Mi casa

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© Héctor Garrido

domingo, 28 de agosto de 2016

THOR HEYERDAHL


Estas fotos las he tomado del número de enero 1941 de la revista National Geographic. Tengo una buena colección de la revista.  Disfruto mucho leyendo esos viejos reportajes, escritos casi siempre en un tono romántico,  poético y polifacético. Es decir, que los autores generalmente hacen enfoques sociales, étnicos, religiosos, biológicos, arqueológicos, económicos, todo al mismo tiempo. El mundo aún no se había especializado tanto. Creo que era mucho más interesante y lógico. Y sobre todo, más enriquecedor, un enfoque humanista. Este es un largo texto de más de 40 páginas del noruego Thor Heyerdahl cuando aún era un jovencito, un  perfecto desconocido, sin grandes y espectaculares proyectos. El artículo titulado Turning Back Time in the South Seas narra con detalle los muchos meses que vivió en una isla del Pacífico. En estas fotos aparece arriba él solo y abajo acompañado por su esposa Liv Rockefeller.
En 1940 Heyerdahl tenía 25 años y era novio de Liv. El artículo comienza así: "We wanted to go back to nature".Quieren alejarse del frío invierno de Oslo. Buscan un lugar adecuado en el Pacífico. Pero cuando investigan descubren que hay demasiada gente en cada isla. Grandes extensiones de coco y banano, negocios por todas partes. "We needed a depopulated piece of island, fertile and rich in fruit and other forms of food". Al fin se deciden por FATU-HIVA, en las Marquesas. "And so we were married and set out on our honeymoon".
Allí vivieron casi un año sin radio, sin dinero, sin hombres blancos. Sólo con los nativos. Se alimentaban con lo que conseguían, igual que los indígenas. Allí Thor comenzó a estudiar y a comprender que muchos vegetales y animales habían llegado a esas islas antes que el hombre. Flotando sobre las aguas del océano. Estudió algunos patrones culturales (pequeñas esculturas, costumbres religiosas, etc) practicados por los antecesores de aquellos indígenas. Curiosos peces grabados en piedras, por ejemplo. Investigó el canibalismo: Tei, uno de sus amigos indígenas "...con gran respeto, nos dijo que su padre, Uta, prefirió siempre la dulce carne humana por sobre todas las cosas". 
En ese año en FATU-HIVA  comenzó todo. Después vendría la expedición de la KON TIKI en 1947, fueron 8 mil kilómetros en 101 días de Perú a la isla Raroia en el archipiélago de las Tuamotu. Para demostrar que los habitantes de la Polinesia pudieron llegar de América del Sur. Fue su gran tema: las rutas migratorias de los seres humanos. Organizó las expediciones de los botes RA y RA II para encontrar conexiones entre Egipto y América. Y el TIGRIS, para las migraciones entre la cultura del Valle del Indo y el Mediterráneo. Era considerado "un aventurero romántico" y tuvo cientos de enemigos y detractores. Le reprochaban sobre todo  que no tuviera una especialización exacta y que mezclara muchas ciencias y tomara un poco de cada una a la hora de exponer sus teorías y conclusiones. Él siempre sonreía y seguía adelante con obstinación. Si eres un rompedor no tienes otro modo de hacer las cosas. Ignorar a los enemigos. Sonreir y seguir adelante. Convencido de que tienes razón.
En 1989 estuvo, casi de incógnito, en Cuba. Lo habían invitado para estudiar unos pequeños dólmenes que habían encontrado en la zona de Cienfuegos, al centro de la isla. Los arqueólogos locales creían que podían ser  testimonios de las visitas de expediciones vikingas a América, antes de Colón. Él dedicó un par de días a estudiar aquellos restos y determinó que fueron construidos por hombres, pero no por vikingos.
Unos días después lo invitaron a presentar  una edición más de su libro La expedición de la Kon Tiki, del que se han vendidos millones de ejemplares en muchos idiomas. Lo presentó en la Feria del Libro de La Habana 1989. Y, por supuesto, acaparó a todo el público. Cuando digo  "todo el público" es literal, no es una metáfora. En el salón de al lado estaba yo, humildemente, presentando mi libro Vivir en el espacio, del que la Editorial Científico Técnica había impreso 10 mil ejemplares y se agotaron en una semana. Todo un éxito, pero en la presentación en aquella feria no había nadie. Sólo mi mujer, mis dos hijos pequeños y Nélida,   la editora. Me lo tomé con buen humor. Así que les dije: "Vamos a ver a Heyerdahl y quizás hasta nos firma un libro". Lo vimos, lo aplaudimos (yo, personalmente, lo admiro mucho) pero se cansó de firmar libros y se fue, con una hermosa sonrisa noruega y disculpándose en noruego. Pero me quedé feliz porque al menos lo vi a pocos metros de distancia.
Al final de su vida se fue a Tenerife, en Islas Canarias, donde estudió las Pirámides de Güimar. Trató de demostrar que los guanches llegaron a Tenerife navegando desde Africa, guiados por el volcán Teide. Creía que las pirámides fueron construidas para ceremonias sociales y religiosas. Pero no tuvo tiempo de investigar con el detalle y la minuciosidad que lo caracterizó. Murió con 87 años en 2002, de un tumor cerebral. Hizo todo lo que pudo por demostrar que los océanos no aislaron a las distintas culturas en los últimos 5 mil años, sino que, por el contrario,  ayudaron a la difusión de la civilización.

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