Mi casa

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© Héctor Garrido

lunes, 12 de enero de 2015

GLOBALIZACIÓN

¿Perderá Cuba su identidad nacional en los próximos años? La pregunta parece tonta o ingénua pero me la han formulado periodistas de cinco o seis países en los últimos días, a partir de los acuerdos Obama-Raúl para restablecer relaciones diplomáticas. Normalmente no hago comentarios sobre política en los medios. Por una razón básica: lo decisivo en política es lo que se mantiene oculto tras el escenario. Lo que nunca conoceremos los mortales simples y comunes que andamos a pie por la calle. Así que prefiero mantenerme alejado de esa vorágine caótica e impredecible y concentrar mis neuronas en la literatura.  No obstante, hay temas que van mucho más allá de la circunstancial política nuestra de cada día y entran en el terreno de la filosofía de la política. Por ejemplo, la globalización. El soplo de un dólar que aletee en Wall Street puede remover 200 toneladas de lingotes de oro en Luxemburgo.Ya eso es filosofía pura. ¿O no?
Hace unos días un enviado de la CNN me hizo una larga entrevista. Por cierto, un poco extravagante. El camarógrafo me pidió grabarla al atardecer en el techo de mi casa en Centro Habana, desde donde se domina toda la ciudad (se ve algo en la foto que he puesto en la cabeza de este blog). Y una vez más surgió la pregunta provocativa y supuestamente espinosa: ¿Entrarán aquí los MacDonalds, KFK, Starsbuck, Walt Disney y etc. y se perderá esta gracia natural de los cubanos, que son tan alegres?
Me sonreí. Sí, los cubanos seguimos funcionando como un pulmón de oxígeno, felizmente. Mi respuesta no fue ingeniosa, sino objetiva y realista: Vivimos en un mundo globalizado. No podemos hacer como el avestruz y esconder la cabeza en un hoyo en el suelo, pensando que ya estamos a salvo. Las finanzas mundiales están globalizadas. De ahí depende todo lo demás. Sabemos sobradamente que los grandes inversores del mundo pueden poner o retirar dinero en cualquier país en pocos minutos. Pero sucede algo, los financieros se ponen nerviosos y retiran miles de millones en minutos y el país en cuestión cae en quiebra. Todo en segundos. Es increíble pero cierto. Somos frágiles y vulnerables como nunca antes. Cuesta trabajo encontrar dinero y lograr que se invierta en algo concreto y útil, pero después se puede evaporar en minutos y dejarnos peor que antes. Eso es, a mi modo de ver, lo peor del tema globalización.
Los que de verdad tienen el dinero ejercen una dictadura brutal y sanguinaria. Léase FMI y los grandes superbancos. Los gobiernos cada vez tienen menos espacio de soberanía nacional. Y después está el aspecto digamos cultural o sociológico: las grandes transnacionales entran a saco. Enormes tiendas de alimentos,de muebles, ropa, zapatos, medicina, electrónica. Todo en grandes superficies. Atraen a las masas y hunden a los medianos y pequeños comerciantes del país. Es una realidad objetiva. Hay millones que pasan a comprar libros y discos en FNAC, a comer hamburguesas y horribles batidos engordadores en MacDonalds, café americano en Starsbuck, muebles en IKEA, y se meten de lleno en la industria estandarizada del entretenimiento americano: música, películas, seriales, y hasta porno y noticias standard. Todo esto en detrimento de nunca llegar a una cultura verdadera y anti-standard. Así que creo que el asunto es grave y urgente, y estamos obligados a hablar sin dorar la píldora.
Pero toda causa genera un efecto. Al mismo tiempo que este proceso de seducción subliminal se produce por estas gigantescas y engatusadoras compañías, también hay millones que reaccionamos con criterio propio. Son personas con capacidad de análisis que individualmente dicen NO a la comida rápida e industrial que nos satura de colesterol y nos pone obesos como cerdos. Dicen NO en todo lo posible a las grandes superficies. Pero dicen NO hasta cierto punto. Porque quieras o no vives en este mundo globalizado. Casi estoy tentado a escribir: vives atrapado en este mundo, no puedes escapar a otro planeta porque no vivimos en un comic de Flash Gordon.
Por supuesto, este tema  no se puede agotar en el breve espacio de estas líneas, globalizadas y blogueras que, dentro de un minuto, cuando yo apriete un botón, leerán en Alaska y en Tierra del Fuego al mismo tiempo. Pero quiero recordar que en todo esto no hay inocencia alguna. Ni casualidad. El Club Bilderberg existe, se reúne y funciona con máxima eficiencia. No es un cuento. Así que los que nos oponemos a esa maquinaria de control desmesurado tenemos que al menos hablar en voz alta y hacer que muchos se enteren de la manipulación a la que estamos sometidos. Sin información no podemos reaccionar.
Y finalmente quiero bocetar una idea más filosófica y que me parece esencial dejar aquí. Me refiero al espíritu de la época. Que ante todo es un espíritu mercantil. Ese espíritu marca a cada individuo -yo incluido, por supuesto- que se cree libre cuando en realidad está atrapado por las ideas obsesivas de competir y consumir. Por tanto somos hiperactivos y neuróticos. Todo nos parece poco. Todos queremos más. Y más. Esa es la trampa esencial de nuestros tiempos. Somos ansiosos, desesperados, y vivimos pensando que se nos agota el tiempo. Cada día. No me alcanza el tiempo. Es un drama terrible que tenemos encima y nos come por dentro. Lo siento pero no encuentro un final optimista para esta nota. Disculpen. No hay happy end.

