Mi casa

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© Héctor Garrido

viernes, 3 de octubre de 2014

LAS NOVELAS DE BRUEGHEL Y DE TWOMBLY


Si tuviera que elegir un solo pintor entre todos me quedaría con Pieter Brueghel El Viejo (1525-1569). La mayor colección de sus cuadros está en el Kunshistorishes  Museum, de Viena. Murió con 44 años así que no pudo pintar mucho. En ese museo hay 12 cuadros de gran formato. Estuve en esa ciudad un par de semanas en 1998 o en el 2000, por ahí. Trabajando con Marianne, una amiga fotógrafa supermoderna, veloz y aerodinámica. Al frente (o a un costado creo) está la enorme Casa de Cultura de Viena donde montaban en ese momento una retrospectiva de Andy Wharol. Ya el último día se me ocurre preguntar a Marianne, señalando al Museo:
-¿Y eso qué es?
-Eso es un almacén de pintores viejos y obsoletos. No tiene importancia.
No tomé en cuenta su desprecio y me fui al museo. Una colección fabulosa, y de golpe desemboqué en la sala de Brueghel El Viejo. Su Torre de Babel, La Caída de  Ícaro. Y todo lo demás. Sólo conocía El triunfo de la muerte (1562) que está en el Prado.
Unos años después fui por segunda vez, ya avisado. Me gusta detenerme ante esos cuadros a mirar cada detalle. Cuentan una historia. Hay tanta gente diferente y tanto paisaje y tanta profundidad visual que me parece adivinar lo que hablan, lo que se cuentan, lo que van a hacer después. Es inexplicable. Me sucede con otros pocos pintores. Cezanne y Hopper, por ejemplo. Detrás de cada escena de ellos hay una historia más larga. Algún relato curioso y original que esos personajes me susurran. 
Nunca sabemos cómo funciona ese mecanismo que echan a andar los artistas para cautivarnos y meternos en su mundo. Ellos tampoco lo saben. Y si son buenos se mueren sin saber nada.
En la foto que está arriba estoy junto a un cuadro de Cy Twombly (1928-2011),en el MOMA de NYC. Sólo son garabatos escritos con un simple lápiz encima de la superficie. Eso es todo. Cy Twombly borró todo lo que había pasado en el arte. Hacía sus garabatos infantiles y tenía la desfachatez de salir a escena y decirnos, con una sonrisa porque era un tipo plácido: "Esto es un resumen de todo lo que hay dentro de mí. Si les gusta bien y si no me da igual". Es decir, el anti-Brueghel, el anti-Cezanne, el anti-Hopper, el anti-Todo. Pero me emociona su ingenuidad, su audacia minimalista, su descaro y su locura porque hay que estar medio loco para atreverse a tanto. Para ser tan juguetón y no tomarse en serio. Para ir por la vida sin equipaje. Creo que es lo adecuado para esta época donde nos hemos inventado tantas cosas que todos vamos cargados siempre con exceso de equipaje. Por dentro. No se ve. Pero nos pesa en el alma.

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