Mi casa

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© Héctor Garrido

viernes, 10 de abril de 2015

ERECCION MORTAL


Paseando por el campo me encuentro con un arbolito de campana. Y me remonto a los años '70. Yo trabajaba como periodista en la provincia de Pinar del Río. Durante una semana me alojé en el motel del Orquideario de Soroa, en una montaña hacia el centro de la provincia, situada al oeste de La Habana. Desde allí  salíamos por las mañanas para hacer algunos reportajes en los alrededores. Era un pequeño equipo: Un camarógrafo de TV, un chofer, un jeep, y yo. 
Una noche, a eso de las once, me tocaron a la puerta de mi cabaña. Era uno de los muchachos de la recepción. Me conocían. Yo me alojaba allí con frecuencia. Me pidió que les ayudara con otro huésped que necesitaba ir al médico con urgencia. Es decir al policlínico del pueblo de Candelaria, a unos 20 kilómetros loma abajo. En el parking del motel sólo había un carro: el jeep nuestro. Así que, lógico dije que sí y nos fuimos a buscar a la persona que necesitaba ayuda.
Era un joven de apenas 20 años que disfrutaba allí su luna de miel. Tenía una erección brutal. Le dolía mucho. Y estaba ya muy nervioso. La esposa -muy apenada- se escondió en el baño cuando nos vio llegar. Eran una pareja de campesinos. Más bien tímidos. Ayudamos al muchacho a subir al jeep y en media hora llegamos al policlínico. 
El médico de guardia no perdió tiempo. Sólo le preguntó, socarrón: "¿Desde cuándo tienes era erección de burro, mijito?" El muchacho, soportando apenas el dolor, le contestó: "Desde ayer". Respuesta del médico: "Uhhh, esperaste demasiado, a ver si tienes gangrena y hay que cortarte el rabo". De inmediato le sacó sangre con una jeringuilla, inyectando las venas que están en la parte inferior del pene. Que, por cierto, todo hay que decirlo, el muchacho  era un mulato superdotado con un pene de 25 centímetros. Dos enfermeras se acercaron a mirar. Más bien a admirar porque no tenían nada que hacer allí. En cuanto el médico extrajo dos jeringuillas de sangre, el músculo cedió y la erección descendió. 
Lo dejaron descansar media hora. Al cabo de ese tiempo el médico  revisó de nuevo y emitió su diagnóstico: "No hay gangrena. Estás a salvo. Pero te va a doler un par de días por lo menos, así que nada de sexo hasta que pase el dolor. Ahora dime, ¿Qué fue lo que tomaste? ¿Campana?"
"Sí, doctor, un cocimiento de campana. Es que...a lo mejor los nervios me traicionaban y..."
El doctor, sonriente, lo interrumpió: "Bueno, pues ya ves. Salvaste el rabo de milagro. No vuelvas a tomar campana. Ya se pueden ir".
La historia tuvo un final feliz, pero no siempre es así. La campana, cuyo nombre científico es Brugmansia tiene alcaloides muy potentes que originan reacciones diversas, desde euforia hasta alucinaciones. Hay quien seca la flor y la fuma como si fuera mariguana. En fin, cada loco con su tema.

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