Mi casa

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© Héctor Garrido

lunes, 15 de diciembre de 2014

ESCRIBIR A MANO

Hace poco murió Alistair MacLeod, uno de los pocos que quedamos en el mundo que escribimos a mano. Cada vez somos menos. Escribir a mano es toda una filosofía ante el hecho de escribir. Un texto escrito a mano, después pasado a máquina, y finalmente en computadora, funciona de un modo muy diferente que si desde el primer momento se escribe directo en el PC. Es así. Una realidad objetiva con un perfume poético.
Alistair MacLeod nació en Saskatchewan, Canadá, el 20 de julio 1936 y murió el 20 de abril 2014. Descendiente de escoceses emigrados a Canadá, vivió desde niño en la agreste zona de Cabo Bretón y se costeó sus estudios universitarios con trabajos rudos: minero, leñador, pescador, etc. En sus 77 años de vida escribió muy poco. Unos 20 relatos repartidos en tres libros y una novela que retuvo durante años, indeciso, hasta que el editor se la quitó de las manos y la publicó.
Era un tipo raro. Con la terquedad de los campesinos. Daba sus clases en una universidad y durante el verano se refugiaba para escribir en una cabaña perdida en los montes de Nueva Escocia. Así y todo los estudiosos lo ponen al mismo nivel de Alice Munro, Margaret Atwood y Michael Ondatjee, escritores canadienses de primera línea. Sólo que MacLeod se reservaba y era casi desconocido para el público.
Como sabemos la literatura funciona por zonas, por regiones. Cada cuerpo literario es un gran universo que se desarrolla lentamente y se enriquece con cada nueva generación de escritores. Y de ese modo se construye una memoria. Yo acabo de leer el librito de viajes de Samuel Johnson sobre las islas escocesas occidentales, escrito hace 240 años. Termino. Lo pongo en su sitio y entonces cae en mis manos Isla: todos los cuentos. (RBA, Barcelona, 2011), de Alistair MacLeod, que es un descendiente directo de aquellos campesinos aislados, tozudos, rudos y más bien pobres y mal alimentados de los que Johnson habla en su libro. Así que estos relatos excelentes de MacLeod mantienen los mismos temas y el mismo contexto. Una continuación del asunto. ¿Casualidad? ¿Telepatía? No sé. Da igual. Lo que me importa mucho es que MacLeod es de esos escritores en vías de extinción que escribían sin prisas, a mano, sintiendo el ritmo de las frases, el ritmo de las palabras. Y que sólo escribía de lo que conocía profundamente: la vida de él mismo, de su familia y de su gente.
Eso está bien. Así concibo la escritura. Me gusta escribir despacio, a mano, con largos periodos de silencio que sirven para decantar y sedimentar las experiencias. Ahora por ejemplo, lo comentaba en este blog en una nota anterior, estoy escribiendo poemas. Despacio. A mano. Los dejo por ahí unos días, los olvido, los reescribo una y otra vez hasta que al fin los paso a máquina. Tengo una vieja Underwood que, bien engrasada, funciona perfectamente. Sólo eso exige: unas gotas de aceite lubricante. Y así voy. Quizás en una vida anterior fui un monje japonés calígrafo y escritor de haikús.

2 comentarios:

  1. Is really nice to write by hand. I totally agree, but for someone to be issued typing. You, as a professional, you can ask the publisher, but we who are still in the beginning? Necessarily write the computer after all the asking typed. We simply transfer it to the computer but always copying something changes and the result is never the same. Right?

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