Mi casa

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© Héctor Garrido

viernes, 22 de mayo de 2015

LA ÚLTIMA GUERRA

Hace ya 26 años publiqué un pequeño libro enciclopédico sobre el espacio cósmico: Vivir en el espacio. Salió en 1989 por la Editorial Científico Técnica, en La Habana. Hicieron 10 mil ejemplares y se agotaron en pocos días.Los lectores tenían avidez por el tema. Yo había ido a la URSS a investigar. Hasta donde me dejaban investigar en un asunto que es básicamente militar y supersecreto. Entrevisté a cosmonautas en la Ciudad Estelar, cerca de Moscú, a científicos en el Instituto de Investigaciones Cósmicas, también al cosmonauta cubano Arnaldo Tamayo. Empecé la investigación en 1984 y dediqué cinco años. Conseguí información de primera mano sobre todo lo realizado por USA, Francia, China, Japón, India. En fin, el libro es muy exhaustivo hasta ese momento.
Poco antes, en 1983, Ronald Reagan había lanzado la Iniciativa de Defensa Estratégica y el gran tema del momento era lo que los medios, de un modo frívolo, llamaron La Guerra de las galaxias, en alusión a la película, pero que en realidad consistía en diseñar, fabricar y poner en órbita mortíferas armas de ataque con el objetivo de en cuestión de minutos liquidar al enemigo. Hablamos básicamente de armas nucleares.
USA y la URSS eran los protagonistas principales. Cada uno desarrollaba su programa a un costo de miles de millones. Supuestamente todo se detuvo abruptamente en noviembre de 1989 cuando cayó el Muro de Berlín, y en 1991 cuando se disolvió la URSS. Si somos ingenuos podríamos pensar que hoy todo está tranquilo y que podemos dormir tranquilos. Pues no es así.
El astronauta  e ingeniero astronáutico español Pedro Duque (1963), que voló al espacio en 1998, en una entrevista recién concedida a El País Semanal habla extensamente de la evolución de este campo en los próximos años. Explotación de minerales en la Luna, viajes a otros planetas, desarrollo de combustibles más eficaces, búsqueda de vida inteligente. El periodista entonces le dice: "También hay satélites militares". Y Duque responde: "Y ya cargados con armas para destruir a cualquier otro satélite al que se le ordene desde el cuartel general de cualquiera de las potencias".
Y ahí lo deja. No amplía, como es lógico. Lo cierto es que alrededor del planeta podría haber más de mil 300 ojivas nucleares en órbita alta -más de 35 mil kilómetros-  listas para atacar. Básicamente de USA, y en menor medida de otros países como Francia, Japón, China y por supuesto, Rusia, con mucha testosterona, no quiere perder su lamentable puestecito protagónico al lado del yanqui. Al parecer llevan  34 años en esto, si se sabe que en 1981 un transbordador norteamericano colocó en órbita el primer artefacto militar de ataque.Y, por supuesto, ya desde mucho antes se utilizaban los satélites espías. Lógico, todos los implicados hacen lo posible por no llamar la atención y actuar con la mayor discreción posible. Pero hay que colocar el tema sobre las mesas de negociación y obligarlos a revelar todo públicamente. USA, Rusia, y los demás están obligados a actuar con responsabilidad y comenzar a negociar ya un acuerdo de reducción progresiva de estas armas espaciales hasta llegar a cero. Hay que obligarlos. No pueden seguir adelante con este suicidio en masa porque sería la última guerra.
Y para terminar una nota cómica: Vivir en el espacio lo presenté, o intenté presentarlo, en la feria del libro de La Habana 1989. Pero el salón estaba vacío. Ni una sola persona. Sólo mi editora, mi compañera, mis dos hijos, y yo. ¿Qué pasaba? Pues que  la sala de al lado estaba atiborrada con todo el público. Thor Heyerdhal en persona presentaba una edición cubana de su libro La expedición de la Kon Tiki. Yo era y sigo siendo fan total de ese tipo así que salimos todos y nos metimos en medio de aquella molotera. Logré comprar un ejemplar pero no me lo firmó porque se cansó de firmar, pidió disculpas y se fue, sonriendo a la noruega, que es una forma especial de sonreir.

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