso: Suerte la mía no tener esos recuerdos sanguinarios en la mente. Suerte la mía que nunca he matado a nadie. Mientras fui soldado tuve un fusil Mauser de alta precisión, después una metralleta checa, después una AK. Y disparé muchísimas veces. Me gustaba. Me gusta. Tengo buena puntería. Pero nunca he matado a nadie. Al final los dos viejos dicen que la guerra es una mierda, pero no se arrepienten de nada.Y ahí se acaba. El gato ya se relajó y dormita. Creo que me voy a dormir. Está bien por hoy.

sábado, 18 de junio de 2016

VIVIAN MAIER

Nació bajo el signo de acuario el 1 de febrero 1926, en NYC. Sus padres, emigrantes judíos  en busca del American Dream. Ella francesa. Él austriaco. El padre los abandonó cuando Vivian era una niña. 
Dedicó toda su vida a la soledad y a cuidar niños por salarios mínimos. Tenía un hobby obsesivo: tomar fotos y películas en Super 8. Y creo que sufrió de una eterna neurosis de tristeza infinita. Volcaba todo su amor en los niños que cuidaba. Intentaba entender algo. Dejó algunas grabaciones en las que habla sobre la vida y la muerte y que todo es como una rueda que gira incesantemente y hay que dejar paso a los que vienen detrás.
Murió en Chicago el 21 de abril 2009, en la indigencia, hurgando en los cubos de basura, según la recuerdan los vecinos. Algunos niños que cuidó, le pagaban el alquiler de un pequeño piso. Tenía 83 años cuando resbaló en el hielo. Se partió algunos huesos y poco después falleció. Su historia puede parecer triste y extraña. Y sí lo es. Pero al mismo tiempo es una historia típica de cualquier gran ciudad. Las grandes ciudades generan  soledad y desamparo, como todos sabemos.
La segunda parte de esta historia comenzó en  2007 cuando John Maloof, un joven aficionado a la historia, compró un archivo de negativos fotográficos en un mercadillo de Chicago. Pagó apenas 380 dólares. Lo revisó y vio que no era lo que necesitaba para cierto libro que proyectaba sobre la historia de Chicago. Lo puso a un lado y lo abrió nuevamente en 2009.Tenía más de 120 mil negativos y una buena cantidad de películas en Super 8 y de grabaciones de sonido. Imprimió algunas fotos y las vendió en internet. Un crítico reconocido lo alertó y entonces el joven Maloof inició un trabajo más profesional de impresión, digitalización, selección y cuidado del archivo así como de indagación sobre la extraordinaria fotógrafa newyorkina. Además, lo que no podía faltar, ha sido llevado a tribunales por el condado de Cook, Illinois, que reclama los derechos de copyright al morir Maier sin herederos.
Mientras tanto, desde 2010 se han hecho exposiciones en muchas ciudades y se han publicado libros con fotos maravillosas tomadas por esta mujer. Siempre fotos en la calle. Todo tipo de personas, desde indigentes hasta gente de clase alta, niños, policías. Todos están aquí. La comedia humana.
Ahora la Fundación Canal de Isabel II, en Madrid, expone 120 fotos y 9 películas Super 8. Acabo de verlas. Por supuesto, recordé a los grandes fotógrafos americanos a los que admiro: Diane Arbus, Weegee, Helen Levitt, etc.
Vivian Maier: una novela de soledad. Una mujer silenciosa, impávida ante el mundo, que alguna vez dijo: "Soy una especie de espía".  Hay que ver sus fotos y  agradecer su capacidad para convertir su neurosis y desamparo en una infinita interrogación filosófica y visual.