5 comentarios:

  1. Estas en lo cierto Pedro... que pesadez sobre nosotros tiene este tema. y... me desprendi parrafo abajo esperando un fin alentador pero jajaja.. Maldicion...

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  2. Estas en lo cierto Pedro... que pesadez sobre nosotros tiene este tema. y... me desprendi parrafo abajo esperando un fin alentador pero jajaja.. Maldicion...

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  3. concuerdo en todo, claro está: es la verdad objetiva. Pero el final siempre es feliz: la Conciencia expandiéndose superando las crisis que ella misma impone.

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  4. La globalización es ineludible con sus ventajas y desventajas. El problema está en tener opciones. Si estás en el DF y quieres comerte un taco al pastor, pues bien; pero si prefieres un Big Mac en McDonald’s disfrútalo si es tu gusto. Ahora, si eres vegetariano, entonces vas a una cafetería orgánica, pagas un poco más, pero comes saludable y no comida “chatarra”. En Miami tienes todas las opciones de comidas de acuerdo a tu bolsillo y gusto. Al igual que en New York o en los pueblos más pequeños por todos los Estados Unidos. En Cuba va a ser igual. Seguiremos disfrutando la comida criolla con mejores ingredientes y variedades, e iremos incorporando la comida rápida de acuerdo a nuestra cultura culinaria. No hay porque temer al monstruo de la globalización, sino saber nuestras opciones y elegir en base a ellas.

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  5. La globalización es ineludible con sus ventajas y desventajas. El problema está en tener opciones. Si estás en el DF y quieres comerte un taco al pastor, pues bien; pero si prefieres un Big Mac en McDonald’s disfrútalo si es tu gusto. Ahora, si eres vegetariano, entonces vas a una cafetería orgánica, pagas un poco más, pero comes saludable y no comida “chatarra”. En Miami tienes todas las opciones de comidas de acuerdo a tu bolsillo y gusto. Al igual que en New York o en los pueblos más pequeños por todos los Estados Unidos. En Cuba va a ser igual. Seguiremos disfrutando la comida criolla con mejores ingredientes y variedades, e iremos incorporando la comida rápida de acuerdo a nuestra cultura culinaria. No hay porque temer al monstruo de la globalización, sino saber nuestras opciones y elegir en base a ellas.

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