Mi casa

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© Héctor Garrido

miércoles, 25 de septiembre de 2019

PAUL BOWLES

Acabo de leer uno de los libros más instructivos de Paul Bowles: Memorias de un nómada (Without Stopping), que publicó en 1972. El editor le añadió un Índice Onomástico con los nombres de más de 300 escritores y artistas importantes que aparecen en el libro y que Bowles conoció y trató, desde Gertrude Stein hasta Truman Capote,  Krishnamurti y Peggy Guggenheim. Con una infancia, en Nueva Inglaterra, USA,  marcada por un padre odiosamente severo y una madre anodina, Bowles con 16 años escapó a París. Rechazó tanto a sus padres que simplemente se alejó e hizo su vida  a su manera. Su "técnica" consistía en acercarse a artistas destacados que le pudieran enseñar algo más. De ese modo Aaron Copland, por ejemplo, fue fundamental para aprender a componer música. Vivió de 1910 a 1999, cuando murió en Tánger a los 89 años. 
Tuvo una relación muy libre con Jane Bowles (1917 -1973) quien era bisexual y murió en un sanatorio en Málaga a los 56 años debido en buena medida a sus excesos con el alcohol y a las secuelas de un derrame cerebral que sufrió en 1957. Ella escribió apenas una novela excelente, un puñado de relatos y una obra de teatro. Paul, en cambio, no paraba. Escribía, viajaba y componía música incesantemente y creo que de un modo  paranoico. Necesitaba escapar continuamente. No podía parar. Sospecho que escapaba de sí mismo.
Como sabemos, los escritores y artistas norteamericanos en la primera mitad del siglo XX se fugaban a Europa. Y también a Africa, Asia y América Latina, en busca de aire fresco. La sociedad norteamericana les parecía demasiado opresiva. Se entiende. Casi todos habían nacido en represivas familias WASP. Bowles lo expresa claramente en muchas ocasiones a lo largo del libro. Sólo iba a Estados Unidos cuando tenía algún trabajo específico. Y en cuanto terminaba y cobraba se largaba de nuevo en el primer barco que saliera de los muelles. Inventaba siempre nuevos destinos. Le daba igual llegar a La Habana que a Panamá o a París, o Tánger.
Estas Memorias, por supuesto ocultan cuidadosamente todo lo escabroso en la vida de Bowles, como su homosexualidad, por ejemplo. Queda mucho entre líneas. De todos modos, es un mito. Su vida y su obra son muy atractivos y han generado miles de artículos, reseñas, libros, documentales y recuerdos de todo tipo. Hacia el final del libro, escribe: "...desde que empecé este libro llevo meses seguidos en Tánger eligiendo, de entre el inmenso número de fragmentos de recuerdos desenterrados, los que pueden servir a mi propósito. Los utilizo para reconstruir pieza a pieza un esquema ordenado, procurando no forzar en él ninguna parte que no encaje." Y está muy bien, a pesar del lógico pudor que permea cada página. Está muy bien y se agradece. 

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