Mi casa

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© Héctor Garrido

lunes, 1 de junio de 2015

MI VIDA VERTIGINOSA


Estas  fotos las tomé hace muy poco en la vega de tabaco de mi tío en San Luís, Pinar del Río, Cuba. Ellas están, con hilo y aguja, ensartando hojas de tabaco para tenderlas a secar dentro de la casa de tabaco o de curado. Aquí sucede lo mismo que en todos los campos del mundo: el ritmo del cultivo imprime su ciclo anual repetitivo a la vida.
En septiembre siembran las semillas en canteros. 45 días. Fines de octubre empiezan a sembrar las posturas en los campos, previamente roturados. A continuación regadío, fertilización y cuidados extremos. Es un cultivo muy sensible a cambios de temperatura y de humedad. Cualquier anomalía y se pierde la cosecha completa en pocos días. A principios de enero comienzan a colectarse las hojas, de manera escalonada. Se cosechan y se cuelgan a secar. Hacia mayo-junio, con las lluvias esas hojas se ablandan lo suficiente con la alta humedad ambiental y se zafan de los cujes. Entonces se ponen en grandes pilones a curar. Hay un proceso químico natural que las hace fermentar y acentúa su olor y sabor. En julio se empacan, usando yaguas, es decir, grandes hojas de palma real. Vienen los compradores de las fábricas de tabacos (puros) y cigarrillos y compran todo el tabaco. El campesino ahora tiene un poco de dinero. Descansa agosto, es un decir, en realidad nunca descansa, ni los domingos. No se toma vacaciones jamás porque hay animales y otros cultivos de ciclo corto (maíz, frijoles, etc.) que cuida para consumo de la casa y para buscar un dinero extra. Y ya es septiembre, empieza de nuevo el ciclo del tabaco. Hay que conseguir un crédito con el banco y una buena semilla certificada. A sembrar en los canteros. Y todo se repite. 
Ha sido así desde siempre. La vega antes fue de mis bisabuelos asturianos (Los Fernández-Lugo Zubizarreta) que emigraron desde Pravia. Después de mis abuelos. Ahora del tío. Y ya mi primo es el que se ocupa de todo. Es una vida lenta, tranquila, silenciosa. Cuando yo era niño pasaba aquí largas temporadas, sobre todo en las vacaciones de tres meses del verano. A las 12 del día mi tío encendía el radio y escuchaba un episodio de Taguarí, el rey blanco del Amazonas. Después almorzaba, descansaba un poco y a eso de las 4 de la tarde continuaba la faena. Mi abuela a las 3 de la tarde escuchaba una radionovela con mucho drama y lágrimas y tragedia. Eso era todo. La radio era de pilas. Usaba una batería grande, cuadrada, marca Eveready. Y había que ahorrar. Y ya el resto del día no había más contacto con el mundo exterior. Todo se desarrollaba dentro de la vega de tabaco y con los pocos vecinos de las vegas colindantes. Mi abuela no sabía leer ni escribir -ninguno de mis abuelos sabía- . Mi tío asistió un poco a la escuela. Pero más bien lo elemental para sacar cuentas y leer un poco. Después, en algún momento de los años 1960 mi tío se las arregló y pusieron electricidad. En poco tiempo las cosas cambiaron para mejor: plancha eléctrica y no de carbón, bombillos y lámparas eléctricas en vez de quinqués de keroseno, ventilador, radio eléctrica, refrigerador, y después un televisor. Y ya. No tienen teléfono ni lo tendrán en muchos años, ni internet, ni un carro, ni un tractor. Siguen sembrando tabaco y roturando la tierra con una yunta de bueyes. Y viven sin prisas. Slow Life. Los visito cada vez que puedo. Es un gran constraste con mi vida, vertiginosa y caótica. A ratos desesperada y un poco ansiosa, según me diagnostica un médico chino que una vez por semana me clava agujitas para sedarme un poco. Está bien. Me gusta mucho mi vida vertiginosa. No idealizo esta otra vida en el campo pero en el fondo de mi corazón a veces los envidio. A veces. Sólo a veces.

3 comentarios:

  1. Bueno Pedro, ya me leí tu blog. Todo el blog. Desde el primer dia hasta el mes que corre. Tengo apuntado no se cuantos escritores que nombras. Y el libro Morgue, que voy a buscar. Te seguiré leyendo, claro.

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  2. Tu blog me dio el impulso de empezar el mío. Tenía que abrir un agujero por alguna parte. Gracias, entiendo. Nada más. Cuídate PJ.

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