Mi casa

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© Héctor Garrido

miércoles, 8 de abril de 2015

¿VENDER EL ALMA AL DIABLO?


En estos meses Cuba se ha puesto de moda nuevamente. Desde que Obama y Raúl anunciaron hace cuatro meses que van a restablecer las relaciones diplomáticas. Una avalancha de periodistas cae por La Habana. Casi todas las semanas me llaman un par de periodistas. Quieren hacerme una entrevista. No sobre literatura, que sería lo lógico. Sino sobre temas de política. Nunca quiero hablar sobre política por dos razones básicas: ese no es mi mundo, y además en política lo interesante y decisivo es lo que sucede entre bambalinas y no en el gran escenario. Así que ¿para qué voy a hablar de política? Prefiero concentrarme en la literatura, que, para mi gusto, es más interesante, menos circunstancial y más universal. 
No obstante, a veces acepto algunas de esas entrevistas si las preguntas no son excesivamente agresivas y coyunturales. Una periodista italiana, por ejemplo, acaba de preguntarme: ¿Los cubanos venderán su alma al diablo en cuanto los americanos empiecen a entrar en la Isla?
Me llamó la atención esa forma de ver las cosas. Vender el alma al diablo. Una frase bonita, antigua. Recuerda los pactos con el diablo que hacen muchos personajes de la literatura. Para conservar la juventud  y la belleza sobre todo. Pero la periodista no se refiere a nada poético. Se refiere por el contrario a algo muy pragmático: si la economía norteamericana entra gradualmente en la isla, los cubanos poco a poco modernizaremos nuestra sociedad. Habrá acceso a internet, por ejemplo. Ahora ni soñarlo. Podremos sacar un boleto de avión, aunque sea en una compañía Low Cost, y viajar tranquilamente como hace cualquier persona hoy en el mundo mundial. Viajar y regresar a su país, sin traumas. Podremos ver cómo se descentraliza el poder político y económico. Podremos tener una sociedad más horizontal y menos piramidal. Podremos tener una prensa más variada, entretenida y diversa que la actual. Podremos montar una empresa mediana o pequeña sin traumas ni problemas. Y en fin, podremos vivir en una sociedad más moderna, con los riesgos y los problemas de la modernidad. Y perder los miedos y la ignorancia típica de los aldeanos que viven encerrados en su aldea mínima y no conocen nada más allá.
Así que estoy de acuerdo en que  habrá cambios. De hecho, ya hay cambios. Lentos y graduales. Sin prisas. El proceso social, político y económico en Cuba ha sido muy complejo en los últimos 50 y pico de años. Desde 1959 a la fecha. Cuando Raúl Castro asumió el poder, creo recordar que fue en 2009, en uno de sus primeros y brevísimos discursos dijo: "Este es un país lleno de prohibiciones, y nosotros las vamos a ir desmontando poco a poco". Me asombró esa frase. Me pareció muy valiente reconocer esa verdad, reconocerlo ante todo el pueblo, por televisión y radio, no en una pequeña reunión de dirigentes. Y además en un discurso de unos pocos minutos. Sin darle vueltas al asunto. De un modo directo y frontal. Y en otro discurso posterior dijo: "Tenemos mucho que hacer. Y poco tiempo para hacerlo".
Creo que ese es el espíritu en que se vive en Cuba ahora. Desmontando prohibiciones. Pero sin prisas. Ni a la velocidad de la liebre ni a la velocidad de la tortuga. A buen ritmo. Así que me parece que ningún cubano venderá su alma al diablo. Pero además, estoy convencido de que el diablo no existe, No hay diablo al que temer. Ya nadie le tiene miedo al coco. Los cubanos somos adultos y queremos tener la posibilidad de probar nuestras fuerzas. De probarnos a nosotros mismos. Con audacia pero también con responsabilidad. Queremos tener ese derecho. Y lo estamos haciendo. Hay mucho por hacer. Es un gran reto que apenas está comenzando. Estamos caminando hacia la modernidad como hacen todos los países del mundo. Ya era hora.

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