Mi casa

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© Héctor Garrido

martes, 17 de noviembre de 2015

VIRGILIO PIÑERA, PERIODISTA

Virgilio Piñera fue uno de los escritores más cáusticos y corrosivos que han nacido en esta isla. Agudo y venenoso como pocos. Durante algunos años ejerció como periodista, entre 1959 y 1961, en el periódico Revolución y en el suplemento cultural Lunes de Revolución. 
Ediciones Unión, en La Habana, publicó hace unos meses una compilación de todos sus escritos periodísticos de esa época. Un libro muy bien editado, con abundantes notas a pie de página y con un prólogo muy esclarecedor. Es una compilación excelente hecha por dos jóvenes: Dainerys Machado y Ernesto Fundora. Muy oportuno además este libro porque aparece en un momento en que se extingue la especie de los suplementos culturales en papel y también hace años se extinguieron los escritores rebeldes y cáusticos, sustituidos por los sonrientes y agradecidos. 
Creo que es un libro muy útil para quien quiera aproximarse a los vertiginosos y radicales años 60. Aunque es difícil conseguilo. La edición de 3 mil ejemplares se agotó en pocos días. En sus 364 páginas lo mismo encontramos un reportaje sobre la industria del guano de murciélago en Camagüey que una nota preciosa sobre los poetas cubanos del siglo XIX o un atinado comentario sobre la horrible novela Amistad funesta, de José Martí. Además de arengas para que los escritores escriban sobre los tiempos revolucionarios y se olviden del pasado burgués, y que además se incorporen a las milicias. También hay encendidas e incendiarias notas contra el Diario de La Marina y contra esto y aquello y a favor de lo otro y lo de más allá. Posicionamientos en blanco y negro abundan. Eran tiempos en que se exigía a todo el mundo una definición. "No se puede estar en la cerca. Estar en la cerca es estar con el enemigo". Esa frase se repetía cada día hasta el cansancio.
Ahora tenemos el privilegio de leer todo esto 55  años después y nos sonreímos. A mi modo de ver el principal valor que se desprende de su lectura es apreciar la indigencia total en que vivían los escritores cubanos de entonces. No había editoriales. El que se decidía costeaba su propia edición en alguna imprenta. Para tirar 200 ejemplares. 400 ya era un derroche. Y -lógico- con ese panorama los lectores escaseaban. A partir de 1960 se creó la Imprenta Nacional y la situación cambió. También se inició una efectiva y masiva campaña para elevar la educación del pueblo. Entonces otros fueron los problemas. Problemas siempre hay. Diferentes. Para ponernos a prueba. Fue un proceso convulso y complejo que finalmente desembocó en el llamado Decenio negro, de los años 70. En internet se encuentra mucha información, casi toda escrita por los protagonistas, aunque ya sería hora de organizar todo eso minuciosamente en un libro. Creo que no existe aún.
El último número de Lunes de Revolución salió el 6 de noviembre de 1961. El pretexto fue "que no había papel", jejejejeje, he escuchado eso decenas de veces. En 1965 se fundó el Partido Comunista de Cuba y se "fusionaron" los últimos periódicos que quedaban. Desde entonces sólo Granma y Juventud Rebelde.Ya no había espacio para cronistas corrosivos como Virgilio Piñera. No. Era tiempo de héroes, no de gente protestona.
El primer texto que yo publiqué fue precisamente en el periódico Granma, en 1969, sobre los jóvenes del servicio militar que cortábamos caña en Camagüey para la zafra azucarera. Una crónica muy heroica, por supuesto y creo que se titulaba En Mamanantuabo. Que parece una mala palabra pero era el nombre del lugar donde teníamos el campamento, cerca de Morón. Después, en 1973, empecé a trabajar como periodista en una emisora de radio provincial. Había allí un periodista ya viejo, cínico y socarrón, como se ponen todos los periodistas viejos en el mundo entero. Medio en broma me repetía una frase cada vez que podía: "Aplaude que a ti te pagan para que aplaudas". Aquello me sonaba a diversionismo ideológico profundo así que me hacía el bobo y lo ignoraba para no buscarme problemas. Yo era muy joven y soy un poco lento de entendederas. Me llevo más de 20 años entender a fondo aquella frase, que era como un koán del Zen. Al fin la entendí. Entonces empecé a publicar mis libros. Y me alejé del periodismo.

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